Gobernar en la complejidad celebrando liderazgos ejemplares y comprometidos

(Artículo publicado el 4 de Octubre)

El próximo 7 de octubre celebraremos el 90 Aniversario de la constitución del primer Gobierno Vasco. Con la aprobación previa, tan solo seis días antes, por las Cortes Generales del Estado español del Estatuto de Autonomía para el País Vasco.

Su primer Lehendakari (Presidente) José Antonio de Aguirre y Lecube, elegido democráticamente, narraba con su extraordinario testimonio personal (de obligada lectura para quienes ponemos en valor la memoria, la historia y el compromiso de quienes asumen responsabilidades al servicio de los demás y, en especial, en situaciones complejas, críticas y demandantes de riesgo decisorio) en su libro, “De Gernika a Nueva York pasando por Berlín”, ejemplo vivo de una experiencia única que va mucho más allá de lo que pudiera reflejar una ya de por sí intensa y compleja labor de gobierno. El Lehendakari Aguirre relató, en primera persona, puntos destacados de aquellas circunstancias y momento histórico en el que juró su cargo “bajo el árbol de Gernika”, símbolo de las libertades y, de alguna manera, de la organización y esencia política del pueblo vasco y su universalidad y libertad solidaria en marcos y procesos democráticos y fortalecedores -si cabe- de la destacada dirección en la complejidad.

Apreciar y valorar la singularidad de aquel gobierno y Lehendakari, conocer (y evaluar) sus trabajos, esfuerzos y la complejidad extrema de los años de guerra, con su trágica extensión hacia la segunda guerra mundial con significativo papel como aliados y su trabajo europeísta e internacional en sus años de exilio y faro referente del país, de nuestro pueblo a lo largo del mundo (en especial en Europa y América) nos lleva a poner el acento en otro de los referentes históricos que nos permiten conocer el valor de su contribución: el Primer Congreso Mundial Vasco; celebrado en París en el año 1.956. Congreso extraordinario promovido por su gobierno en el que el Lehendakari Aguirre “rindió cuentas” de su gestión en los 20 años transcurridos hasta entonces, primera oportunidad de comparecer ante “el mundo vasco” tras su forzada evacuación, persecución, exilio y dirección del gobierno y persistencia creativa desde el exterior, al mando de un gobierno de concentración que se prolongó hasta su restauración legítima al final de la dictadura. Su comparecencia en el Congreso supuso un ejercicio de auténtica acción de control democrático dando cuenta de todos los espacios atendidos y desarrollados desde su nombramiento, la organización de una defensa (también armada) en plena guerra civil, la resistencia civil ciudadana, la atención social y sanitaria imprescindible, la protección de las infraestructuras críticas, la creación ordenada de una marina mercante con prioridad en el exilio de la infancia y perseguidos por la guerra, un profundo e intenso despliegue de relaciones internacionales de apoyo, el referente y autoridad legítima y reconocida de un gobierno pluripartidista y con una alineación firme con los principios democráticos de un sistema y gobierno que fue objeto de una sublevación militar, derrocamiento e instauración de la dictadura padecida. Un gobierno “en guerra, cárcel, exilio” a la vez que comprometido con la economía e industria del país, atendiendo y generando entidades clave en educación (como la Universidad pública en el Hospital de Basurto, alineada a la vanguardia, entonces de la enseñanza de la medicina) y la asistencia social, al servicio esencial de las enormes y urgentes necesidades inmediatas de una población acosada. Su relato no concluye con la fase inicial, huyendo del fascismo y la Gestapo, dirigiendo un gobierno en el exilio desde París, participando en los primeros movimientos de la construcción europea, organizando las delegaciones vascas en el exterior, en contacto permanente con la diáspora vasca, siempre activa, colaborativa y ejemplo de pertenencia e identidad y el agradecimiento a todos los gobiernos de países amigos que abrieron sus brazos y legislaciones para acoger a un pueblo que debió salir de casa y abrir nuevos espacios vitales. Recibidos con generosidad, compartiendo vidas, proyectos y anhelos.

Pero su intervención en el citado Congreso no solamente se concentró en la “dación de cuentos”, sino que, desde su propia convocatoria, recabó del mundo vasco, aportaciones en tres grandes apartados para “construir un nuevo país”, desde el exilio y la clandestinidad, desde fuera y desde dentro, esfuerzo intenso, para un nuevo mundo en proceso, comprometidos con la libertad, la democracia y un horizonte por diseñar e impulsar: una Europa de los pueblos. El Congreso debatiría en tres grandes espacios o secciones: 1) Economía Social, 2) Política, 3) Cultura. Proceso abierto, sin límites o negociaciones para una propuesta integral de país. Todo un guion, con multitud de sensibilidades, bajo unos principios directores concluyentes que marcaron el rumbo a seguir. Más allá del diagnóstico, una propuesta integral de futuro.

Pocos años después, el Lehendakari Aguirre fallecía en París (1.960). Ante su féretro en Donibane Lohizune, en el País Vasco Continental, su hasta entones Vice lendakari, Jesús María de Leizaola, juró su nombramiento para presidir el Gobierno: “Ante ti, Lehendakari que el pueblo vasco eligió al constituirse el Gobierno de Euzkadi, conforme a los acuerdos del mismo gobierno y de las organizaciones políticas y sindicales democráticas del país que han sostenido la causa de éste en la guerra, en la postguerra, en la patria y en el exilio, para consagrarme a las tareas de liberación y hasta que el pueblo vasco libre, pueda elegir sus autoridades legitimas, asumo las funciones que te fueron encomendadas como Presidente… Y juro, como lo hiciste en Gernika, ser fiel a ellas y el pueblo vasco…”

De esta forma, Jesús María de Leizaola le sucedió, presidiendo aquel gobierno del exilio hasta su vuelta a Euskadi, tras la muerte del dictador Francisco Franco y la recuperación de los derechos históricos y autogobierno de nuestro país, abriendo los puentes del exilio, a la esperanza y sueño por la construcción de un renovado país, restableciendo el autogobierno suprimido y retomando desde lo que, democráticamente eligió, en cada momento, la sociedad vasca. Así, Leizaola garantizaba el legítimo tracto histórico, restaurando, con honor, un gobierno arrebatado por la fuerza y posibilitaba una nueva etapa transitoria hacia un incierto futurible, en el que nuevas generaciones rediseñaran reconocidos espacios de desarrollo y bienestar.

Se facilitó un desexilio, del que, desgraciadamente, muchos de sus protagonistas no pudieron disfrutar. Vivieron y soñaron su compromiso, persistiendo en su trabajo y promesa de volver a casa, para lo que formaron y educaron a sus descendientes, mientras colaboraron en el espacio internacional con la “resistencia en el interior” construyendo un país para las nuevas generaciones por vivir, a la vez que se comprometieron en el desarrollo activo y progreso de sus nuevas tierras de acogida.

