(Artículo publicado el 4 de Octubre)
El próximo 7 de octubre celebraremos el 90 Aniversario de la constitución del primer Gobierno Vasco. Con la aprobación previa, tan solo seis días antes, por las Cortes Generales del Estado español del Estatuto de Autonomía para el País Vasco.
Su primer Lehendakari (Presidente) José Antonio de Aguirre y Lecube, elegido democráticamente, narraba con su extraordinario testimonio personal (de obligada lectura para quienes ponemos en valor la memoria, la historia y el compromiso de quienes asumen responsabilidades al servicio de los demás y, en especial, en situaciones complejas, críticas y demandantes de riesgo decisorio) en su libro, “De Gernika a Nueva York pasando por Berlín”, ejemplo vivo de una experiencia única que va mucho más allá de lo que pudiera reflejar una ya de por sí intensa y compleja labor de gobierno. El Lehendakari Aguirre relató, en primera persona, puntos destacados de aquellas circunstancias y momento histórico en el que juró su cargo “bajo el árbol de Gernika”, símbolo de las libertades y, de alguna manera, de la organización y esencia política del pueblo vasco y su universalidad y libertad solidaria en marcos y procesos democráticos y fortalecedores -si cabe- de la destacada dirección en la complejidad.
Apreciar y valorar la singularidad de aquel gobierno y Lehendakari, conocer (y evaluar) sus trabajos, esfuerzos y la complejidad extrema de los años de guerra, con su trágica extensión hacia la segunda guerra mundial con significativo papel como aliados y su trabajo europeísta e internacional en sus años de exilio y faro referente del país, de nuestro pueblo a lo largo del mundo (en especial en Europa y América) nos lleva a poner el acento en otro de los referentes históricos que nos permiten conocer el valor de su contribución: el Primer Congreso Mundial Vasco; celebrado en París en el año 1.956. Congreso extraordinario promovido por su gobierno en el que el Lehendakari Aguirre “rindió cuentas” de su gestión en los 20 años transcurridos hasta entonces, primera oportunidad de comparecer ante “el mundo vasco” tras su forzada evacuación, persecución, exilio y dirección del gobierno y persistencia creativa desde el exterior, al mando de un gobierno de concentración que se prolongó hasta su restauración legítima al final de la dictadura. Su comparecencia en el Congreso supuso un ejercicio de auténtica acción de control democrático dando cuenta de todos los espacios atendidos y desarrollados desde su nombramiento, la organización de una defensa (también armada) en plena guerra civil, la resistencia civil ciudadana, la atención social y sanitaria imprescindible, la protección de las infraestructuras críticas, la creación ordenada de una marina mercante con prioridad en el exilio de la infancia y perseguidos por la guerra, un profundo e intenso despliegue de relaciones internacionales de apoyo, el referente y autoridad legítima y reconocida de un gobierno pluripartidista y con una alineación firme con los principios democráticos de un sistema y gobierno que fue objeto de una sublevación militar, derrocamiento e instauración de la dictadura padecida. Un gobierno “en guerra, cárcel, exilio” a la vez que comprometido con la economía e industria del país, atendiendo y generando entidades clave en educación (como la Universidad pública en el Hospital de Basurto, alineada a la vanguardia, entonces de la enseñanza de la medicina) y la asistencia social, al servicio esencial de las enormes y urgentes necesidades inmediatas de una población acosada. Su relato no concluye con la fase inicial, huyendo del fascismo y la Gestapo, dirigiendo un gobierno en el exilio desde París, participando en los primeros movimientos de la construcción europea, organizando las delegaciones vascas en el exterior, en contacto permanente con la diáspora vasca, siempre activa, colaborativa y ejemplo de pertenencia e identidad y el agradecimiento a todos los gobiernos de países amigos que abrieron sus brazos y legislaciones para acoger a un pueblo que debió salir de casa y abrir nuevos espacios vitales. Recibidos con generosidad, compartiendo vidas, proyectos y anhelos.
