(Artículo publicado el 26 de Julio)
Un buen número de informes y estudios tanto de empresas privadas y sus representantes patronales o empresariales, así como de universidades y centros de formación en sus campañas de reclutamiento y/o selección de profesionales o estudiantes, a la búsqueda de mejores opciones para sus promociones a futuro, destacan con fuerza una importante distancia entre el “talento” demandable hoy, y sobre todo para el esperable en el horizonte de los próximos 10 o 20 años. Principalmente, se pone el acento en “el otro”. Es decir, expresan un desacople o déficit en la formación de las personas requeridas en sus etapas de aprendizaje y capacitación previas a acceder al mundo del trabajo en la “empresa de acogida”. Por lo general, parecería que la educación reglada ofrecida no responde a la realidad exigible, ni a la velocidad diferencial que el mundo competidor demanda. Todo parecería indicar que el talento necesario ha de llegar totalmente creado y personalizado desde la educación formal previa.
Hace unos días, repasando algunas publicaciones de Agencias Públicas, empresas de innovación y estudios de opinión con miles de directivos encuestados, observaba algo que siempre ha formado parte del pensamiento y mensaje generalizado pero que no siempre ha sido traducido en la práctica, ni responde al valor esencial que se dice conlleva la pertenencia y éxito: la importancia diferencial del mayor activo, sus personas. embebidas en sus equipos dentro de las organizaciones su cultura, propósito y valores, el trabajo y el esfuerzo disciplinado y sostenido que marcan la diferencia en todo tipo de empresas y entidades (empresariales-económicas, políticas, sociales…). Hoy, acuciados por un futuro distante de la realidad en curso, tendemos a reclamar soluciones inmediatas a un marco de prioridades, preocupados y ocupados por estos elementos ausentes en “la materia prima” determinante de cualquier proyecto de futuro, esperando recibir respuestas a todo tipo de necesidades, las más de las veces no debidamente definidas por quienes las reclamamos.
Así, no es de extrañar que una de las palabras clave que más nos ocupe sea el “reskilling”, (recapacitación o recualificación) que sería la fuente más adecuada para cubrir el gap entre las capacidades existentes y las futuribles que habrá de exigir un mundo, aún muy desconocido, inmerso en un más que acelerado cambio, dentro una inmensa incertidumbre. ¿Cómo prepararnos para un futuro que parecería anunciarse con profundas diferencias respecto de nuestro presente? ¿Quién es el agente responsable de dicha recualificación? ¿Son los programas, centros de formación actuales, las empresas y organizaciones que los han de contratar, acoger, liderar, formar y orientar hacia dicho futuro particular y único que se pretende? ¿Son en exclusiva los gobiernos los responsables de diseñar sistemas educativos alineados con las estrategias país que pretenden para sus poblaciones? ¿Todos a la vez? ¿Los propios trabajadores o colaboradores implicados rediseñando su autoaprendizaje y planes personales de carrera y desarrollo profesional y de vida?
A lo largo de mi carrera profesional, he tenido la oportunidad de colaborar tanto desde el ámbito asesor y de alta dirección, como académico o institucional, en el siempre ilusionante, a la vez que imprescindible, además de ambicioso, campo del trinomio convergente formación-trabajo-empleo, aprendiendo y experimentando múltiples fórmulas, programas y proyectos focalizados, esencialmente, en la preparación de liderazgo de futuro y capacidades-conocimiento-talento demandable por la sociedad, desde sus variadas organizaciones y agentes actores de sus estrategias. Sin duda, cada día más se refuerza el ambicioso objetivo de formar a los profesionales en su puesto de trabajo, incorporando conocimiento académico adicional al preexistente, su “recualificación permanente”, aportando un incentivo motivador y fidelidad en su despliegue y carrera profesional, accediendo, mejorando, a la vez, la calidad y capacidad de respuesta en la demanda de servicios tanto de los clientes y mercados, como de la propia empresa y Comunidades a las que se sirve,. Hoy, se pone el foco en el “reskilling”, valor adaptativo al cambiante mundo al que han de enfrentarse, tanto para un empleo o conocimiento y necesidades hoy conocidas, como para aquellas desconocidas que, sin duda, habrán de darse mañana, estén donde estén. Hoy estos programas pretenden interiorizarse en sus prácticas ordinarias de negocio y clave de sus políticas tanto de capital humano, como social, comunitario y personal, transcendiendo de la empresa, desafiando al futuro y sus retos, con fuerza, anticipando capacidades de respuesta por llegar.