Hoy, para algunos un recuerdo lejano, para otros una celebración desconocida y para otros muchos un referente anhelado (del que hubieran deseado participar, aunque muchos de ellos lo combatieron, en su momento, rechazaron, descalificaron y atentaron contra sus patrimonios, sus vidas y sus memorias). Hoy, parecería que el reconocimiento colectivo, resalta el valor del ejemplo generado. Para unos y para otros, para todos, resulta imprescindible poner en valor a esas generaciones de hombres y mujeres que renunciaron a su propia vida individual para entregarse a un servicio, generoso, a su pueblo y sociedad esperanzada. Algunos de aquellos privilegiados que pudimos conocer desde casa, la fuerza y compromiso de aquellos líderes que mantuvieron la llama que hoy nos alumbra y guía, redoblamos la celebración y nuestro reconocido homenaje. Agradezco haber recibido el regalo de un “claro sentido a mi vida” para transitar el largo y apasionante camino de la construcción de un país y disfrutar de una identidad propia y diferenciada, de conocer el valor de la pertenencia, vivir la obligación y responsabilidad de un compromiso inacabable al servicio de un país, siempre en construcción y de una sociedad, demandante y anhelante, de un mundo mejor, para todos.

Conocí y supe de primera mano de la grandeza humana de muchos de los dirigentes que parecían desprenderse de historietas, tuve la enorme suerte de escuchar infinidad de relatos, experiencias e historia. Conocí a muchos de ellos personalmente y percibí su humanidad desde su extraordinaria riqueza moral, intelectual y líder. Supe de las organizaciones políticas, sindicales, empresariales, académicas o incluso religiosas que dirigían, conociendo, de primera mano, sus dificultades y sus problemas, avance y logros. Aprendí a vivir la clandestinidad a la vez que la, en ocasiones, contraposición de espacios de libertad aparente y mayor confortabilidad que podría ofrecerte el caramelo de la libre elección de la no vuelta a casa a reiniciar una vida en un país que habías soñado e imaginado distinto hasta que terminas topándote con una realidad, en demasiadas ocasiones distante, e incluso, amarga.

Por eso, hoy, es tiempo de recuerdo y celebración, obviando todo aquello que nos disgusta, aquello que no somos capaces de resolver, lo que pensamos alejado del esfuerzo y sacrificio de todos aquellos cuyo legado destacamos, redoblamos el compromiso por un país, pequeño, demandante y, como no podía ser de otra manera, en pleno camino de elegir, día a día, su propio camino. Todo un crisol de vidas, compromisos, recorridos a lo largo del tiempo con un resultado y herencia únicos.

Así, tras el Lehendakari Leizaola y los restantes Lehendakaris que, en diferentes circunstancias, uno a uno, han presidido y presiden los sucesivos gobiernos, sus gabinetes, sus múltiples colaboradores y todo un sin número de acompañantes anónimos, disfrutamos de unos niveles de bienestar y desarrollo (pese a todas las carencias existentes) como no hemos tenido en estos 90 años, valorando el cómo hemos llegado hasta aquí. Pero, sobre todo, las fortalezas que habrán de ayudarnos para el próximo recorrido por acometer.

No es, por tanto, una celebración más ni un reconocimiento y tributo obligado a un compromiso de servicio público, ni mucho menos un regocijo con un determinado buen hacer histórico. ¡Que también! Es, sobre todo, un mensaje compartible con una sociedad, aquejada por las turbulencias de un mundo incierto y complejo en el que vivimos. Es un clamor por superar sentimientos negativistas, de desánimo, de percepciones erróneas de un futuro trágicamente predeterminado que parecería condenarnos al desaliento. Es un ejemplo de esperanzado optimismo para afrontar los desafíos existentes, abanderar el siempre incierto y complejo camino de la vida hacia un espacio diferenciado y deseable. Es una invitación a transitar las oportunidades construyendo soluciones, a comprometernos con nuestras decisiones y compañeros de viaje, a asumir riesgos y renuncias “confortables” y es un claro ejemplo del posibilismo positivo, alcanzable. Hoy, como ayer y como siempre, vivimos inmersos en múltiples dificultades, llegarán problemas desconocidos, pero las fortalezas y sentido de nuestra vidas y sociedades son ilimitados.

Asumir la responsabilidad, pensar y trabajar al servicio de los demás, liderar bajo/con control, principios democráticos, asumir riesgos, construyendo esperanza (real y posible). Algunas lecciones que merecen ser aprendidas y celebradas (sin duda hay gobiernos que merecen la pena. No todos son iguales). Veamos en este espejo el espacio ejemplarizante de lo que sí es capaz de ilusionar a una sociedad que demanda orientación, que quiere y necesita creer en liderazgos y gobernanzas de verdad, que le den cuentas, que promuevan el bienestar, prosperidad, respetando escrupulosamente principios y valores democráticos, en el fondo y en la forma.

Celebremos este 90 aniversario, recordemos y reconozcamos a quienes cumplieron, por encima de todo, con sus responsabilidades de aquellos difíciles momentos, y sigamos el camino emprendido. Con el especial reconocimiento a aquel gobierno y su Lehendakari, celebremos el trabajo y esfuerzo colectivo y, muy especialmente, al infinito número de ejemplos anónimos que nos han traído hasta aquí.

Katea ez da eten! ¡La cadena no se interrumpe!

¿Destrucción Creativa?

(Artículo publicado el 20 de Septiembre)

El triunfo electoral de la AfD (Alternativa por Alemania) en la Alta Sajonia alemana y la configuración de un nuevo gobierno apoyado por un partido “de izquierda radical”, con una abstención que posibilite gobernar al ganador de las elecciones, supone un relevante cambio, a la vez que alerta para la reflexión, en la política internacional (y, especialmente, europea). Reflexión que transciende de un lugar y hecho concreto, en el marco de un contexto y comportamiento, modelos, sistemas de valores, observables en diferentes espacios y sociedades a lo largo del mundo.