Pero su intervención en el citado Congreso no solamente se concentró en la “dación de cuentos”, sino que, desde su propia convocatoria, recabó del mundo vasco, aportaciones en tres grandes apartados para “construir un nuevo país”, desde el exilio y la clandestinidad, desde fuera y desde dentro, esfuerzo intenso, para un nuevo mundo en proceso, comprometidos con la libertad, la democracia y un horizonte por diseñar e impulsar: una Europa de los pueblos. El Congreso debatiría en tres grandes espacios o secciones: 1) Economía Social, 2) Política, 3) Cultura. Proceso abierto, sin límites o negociaciones para una propuesta integral de país. Todo un guion, con multitud de sensibilidades, bajo unos principios directores concluyentes que marcaron el rumbo a seguir. Más allá del diagnóstico, una propuesta integral de futuro.
Pocos años después, el Lehendakari Aguirre fallecía en París (1.960). Ante su féretro en Donibane Lohizune, en el País Vasco Continental, su hasta entones Vice lendakari, Jesús María de Leizaola, juró su nombramiento para presidir el Gobierno: “Ante ti, Lehendakari que el pueblo vasco eligió al constituirse el Gobierno de Euzkadi, conforme a los acuerdos del mismo gobierno y de las organizaciones políticas y sindicales democráticas del país que han sostenido la causa de éste en la guerra, en la postguerra, en la patria y en el exilio, para consagrarme a las tareas de liberación y hasta que el pueblo vasco libre, pueda elegir sus autoridades legitimas, asumo las funciones que te fueron encomendadas como Presidente… Y juro, como lo hiciste en Gernika, ser fiel a ellas y el pueblo vasco…”
De esta forma, Jesús María de Leizaola le sucedió, presidiendo aquel gobierno del exilio hasta su vuelta a Euskadi, tras la muerte del dictador Francisco Franco y la recuperación de los derechos históricos y autogobierno de nuestro país, abriendo los puentes del exilio, a la esperanza y sueño por la construcción de un renovado país, restableciendo el autogobierno suprimido y retomando desde lo que, democráticamente eligió, en cada momento, la sociedad vasca. Así, Leizaola garantizaba el legítimo tracto histórico, restaurando, con honor, un gobierno arrebatado por la fuerza y posibilitaba una nueva etapa transitoria hacia un incierto futurible, en el que nuevas generaciones rediseñaran reconocidos espacios de desarrollo y bienestar.
Se facilitó un desexilio, del que, desgraciadamente, muchos de sus protagonistas no pudieron disfrutar. Vivieron y soñaron su compromiso, persistiendo en su trabajo y promesa de volver a casa, para lo que formaron y educaron a sus descendientes, mientras colaboraron en el espacio internacional con la “resistencia en el interior” construyendo un país para las nuevas generaciones por vivir, a la vez que se comprometieron en el desarrollo activo y progreso de sus nuevas tierras de acogida.
Hoy, para algunos un recuerdo lejano, para otros una celebración desconocida y para otros muchos un referente anhelado (del que hubieran deseado participar, aunque muchos de ellos lo combatieron, en su momento, rechazaron, descalificaron y atentaron contra sus patrimonios, sus vidas y sus memorias). Hoy, parecería que el reconocimiento colectivo, resalta el valor del ejemplo generado. Para unos y para otros, para todos, resulta imprescindible poner en valor a esas generaciones de hombres y mujeres que renunciaron a su propia vida individual para entregarse a un servicio, generoso, a su pueblo y sociedad esperanzada. Algunos de aquellos privilegiados que pudimos conocer desde casa, la fuerza y compromiso de aquellos líderes que mantuvieron la llama que hoy nos alumbra y guía, redoblamos la celebración y nuestro reconocido homenaje. Agradezco haber recibido el regalo de un “claro sentido a mi vida” para transitar el largo y apasionante camino de la construcción de un país y disfrutar de una identidad propia y diferenciada, de conocer el valor de la pertenencia, vivir la obligación y responsabilidad de un compromiso inacabable al servicio de un país, siempre en construcción y de una sociedad, demandante y anhelante, de un mundo mejor, para todos.