Sin duda, este tipo de iniciativas, de una u otra forma, se van extendiendo y generalizando a lo largo del mundo. Las organizaciones (en especial las empresas en todo tipo de industrias) son conscientes que el sistema educativo ordinario, por excelente que sea, no es ni el final formativo, ni excluye la imprescindible educación, formación ad hoc, que toda industria, empresa, organización, ha de impartir y ofrecer a sus trabajadores, en todos los niveles y estructuras, en el seno de estas. Acompañar el tránsito del sistema general a las demandas específicas y diferenciales de cada organización, conocer y participar de los valores y propósito diferencial, modelo de negocio, compromiso social, entender el contexto (también geográfico, cultural, social, político y económico) en que se desarrolla “no viene de fábrica”, ni tampoco, será permanente.
Hace un par de semanas, entre otras muchas publicaciones al respecto, leía “Europe´s skilling dividend: Turning talent into growth” (“La capacitación/cualificación del dividendo europeo: convirtiendo el talento en crecimiento”) (Mckinsey) con referencia especial a la enorme oportunidad (más que problema o temor) que para Europa supone esa fuente rica y diferencial que es su talente acumulado, enriquecido por su larga trayectoria formativa, sus valores diferenciales y la calidad de sus industrias y profesionales que le hacen acreedora a un espacio irrenunciable en el coprotagonismo mundial de futuro, ante los bloques chino-asiático, estadounidense o emergente, que parecería convertir al espacio europeo en un convidado de piedra o recuerdo del pasado. Sus apuestas distan de ser un canto optimista-voluntarista, sino un clamor por el esfuerzo y compromiso con la exploración y acción del camino a la potenciación de las capacidades existentes. Es el marco base de un “Reskilling” total, permanente, para todos.
Si bien no podemos desconocer el impacto real de las Megatendencias que las transformaciones (previstas o no) habrán de implicar en el mercado laboral (aún por determinar lo que será el espacio futuro del trinomio: trabajo-formación-empleabilidad), si somos conscientes del continuo aprendizaje a lo largo de toda la vida, del largo y cambiante recorrido profesional que nos espera a todos, transitando un mínimo de 40 años de trabajo tras una formación (teórica, académica o práctica) con la que iniciamos esta carrera. Recualificación inacabable que iremos recorriendo en nuestro largo viaje profesional y de vida.
Es así como, unos y otros, nos planteamos la manera de construir nuestras ventajas competitivas (propias, diferenciales, únicas) que no solo exploten el dividendo del talento real de nuestro capital humano y social, sino que transcienda en su esencial rol generador de bienestar y prosperidad para la comunidad.
Hoy, vivimos un mundo pletórico de iniciativas y estrategias (esencialmente colaborativas), configuradoras de múltiples alianzas entre todo tipo de agentes implicados (el mapa de actores de “una nueva educación en todos los niveles”, infinidad de programas tanto internos, como compartibles y, de la convivencia creciente de los profesionales de todo tipo y nivel que se sienten interpelados y contribuyentes de participación variada y distinta ante desafíos cambiantes). Son tiempos de reinvención (personal e institucional) con un reto singular para todo país o espacio innovador obligado a recrear sus propias plataformas y la adecuada articulación de esos mapas comprehensivos de todo tipo de jugadores y recursos determinantes del logro exitoso de las estrategias únicas y deseadas.
Como toda estrategia, atenta a las capacidades, fortalezas y debilidades propias, ha de mirar, también, de forma especial, al entorno, y construir sus propias plataformas generadoras del soporte y activos clave que posibiliten el logro de sus objetivos. Sobre todo, anticipando futuro y no reaccionando a lo que suceda esperando la dirección y decisión de otros. Tiempos de revisión profunda de nuestros programas, sistemas, formación, empleo y cualificación orientada y diferencial. Tiempos de incentivo, con valores y propósito, hacia rumbos claros y generadores de ilusión y planes de vida.
Vivimos y, sobre todo, viviremos, no solo un mayor protagonismo transformador de “Instituciones Educativas y sus Programas”, sino del esencial camino transformador de la empresa-formación, como elemento esencial, propio y diferenciador impulsando flujos completos de trabajo-aprendizaje-conocimiento en nuestros puntos y equipos de empleo.
Sin duda, generaremos un verdadero dividendo, desde un reconfigurado talento, cocreando valor, crecimiento y bienestar. Eso sí, como siempre, no nos vendrá dado. Hemos de construirlo.