Si bien una primera consideración, nada desdeñable, es la comprobación del cambio de apoyo mayoritario de una sociedad que a lo largo de décadas ha apostado por partidos e ideas políticas superadoras de trágicas guerras y destrucción económica y social de sus países, cuestionando sus políticas actuales, sus modelos de gobernanza y el reclamo exigente de soluciones a todo tipo de “problemas” o eventos alejados de sus formas de vida de los últimos años. El voto electoral ha significado, además, una ruptura clara con conceptos, organizaciones y aparentes ideologías asociables a capas sociales determinadas. La “clase trabajadora” no parece monolítica en torno a etiquetas “antes presentadas y calificadas como de izquierda, progresista o social” y parece reclamar una mayor atención y prioridad en las políticas de solución a sus demandas y no encuentra soluciones en las ofertas de quienes hasta hoy les motivaban y representaban. Redefine un nuevo espacio de jugadores. Y, por supuesto, la estrategia nunca debidamente diseñada, articulada y menos compartida del llamado “cordón sanitario”, ejercido por quienes creyeron que la mejor manera de evitar estas ideas y discursos era prescindir de su confrontación y/o participación en el terreno democrático e institucional “fortalecido, consolidado” y alejado de aquellos que carecían de alternativas realistas y significativas. Da la impresión de haber jugado a favor de “los excluidos” de las responsabilidades y centros de decisión y de la política-institucional, desoyendo el resultado de las urnas, desatendiendo el orden democrático que no nos gustaba, a la vez que no parecían molestar otros movimientos extremos con los que parecía convivir bajo su presión, generalmente, minoritaria, excesivamente revalorizada por el efecto mediático, creando espacios artificiales que, finalmente, no han contado con el apoyo mayoritario en las respectivas sociedades.

¿Por qué surgen y proliferan estos liderazgos y resultados que parecerían inimaginables en “un orden establecido”, en tiempos de máxima libertad y derechos en postguerra, y de gobiernos y administraciones con éxito probado en su transición hacia el progreso y bienestar de las sociedades de las que forma parte?

Sin duda son muchas las razones que, unos y otros, podríamos señalar, explicando, a posteriori, “la racionalidad” de estas decisiones, hoy en Alemania, antes en Italia, Francia, etc. y cada vez más extendida a lo largo del mundo… ¿Por qué el acento constante en la “ultraderecha” y nunca en la “ultraizquierda”? ¿Por qué damos por cierto y positivo abanderar cualquier etiqueta de progresismo y descalificamos cualquiera que no se adhiera, sin criterios o posicionamiento contrario -legítimo- a sus políticas, decisiones o comentarios más bien mediáticos? ¿Por qué no nos preguntamos por las propuestas y soluciones que, ante grandes y complejos desafíos, no satisfacen a las distantes sociedades? ¿Por qué no nos ocupamos de la verdadera calidad democrática y de gobernanza? ¿Por qué aceptamos múltiples evidencias que no compartimos en el funcionamiento de nuestras instituciones, administraciones públicas, determinadas autoridades, familias y/o núcleos estables de convivencia, demandas y soluciones, compromisos intergeneracionales y permitimos, ausencia de controles democráticos en gobiernos que apoyamos de forma directa o indirecta?

La evidencia nos demuestra que “el tablero se ha movido” y las mismas piezas utilizadas hasta hoy cobran nueva autonomía, y responden a diferentes reglas del juego. Si esto es así, parecería más que razonable abordar el cambio inevitable.

Para no enredarnos en nuevos y exhaustivos análisis y diagnósticos (que, por otra parte, vienen proliferando a lo largo de los años y desde distintos escenarios y centros de pensamiento y opinión), recurro a un libro reciente de Jennifer Pahlka y Andrew Greenway, planteando lo que consideran esencial: “Las destrucciones creativas que necesitan nuestras democracias”. Su libro se pregunta: ¿Cómo hacer que los gobiernos trabajen otra vez? (¿How to Make Government work again?).

Si bien los autores (y el libro) se centran y refieren a los Estados Unidos de América, y focalizan su análisis en los gobiernos, como veremos más adelante, el llamamiento ha de dirigirse al compromiso de toda la sociedad sin exclusión alguna de todos los agentes institucionales, económicos, sociales, y, sobre todo, los propios ciudadanos en los diferentes roles que desempeñamos en nuestras vidas, nuestras actitudes ante los problemas y potenciales soluciones y al verdadero compromiso y responsabilidad que estamos dispuestos a asumir en la creación de ese futuro que queremos disfrutar.

Atendiendo al libro señalado, a partir de una encuesta (Pew 2025) en 23 países, con decenas de miles de respuestas, pone de manifiesto que el 60% de los encuestados se muestran decepcionados e insatisfechos con su democracia y sus modelos de gobernanza, sus administraciones y grado de solución a sus demandas y problemas. A la polarización, la desinformación, la desilusión por los liderazgos observables o atribuidos, a los intentos no deseados de regulación y normas que no consideran acordes con su voluntad y “modelos de vida”, se une un elemento común: la percepción y convicción de que las administraciones públicas y sus crecientes agencias “son crecientemente incapaces de conseguir los objetivos básicos para los que se supone fueron diseñados”. ¿Es esto realmente así?

Una primera constatación de esta afirmación la sitúan en “la escasa capacidad de respuesta y ejecución de las políticas, planes y anuncios o propuestas”. Realizan un amplio recorrido por todo tipo de Fondos asignados nunca ejecutados, de objetivos justificativos; de la creación de todo tipo de agencias y sociedades públicas que, con el paso del tiempo, no cumplen con su misión y, sin embargo, engordan sus plantillas y presupuestos; del mapa de organismos que perduran sin objetivos, resultados o necesidades temporales que les asignaron; de la ausencia de presupuestos públicos, liquidación de cuentas, auditorías de gestión y logros o carencia de verdaderos programas de generación de impacto real… Nuestras democracias parecerían no ser capaces de fortalecer instituciones creíbles, eficientes, resolutivas, acordes con los desafíos, tiempos y necesidades de las poblaciones, empresas, comunidades que han de atender.

Hacer todo aquello que demanden nuestras sociedades, que los diferentes gobiernos prometan, anuncien o comprometan, en el tiempo y plazos oportunos, en un mundo aceleradamente cambiante y demandante, resulta, cada vez más, inalcanzable. La reacción (que no respuesta) es silenciar lo no hecho, nuevos plazos o incrementos de recursos asignables, aumento de la “política de la administración” y sus burocracias descontroladas, mayor endeudamiento sin límites ni evidencia de recuperación o pago, insatisfacción social, pervivencia de los constituido, aunque no se sepa, al final, para qué se mantiene. La desafección y desilusión resultan consecuencia evidente.

Si todo esto (o en parte) es así, se sugiere abordar una inevitable “destrucción creativa”. Suponiendo sea una solución inteligente y adecuada, ¿es posible llevarla a cabo? No hay gobierno o administración en el mundo que no cree programas, planes, agencias para la “Reforma, modernización, transformación de la administración”. No hay programa opositor que no prometa, en caso de gobernar, eliminar-suprimir agencias públicas, planes, programas, funcionariado, así como asesores, cargos de designación, gabinetes de gobierno, ministerios o equivalentes, y, por supuesto, recurrir a la innovación y digitalización administrativa. Hasta que llega, si llega, al centro de mando. Las intenciones electorales desaparecen. La herencia recibida, la realidad, la dirección de la oposición al cambio, “el poco tiempo de duración del mandato, las nuevas prioridades o los imprevistos elementos anteriores… hacen imposible abordar la profundidad del cambio imprescindible”. Se convierte en “una tarea necesaria, de largo plazo, que acometerán terceros” (o en estos tiempos se recurre a la coartada silenciosa de la inteligencia artificial: “Ya se ocupará la IA de suprimir aquello no productivo…”).