Conocí y supe de primera mano de la grandeza humana de muchos de los dirigentes que parecían desprenderse de historietas, tuve la enorme suerte de escuchar infinidad de relatos, experiencias e historia. Conocí a muchos de ellos personalmente y percibí su humanidad desde su extraordinaria riqueza moral, intelectual y líder. Supe de las organizaciones políticas, sindicales, empresariales, académicas o incluso religiosas que dirigían, conociendo, de primera mano, sus dificultades y sus problemas, avance y logros. Aprendí a vivir la clandestinidad a la vez que la, en ocasiones, contraposición de espacios de libertad aparente y mayor confortabilidad que podría ofrecerte el caramelo de la libre elección de la no vuelta a casa a reiniciar una vida en un país que habías soñado e imaginado distinto hasta que terminas topándote con una realidad, en demasiadas ocasiones distante, e incluso, amarga.
Por eso, hoy, es tiempo de recuerdo y celebración, obviando todo aquello que nos disgusta, aquello que no somos capaces de resolver, lo que pensamos alejado del esfuerzo y sacrificio de todos aquellos cuyo legado destacamos, redoblamos el compromiso por un país, pequeño, demandante y, como no podía ser de otra manera, en pleno camino de elegir, día a día, su propio camino. Todo un crisol de vidas, compromisos, recorridos a lo largo del tiempo con un resultado y herencia únicos.
Así, tras el Lehendakari Leizaola y los restantes Lehendakaris que, en diferentes circunstancias, uno a uno, han presidido y presiden los sucesivos gobiernos, sus gabinetes, sus múltiples colaboradores y todo un sin número de acompañantes anónimos, disfrutamos de unos niveles de bienestar y desarrollo (pese a todas las carencias existentes) como no hemos tenido en estos 90 años, valorando el cómo hemos llegado hasta aquí. Pero, sobre todo, las fortalezas que habrán de ayudarnos para el próximo recorrido por acometer.
No es, por tanto, una celebración más ni un reconocimiento y tributo obligado a un compromiso de servicio público, ni mucho menos un regocijo con un determinado buen hacer histórico. ¡Que también! Es, sobre todo, un mensaje compartible con una sociedad, aquejada por las turbulencias de un mundo incierto y complejo en el que vivimos. Es un clamor por superar sentimientos negativistas, de desánimo, de percepciones erróneas de un futuro trágicamente predeterminado que parecería condenarnos al desaliento. Es un ejemplo de esperanzado optimismo para afrontar los desafíos existentes, abanderar el siempre incierto y complejo camino de la vida hacia un espacio diferenciado y deseable. Es una invitación a transitar las oportunidades construyendo soluciones, a comprometernos con nuestras decisiones y compañeros de viaje, a asumir riesgos y renuncias “confortables” y es un claro ejemplo del posibilismo positivo, alcanzable. Hoy, como ayer y como siempre, vivimos inmersos en múltiples dificultades, llegarán problemas desconocidos, pero las fortalezas y sentido de nuestra vidas y sociedades son ilimitados.
Asumir la responsabilidad, pensar y trabajar al servicio de los demás, liderar bajo/con control, principios democráticos, asumir riesgos, construyendo esperanza (real y posible). Algunas lecciones que merecen ser aprendidas y celebradas (sin duda hay gobiernos que merecen la pena. No todos son iguales). Veamos en este espejo el espacio ejemplarizante de lo que sí es capaz de ilusionar a una sociedad que demanda orientación, que quiere y necesita creer en liderazgos y gobernanzas de verdad, que le den cuentas, que promuevan el bienestar, prosperidad, respetando escrupulosamente principios y valores democráticos, en el fondo y en la forma.
Celebremos este 90 aniversario, recordemos y reconozcamos a quienes cumplieron, por encima de todo, con sus responsabilidades de aquellos difíciles momentos, y sigamos el camino emprendido. Con el especial reconocimiento a aquel gobierno y su Lehendakari, celebremos el trabajo y esfuerzo colectivo y, muy especialmente, al infinito número de ejemplos anónimos que nos han traído hasta aquí.
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