¿Cómo transformar las organizaciones existentes? No hay ni recetas mágicas, ni únicas, ni garantes del éxito multi propuesta demandado.

Existen infinidad de ejemplos de éxito (y otros muchos de fracaso) a lo largo del mundo. Proyectos piloto difícilmente escalables o ejecutables, propuestas e iniciativas “políticamente” imposibles de aplicar, planes y programas innovadores “exnovo y a partir de cero” que, por lo general, son torpeadas desde dentro de los propios gobiernos, sus aparatos funcionariales y agentes sociales, o en confrontación con amplia variedad de grupos de interés; marcos normativos y tiempos que hacen inviable el cambio deseado; la aversión individual al cambio y sus riesgos; el temor del liderazgo exigible… Estos y otros muchos elementos son auténticos condicionantes de esa anhelada “capacidad de respuesta”.

En todo caso, sea o no esa llamada “incapacidad de respuesta” lo que deteriora la democracia, la verdadera alerta roja está en ella misma. Si quienes tienen (tenemos) la responsabilidad de promover y acompañar otro tipo de respuestas a los problemas reales, si no generamos liderazgos y gobernanzas reales, eficientes, compartibles, si no generamos impactos positivos en nuestras comunidades y si no somos verdaderos cocreadores de valor para el bienestar inclusivo de nuestras sociedades, terminaremos degradando la democracia y sus principios, entregando su custodia (o destrucción) a terceros cuyos modelos no compartimos.

¿Encontraremos las claves motivadoras de sociedades transformadoras que hagan posibles futuros diferentes, de verdadero progreso y desarrollo? Efectivamente, necesitamos una auténtica “destrucción creativa”. ¡Desafío para todos!

¡Islandia dijo NO!

(Artículo publicado el 6 de Septiembre)

Este pasado domingo, 30 de agosto, el 80,6% de la población de Islandia con derecho a voto, acudió a un referéndum para decidir dejar en suspenso cualquier proceso negociador para su integración en la Unión Europea. El 52,8% de los votantes superó a un 47,2% que sí apoyaban la propuesta gubernamental para continuar en un proceso de más de 15 años de conversaciones, con suspensiones, idas y venidas que ni terminan con un acuerdo satisfactorio, ni ofrecen un escenario ilusionante y diferenciador de futuro, ni parecen adecuarse a las demandas y necesidades de los islandeses, a tenor de su elección.

¿Por qué un “pequeño país” de poco más de 100.000 km2 y 395.000 habitantes, que ya pertenecen al Espacio Económico Europeo (EEE), al EFTA (Asociación Europea del Libre Comercio), al tratado de Schengen para facilitar o garantizar libertad de movimientos con/en la Unión Europea, a la OTAN, no se ve motivado a “avanzar” hacia una adhesión plena aspirando a ser un Estado Miembro y no un “socio o compañero especial y preferente”?

Desde la distancia, una inmensa mayoría de observadores consideran un “error islandés” no buscar el cobijo de un relativamente más poderoso escudo protector de la Unión Europea, ante múltiples riesgos que se supone hipotecarán el futuro de este “pequeño y aislado país”, “alejado de los centros continentales de decisión”, expuesto a los grandes peligros del cambio climático, sin “ejército propio” que le defienda de una creciente geopolítica invasora en tiempos en que el reclamo a creer en ejércitos y/o seguridad se extiende como mantra dominante, a merced de los “bloques y tablero mundial” con enorme apetito, ya sea por Groenlandia, o por el Ártico, o por impedir que sus contrarios sumen compañeros de viaje. ¿Por qué han elegido seguir fuera de este club europeo que colmaría todas sus necesidades? ¿Es tan irracional la decisión democrática por la que optan los islandeses? No lo parece.

Quizás la mejor explicación no sea solamente interna (más adelante revisaremos sus fortalezas) de un país que parece mirarse más en el espejo de sus vecinos y compañeros como Noruega o Suiza, o ellos mismos observando a otros jugadores clave en sus redes internacionales a las que ya hoy se han incorporado (una gran mayoría ya dentro de la propia UE, en plenitud o con acuerdos especiales). Sin duda, la Unión Europea necesita mirar hacia dentro de sí misma y reflexionar sobre su estructura, su gobernanza, sus estrategias y políticas, su continuo y creciente desaliento interno, y la relevante desafección de los fundadores y defensores preeuropeos que creemos en los principios de libertad, democracia, solidaridad, humanismo y bienestar que, desde la subsidiaridad y peso constituyente de sus pueblos, no se encuentran satisfechos con este conglomerado de Estados más centralistas o centralizados que nunca, especialmente burocratizado, ineficientemente gobernado, escasamente participativo y con pobre control democrático real de “sus gobernantes”, de sus “fondos compartidos”, y con más que aparente desorientación respecto de un futuro deseado y cada vez más incierto y lejano.

Quizás no es cuestión de poner el acento culpable en los que se van o en quienes no quieren “mayor protección igualitaria” perdiendo su espacio de cosoberanía, coprotagonismo y cocreación de su propio futuro. Resulta imprescindible reflexionar y atender a las reclamaciones de quienes nos quedamos. O, quizás, simplemente, deberían buscan ser coherentes con sus propias políticas guías que su Comisión Europea (y supuestamente, aprobada e impulsada por su Euro Parlamento) explica y ofrece como pilares del futuro estratégico de “su Europa del futuro”. Ni el Plan Draghi para garantizar la ruta de una Europa de la Competitividad y el Bienestar se articula con la eficiencia, certeza, velocidad e intensidad sugerida, ni la “imprescindible” simplificación administrativa, burocrática del Plan Letta parecerían moverse en la dirección deseada. Entre tanto, cuota tras cuota hacen del “Gatopardo-Lampedusiano” (aparentar movimiento para no cambiar nada), la fortaleza de su discurso y práctica evitando nuevos horizontes, complejos, pero absolutamente necesarios. Con estos mensajes observables no parece disparatado que un país con una amplia interacción con la Unión Europea entienda que su futuro deseable puede o debe lograrse desde muchas de sus fortalezas y apetencias propias, sin renunciar a construir “su propio futuro”.

Islandia entiende su posición geoeconómica, geopolítica y geoestratégica muy bien. Es plenamente consciente de sus riesgos, peligros y dificultades, a la vez que de sus fortalezas. Sabe que es uno de los países más ricos del mundo, de mayor nivel de bienestar y sabe muy bien que eso no es garantía permanente de éxito futuro. Es consciente de los obstáculos (propios y ajenos) que ha de superar para competir con su visión de cocreación de valor para una sociedad y comunidad inclusiva. No solamente ha de trabajar (que lo hace) para cumplir con su visión 2035, sus planes deseados de imprescindible logro para seguir creyendo en ella y avanzando, construyendo sobre sus fortalezas. Ha sabido, sabe y, seguramente, sabrá, hacer de la geotermia, los geo-datos y las tecnologías asociadas, de las energías renovables, los pilares de desarrollo sostenible. Lleva años construyendo y coparticipando en redes en sus espacios compartibles: el espacio nórdico, el espacio báltico, el espacio ártico, en coopetencia, diversificando su política industrial, apoyada en su creciente innovación y desarrollo tecnológico, potenciando los pilares clave para hacer posible su futuro. Y lo viene haciendo generando espacios e iniciativas compartidas: con North 2.0 faro de su digitalización innovadora que posibilita (también a su tamaño “pequeño y gestionable”) ofrecer los servicios públicos esenciales que en colaboración con el mundo privado propicia un potente desarrollo de su política industrial con alimentación, tecnologías interiores de energía, una “renovada salud avanzada” integradora de tecnología ad hoc facilitadora, IT servicios, digitalización y servicios sociales, comunitarios y de una educación STEAM (que invierte de forma intensa en tecnología a la vez que apuesta por el pilar de “Experiencia”/Educación creativa, turismo responsable) una apuesta base en infraestructuras, logística altamente especializada.

Hoy, Islandia, es miembro coprotagonista de espacios de interés común: en un espacio Báltico clusterizado “asociado” con las repúblicas independientes del Báltico (UE), Dinamarca, Noruega, Países Nórdicos. Sabe que, dentro o fuera de la Unión Europea, está y estará relacionado con Escocia (independiente, dentro o fuera del Reino Unido y/o de la Unión Europea), estará vinculada al Reino Unido (con o sin Brexit), será parte del futuro de Groenlandia (y, por supuesto, de la OTAN, con o sin ejercito convencional), seguirá comerciando con otros países (UE o no). Aspira a dirigir su destino (en la medida que pueda hacerlo) y es plenamente consciente que puede realizar su largo, siempre complejo, recorrido sin un eurodiputado o un comisario de una disciplina menor, tras un esfuerzo titánico de burocratización, regulación y renuncia a sus propios planes y proyectos.

¿Tiene Islandia garantizado su futuro? Por supuesto que NO. Nadie lo tiene, tampoco la Unión Europea. Lo que sí tiene, es la capacidad y fortalezas necesarias para transitar y construir su futuro aspiracional. Sabe que ha de colaborar, construir redes colaborativas, participar en y con terceros (muy especialmente con Europa), pero ni debe renunciar a su propio protagonismo, compromiso y esfuerzo, ni puede renunciar a convivir con terceros. No ha decidido aislarse de Europa. Ha decidido no despistarse en un ineficiente proceso “negociador” hacia un escenario desconocido y escasamente atractivo en el que siente perder su propia personalidad y capacidad de decidir.

Todo un desafío para Islandia. Por supuesto. Pero, a la vez, un enorme aviso para la Unión Europea. ¿Por qué no hemos resultado suficientemente atractivos para un país como Islandia? ¿Qué se aporta más allá de lo mucho que se comparte ya hoy sin la atadura de una adhesión plena?

Uno de los mayores riesgos de la “nueva geopolítica” reside, precisamente, en no comprender que la falsa globalización centralizadora y unificadora con gobernanza única, con reglas similares para todos, y ausencia de “localización” y territorialización “microeconómica”, autogobierno, subsidiaridad y verdadero control democrático, conforma una “nueva savia” de desafección y rompe principios y pilares esenciales para la imprescindible colaboración multi actores.

Si aprendemos, quizás una próxima oportunidad abra, de manera entusiasta, nuevos espacios de conversaciones, negociación e incorporación. Y, sin duda, con o sin ampliaciones, construiremos una mejor y deseada Europa, protagonista clave del desarrollo humano sostenible. Un verdadero espacio de competitividad, bienestar, sostenibilidad y desarrollo compartido.

Tragedias, solidaridad articulada y generación de impacto positivo real…

(Artículo publicado el 23 de Agosto)

La coincidencia temporal de múltiples acontecimientos trágicos ha llevado a la opinión pública a la reconsideración del papel a jugar por los distintos actores ante determinadas situaciones complejas que requieren una actuación inmediata, una adecuada coordinación e implicación de todas las partes necesarias y el reclamo permanente de la sociedad a la intervención responsable de terceros, fundamentalmente a los gobiernos e instituciones, que, en principio, serían los primeros encargados de acometer una respuesta eficiente, eficaz, inmediata y conocida, asumiendo las labores de atención, protección, reconfiguración o reconstrucción de la situación dañada y, sobre todo, la mayor solidaridad y solución a las demandas inmediatas de las poblaciones que se ven desatendidas. Y, desgraciadamente, las demandas se dirigen, casi siempre, a terceros, obviando decisiones que, en algunos casos, también habrían podido compartirse, entre todos los afectados y, sobre todo, con la intervención de todos los agentes implicables. Recientes ejemplos de muy distinto signo, desde las extensas intervenciones o actuaciones negativas provocadas por los incendios a lo largo de todo el planeta, achacados fundamentalmente al cambio climático, diferentes terremotos con enormes vidas perdidas y proyectos destrozados, o movimientos migratorios por múltiples motivos y desgarradoras constancias del drama y tragedia que conllevan, por no mencionar las siempre presentes y no siempre suficientemente percibidas guerras y conflictos, parecerían compartir un común denominador, parcial, observando cómo las voces se levantan de inmediato optando entre dos elementos fundamentales: una clara descalificación y crítica a la organización de los Estados, a su organización administrativa o política, a su reparto competencial o no y la culpabilidad de unos y no de otros, atendiendo a ideologías y preferencias, o en mayor o menor medida unos y otros; y una segunda, casi siempre airosa, el voluntariado de las personas que sufren y ejercen la autodefensa ante la inevitable auto protección, o de las organizaciones que, supuestamente, sin ningún ánimo de lucro, intervienen de manera inmediata. Parecería imponerse “el momento del buenismo”, contra la autoridad, contra la institucionalización de las actuaciones y de las competencias, de las responsabilidades de terceros. Sin embargo, la realidad es mucho más trascendente: “es el momento de la llamada imprescindible a la estrategia colaborativa, compartida, debidamente articulada e instrumentada en y con todos los agentes implicables”, gobiernos, empresas, entidades sociales y sin ánimo de lucro, comunidades han de actuar de forma leal, comprometida, coadyuvante. Es el verdadero tiempo de las alianzas reales público-público, público-privada, gobiernos, ONG’s, empresas y comunidad.

Si bien la valoración generalizada de las entidades cooperativas y solidarias es digna de todo reconocimiento, no podemos, como sociedades comprometidas, asumir que todas (como el resto de los actores del sistema) responden a sus verdaderos principios, objetivos y prácticas.

Día a día asistimos a una intensa demanda, existente a lo largo del mundo, que cuestiona de una manera importante no sólo el papel de las fundaciones o de las organizaciones sin ánimo de lucro que intervienen en actuaciones solidarias, sino la medida en que responden a verdaderos objetivos y compromisos con la sociedad o si solamente responden a unos beneficios individuales esperables, fruto o bien de un tratamiento fiscal favorable, o una capacidad de encontrar un empleo financiable por las Administraciones Públicas para quienes supuestamente prestan esa labor (subsidiaria, complementaria o sustitutoria), o la generación de organizaciones que abanderan potenciales soluciones alejadas de las necesidades, deseos, narrativas locales, de limitado impacto comunitario o social real, y en muchas ocasiones, al margen de los marcos legales y democráticamente asumidos y decididos por la sociedad, necesitada de entender el verdadero resultado y capacidad de impacto positivo que generen, pretendiendo ir más allá del buenismo esperable y deseable en todo planteamiento solidario y humanitario.

En este contexto complejo que estamos viviendo, en estos días surge un interesantísimo informe que ha sido elaborado por la Fundación FSG (prestigiosa entidad pionera en el cambio social y el valor compartido empresa-sociedad) “The Funder’s Palette” (“Un espectro de aproximaciones para cambiar el sistema”) con la participación de un número relevante de expertos, sobre las diferentes fundaciones y las motivaciones de sus propios fundamentos cara a poder generar diferentes aproximaciones para el verdadero cambio social. La investigación aborda un sin número de preguntas, analiza la posición de cientos de organizaciones sociales y sus responsables y financiadores,  preguntándose en qué medida estas organizaciones han evolucionado o no a lo largo del tiempo, si han o no  fortalecido sus propias organizaciones atendiendo a las demandas reales, en qué medida han sido capaces de generar verdaderos liderazgos no solo individuales, sino colectivos que sean capaces de pensar en la transformación de las sociedades a las que atienden, en qué medida han sido capaces de generar y de potenciar el conocimiento necesario para poder actuar e intervenir en términos positivos, en qué medida han sido capaces de entender el mundo y sus propias transformaciones, qué implicación y convivencia real mantienen con las comunidades en que operan y a las que sirven,  las narrativas existentes con los diferentes roles a jugar, en qué medida han conseguido amplificar con sus actuaciones el poder de las propias comunidades, o si han escalado o no su trabajo e iniciativas y han logrado el incremento de la corresponsabilidad de las poblaciones que han atendido. En qué medida han sido capaces de favorecer el cultivo de la colaboración, la cultura creativa que lleve a colaborar y sugerir las barreras que impiden el cambio… propiciando las necesarias intervenciones del resto de los actores implicables.

El informe no pretende una respuesta a todo, sino generar una paleta de reflexión y herramientas para cuestionarse, desde la responsabilidad cooperativa, el papel desempeñado y/o a desempeñar y en qué medida las organizaciones fundadoras responden a todos y cada uno de estos elementos y en qué medida son capaces también de romper, lo que podríamos llamar, los mercados limitantes de las actuaciones que obligan a la intervención en espacios incapaces de cubrir por las Administraciones Públicas de distinto signo, o por las empresas dentro de su responsabilidad con la comunidad, instrumentando posibilidades reales y potenciales de transformación para adecuarse a aquellos cambios que van a ser necesarios a futuro, a aquellas necesidades o impactos imprevistos que deben ser atendidos y aquellas demandas reales de sociedades variopintas que en cada momento requieren actuaciones dedicadas y verdaderamente comprometidas, siempre coordinadas, compartidas, con el capital institucional y social que democráticamente se ha dado. El apoyo social popular para hacerse cargo de la actuación a resolver debería llevar a una combinación de actuaciones respondiendo a una verdadera pregunta: ¿En qué medida las diferentes organizaciones y fundaciones de Transformación Social solidarias, de compromiso humanitario y comunitario, son el verdadero cambio? ¿Evaluar, calificar a cada una de ellas para saber qué metodologías, qué aportaciones de recursos debemos poner al servicio de todas y cada una de ellas y en qué medida hemos de modificar nuestros comportamientos, nuestras sensibilidades nuestros apoyos y nuestra determinación? Buenísimo mal entendido no ayuda sino por el contrario provoca distorsiones críticas en la forma de entender la sociedad, en la forma de entender las actuaciones a resolver y debemos ser, por encima de todo, verdaderamente conscientes de algo fundamental: las sociedades estamos expuestas a múltiples elementos distorsionadores, a múltiples y complejos problemas que no van a desaparecer desgraciadamente en el corto plazo. La desigualdad es creciente, las motivaciones y problemas que provocan un cambio y una actuación diferenciada son enormes. La necesidad de una actuación de todos los agentes implicados es fundamental, mantener principios de solidaridad, de compromiso, de subsidiariedad principios de coordinación resulta esencial. Pero, por encima de todo, se trata de plantearnos, ¿en qué medida contribuyo verdaderamente a generar la solución?, ¿soy verdaderamente un agente para ese cambio y generador de la solución?, ¿genero un verdadero impacto social?, ¿mi solidaridad es una solidaridad auténtica y comprometida en los puntos en los que de verdad contribuyo y aporto valor o es un buenismo bienvenido, pero no necesariamente transformador?

Geopolítica transformadora. Una aproximación desde América Latina

(Artículo publicado el 12 de Agosto)

Como tantos asuntos esenciales para la prosperidad, bienestar, seguridad y generación de riqueza y empleo, de imprescindible coparticipación de todos los actores implicados en sus resultados, la llamada Geopolítica (y la Geoeconomía), configuran una “nueva cartografía mundial”, altamente determinada por el capital institucional y capital social y gobernanza. El liderazgo (existente o ausente, dado o impuesto) es clave en todo proceso, incentivación, adhesión, de personas, entidades, comunidades y naciones.

En este sentido, recientes cambios presidenciales a lo largo de la semana, tanto en Colombia, como en Perú, suponen mucho más que una normalizada sucesión de gobierno, en contextos complejos, con cambios, en principio radicales, que el voto democrático ha configurado. Asistimos a nuevas orientaciones mucho más que ideológicas “moviendo el tablero geopolítico latino americano”, recomponiendo el instalado espacio de bloques. Se producen, a la vez, movimientos de signo muy distante: la imposición de un régimen autocrático en Nicaragua (¿para qué convocar elecciones si las perdería?, afirman quienes hace años lideraron una “revolución popular” y se han instalado en un gobierno autocrático), la supeditada “transición” impuesta desde el exterior a Venezuela, prescindiendo tanto de procesos electorales democráticos, como del conocimiento e información de quienes han de dar por buena la decisión unilateral de quienes parecen gobernar con quien sea, como sea, sin pestañear ante sus bailes, con unos o con otros, según la música que sus intereses y supervivencia personal aconsejen en cada momento.

Por no mencionar la expectante Cuba, cuyo futuro, de una u otra forma, dará lugar a un escenario cambiante y dará luz, voluntaria o no, a nuevas relaciones internacionales, la más que probable influencia “especial” de fuerzas externas en un más que profundo cambio de trascendente impacto en la zona.

Así, Colombia estrena un nuevo presidente de gobierno, ganador de las pasadas elecciones presidenciales del pasado junio, concitando una ola de esperanza, no ajena a la profunda incertidumbre que hipoteca el optimismo, con amplios deseos de superar un periodo triste, populista, desilusionante, dirigido desde un desmedido poder autocrático, sin rumbo, alejado del mínimo respeto democrático exigible, ajeno a las instituciones, ausente de contrapoder democrático.

El presidente saliente, imbuido de ideología mediática excluyente, decidió navegar desde la ausencia de partido u agrupación política que lo controlara, hacia un horizonte personal y ficticio sorprendentemente recibido y apoyado en el exterior por gobiernos que creían asistir a una nueva era de un autoproclamado progresismo liberador de todo mal o desigualdad (de una u otra forma intentando, a decenas de miles de kilómetros y modelos socio-políticos algo similar), prometiendo llevar a Colombia a la paz total, a la igualdad permanente, liderando un “bloque inexistente” que “redimiría los problemas de las poblaciones por ellos gobernadas”.

Creyó y proclamó la unicidad de un país líder y referente del mundo, sin transitar las inevitables tareas articulables que lo hicieron posible, despreció las instituciones de su país, abrazó la ausencia de gobernanza eficiente y democrática, y confundió la demagogia oradora con la dirección democrática del país. Hoy, deja el gobierno con el fracaso de sus promesas transformadoras, en un país mucho peor del que heredó.

Colombia ha de iniciar una nueva época y ha de hacerlo en tiempos complejos e inciertos. Ha de renovar un amplio contrato social, político, económico, democrático e ilusionante para hacer de sus múltiples fortalezas, de sus condiciones únicas, geoeconómicas, geoestratégicas, de su bono demográfico, de su extraordinaria capacidad y afán creativo, trabajador y de su necesidad y deseo, a la vez, de construir una verdadera paz total. Ha de encontrar su rol asociativo en el mundo (empezando por Latam). Ha de recomponer sus pilares del bienestar que lo había hecho destacar en el mundo y que se diluyeron en un pobre recorrido hacia ninguna parte. Un gobierno convencido de su rol directivo, de un verdadero servicio público garante de respeto, comunicación, libertades, democracia y bienestar, entiendo el rol esencial acompañante e insustituible de la sociedad civil, empresarial e iniciativa privada emprendedora. Tiempos colaborativos, mundos de alianzas incluyentes, acentuando el riesgo creativo y el trabajo orientado a fines conocidos y compartidos.

Colombia no puede permitirse otra época perdida. Ha de recuperar la senda del futuro, de su futuro. Tiene todos los mimbres para hacerlo, las capacidades para llevarlo a cabo, el estímulo, necesidad y ganas de afrontarlo.

Un nuevo gobierno alumbra una renovada esperanza, liderar la oportunidad del cambio y, de manera esencial, fomentar actitudes solidarias tras políticas de “Estado”, contando con la “Comunidad Internacional” que ha de superar sus paralizantes “políticas del pasado” que obstaculizan el desarrollo real de aquello que el pueblo de Colombia y los colombianos querían.

En diferentes y únicas circunstancias, Perú estrena, también, una presidencia. Lo hace con la “mochila del pasado” que obligará a diferenciarse, paso a paso, ante un pueblo castigado en exceso por una innumerable sucesión de presidentes sumiendo al país en un complejo vacío institucional, que provoca, también, un grave deterioro democrático y abundantes miedos para un futuro incierto.

Y, en un horizonte no lejano, expectantes ante la proximidad de nuevas elecciones en Brasil, así como el devenir del importante proceso norteamericano (USA, México, Canadá), que reconfigurarán un espacio relevante y, sin duda, diferente, en esta querida y destacada América, clave en el concierto mundial.

En este contexto, esta misma semana, la CEPAL (Comisión Económica para Países de América Latina y el Caribe), agencia de las Naciones Unidas (en plena contienda electoral eligiendo su Secretario General, a priori  con elevados tintes latinoamericanos), ha hecho público un informe: “Ruptura y Oportunidades para que América Latina y el Carie prosperen en la nueva geopolítica”, elaborado por una amplia comisión de expertos comisionados y copresidida por los expresidentes (Michelle Bachelet de Chile e Iván Duque de Colombia) abordando un variado contenido y análisis de políticas públicas, tendencias cambiantes desde la tecnología, los retos demográficos y sociales, la afección democrática y los déficits institucionales y de gobernanza, así como el grado de integración, cooperación, asociación estratégica de la región y de ésta con el mundo. Si bien, sería relevante superar el diagnóstico e incidir en el espacio de las oportunidades, asumiendo compromisos concretos con verdadera capacidad transformadora y generadora de impacto, baste recordar que el “marco paraguas” de las reflexiones de CEPAL en estos últimos años, ha sido “Las décadas perdidas de América Latina” y las potenciales soluciones económicas, sociales y de gobernanza, imprescindibles para minimizar las desigualdades, favorecer el desarrollo incluyente y su integración endógena y regional, atacando los “rincones perdidos” a lo largo y ancho de la región, destacando la necesaria profundización en nuevas gobernanzas democráticas, de máxima eficiencia y compromiso resal con sus países y poblaciones.

Sin duda, un buen momento para afrontar con rigor los desafíos geopolíticos, geoeconómicos desde el objetivo de la prosperidad, bienestar y desarrollo erradicando la desigualdad, marginación y desgobierno, con recetas y comportamientos democráticos.

Hoy, cambios relevantes en América Latina, como, por supuesto, a lo largo del mundo.

Sucesiones presidenciales, nuevos planes y horizontes, enmarcados en una exigible interacción geopolítica internacional que, de una u otra forma, condicionará su desarrollo.

Geopolíticas sí, al servicio de grandes desafíos que, por activa o pasiva, habrán de afrontarse. Automatización y robótica, inteligencia artificial, economía verde, desafección y cansancio social, desorientación o recomposición geoeconómica y de la propia geopolítica preexistente, en plena recualificación laboral, impactan de manera contundente en el mundo del trabajo, el sentido del empleo y la cualificación de los profesionales a lo largo del mundo, además de profundas revoluciones pendientes en la industria de la política y sus administraciones públicas e instituciones, y, supuesto el esencial mundo del bienestar integral.

Esta vez, la coincidencia temporal pone el punto de mira en America Latina, pero no se limita a movimientos regionales exclusivos. El mundo en general experimenta similares y profundos desafíos y exigencias.

Geopolítica, geoeconomía, democracias atacadas, mini autarquías secuestrando gobiernos y una sensación desorientadora y creciente, impactando en una galopante incertidumbre.

A la espera de un septiembre post veraniego que nos encuentre repuestos de la desconexión y descanso deseados, alumbrando iniciativas y compromisos  en un escenario de oportunidades.

Recualificación generadora del talento deseado

(Artículo publicado el 26 de Julio)

Un buen número de informes y estudios tanto de empresas privadas y sus representantes patronales o empresariales, así como de universidades y centros de formación en sus campañas de reclutamiento y/o selección de profesionales o estudiantes, a la búsqueda de mejores opciones para sus promociones a futuro, destacan con fuerza una importante distancia entre el “talento” demandable hoy, y sobre todo para el esperable en el horizonte de los próximos 10 o 20 años. Principalmente, se pone el acento en “el otro”. Es decir, expresan un desacople o déficit en la formación de las personas requeridas en sus etapas de aprendizaje y capacitación previas a acceder al mundo del trabajo en la “empresa de acogida”. Por lo general, parecería que la educación reglada ofrecida no responde a la realidad exigible, ni a la velocidad diferencial que el mundo competidor demanda. Todo parecería indicar que el talento necesario ha de llegar totalmente creado y personalizado desde la educación formal previa.

Hace unos días, repasando algunas publicaciones de Agencias Públicas, empresas de innovación y estudios de opinión con miles de directivos encuestados, observaba algo que siempre ha formado parte del pensamiento y mensaje generalizado pero que no siempre ha sido traducido en la práctica, ni responde al valor esencial que se dice conlleva la pertenencia y éxito: la importancia diferencial del mayor activo, sus personas. embebidas en sus equipos dentro de las organizaciones su cultura, propósito y valores, el trabajo y el esfuerzo disciplinado y sostenido que marcan la diferencia en todo tipo de empresas y entidades (empresariales-económicas, políticas, sociales…). Hoy, acuciados por un futuro distante de la realidad en curso, tendemos a reclamar soluciones inmediatas a un marco de prioridades, preocupados y ocupados por estos elementos ausentes en “la materia prima” determinante de cualquier proyecto de futuro, esperando recibir respuestas a todo tipo de necesidades, las más de las veces no debidamente definidas por quienes las reclamamos.

Así, no es de extrañar que una de las palabras clave que más nos ocupe sea el “reskilling”, (recapacitación o recualificación) que sería la fuente más adecuada para cubrir el gap entre las capacidades existentes y las futuribles que habrá de exigir un mundo, aún muy desconocido, inmerso en un más que acelerado cambio, dentro una inmensa incertidumbre. ¿Cómo prepararnos para un futuro que parecería anunciarse con profundas diferencias respecto de nuestro presente? ¿Quién es el agente responsable de dicha recualificación? ¿Son los programas, centros de formación actuales, las empresas y organizaciones que los han de contratar, acoger, liderar, formar y orientar hacia dicho futuro particular y único que se pretende? ¿Son en exclusiva los gobiernos los responsables de diseñar sistemas educativos alineados con las estrategias país que pretenden para sus poblaciones? ¿Todos a la vez? ¿Los propios trabajadores o colaboradores implicados rediseñando su autoaprendizaje y planes personales de carrera y desarrollo profesional y de vida?

A lo largo de mi carrera profesional, he tenido la oportunidad de colaborar tanto desde el ámbito asesor y de alta dirección, como académico o institucional, en el siempre ilusionante, a la vez que imprescindible, además de ambicioso, campo del trinomio convergente formación-trabajo-empleo, aprendiendo y experimentando múltiples fórmulas, programas y proyectos focalizados, esencialmente, en la preparación de liderazgo de futuro y capacidades-conocimiento-talento demandable por la sociedad, desde sus variadas organizaciones y agentes actores de sus estrategias. Sin duda, cada día más se refuerza el ambicioso objetivo de formar a los profesionales en su puesto de trabajo, incorporando conocimiento académico adicional al preexistente, su “recualificación permanente”, aportando un incentivo motivador y fidelidad en su despliegue y carrera profesional, accediendo, mejorando, a la vez, la calidad y capacidad de respuesta en la demanda de servicios tanto de los clientes y mercados, como de la propia empresa y Comunidades a las que se sirve,. Hoy, se pone el foco en el “reskilling”, valor adaptativo al cambiante mundo al que han de enfrentarse, tanto para un empleo o conocimiento y necesidades hoy conocidas, como para aquellas desconocidas que, sin duda, habrán de darse mañana, estén donde estén. Hoy estos programas pretenden interiorizarse en sus prácticas ordinarias de negocio y clave de sus políticas tanto de capital humano, como social, comunitario y personal, transcendiendo de la empresa, desafiando al futuro y sus retos, con fuerza, anticipando capacidades de respuesta por llegar.

Sin duda, este tipo de iniciativas, de una u otra forma, se van extendiendo y generalizando a lo largo del mundo. Las organizaciones (en especial las empresas en todo tipo de industrias) son conscientes que el sistema educativo ordinario, por excelente que sea, no es ni el final formativo, ni excluye la imprescindible educación, formación ad hoc, que toda industria, empresa, organización, ha de impartir y ofrecer a sus trabajadores, en todos los niveles y estructuras, en el seno de estas. Acompañar el tránsito del sistema general a las demandas específicas y diferenciales de cada organización, conocer y participar de los valores y propósito diferencial, modelo de negocio, compromiso social, entender el contexto (también geográfico, cultural, social, político y económico) en que se desarrolla “no viene de fábrica”, ni tampoco, será permanente.

Hace un par de semanas, entre otras muchas publicaciones al respecto, leía “Europe´s skilling dividend: Turning talent into growth” (“La capacitación/cualificación del dividendo europeo: convirtiendo el talento en crecimiento”) (Mckinsey) con referencia especial a la enorme oportunidad (más que problema o temor) que para Europa supone esa fuente rica y diferencial que es su talente acumulado, enriquecido por su larga trayectoria formativa, sus valores diferenciales y la calidad de sus industrias y profesionales que le hacen acreedora a un espacio irrenunciable en el coprotagonismo mundial de futuro, ante los bloques chino-asiático, estadounidense o emergente, que parecería convertir al espacio europeo en un convidado de piedra o recuerdo del pasado. Sus apuestas distan de ser un canto optimista-voluntarista, sino un clamor por el esfuerzo y compromiso con la exploración y acción del camino a la potenciación de las capacidades existentes. Es el marco base de un “Reskilling” total, permanente, para todos.

Si bien no podemos desconocer el impacto real de las Megatendencias que las transformaciones (previstas o no) habrán de implicar en el mercado laboral (aún por determinar lo que será el espacio futuro del trinomio: trabajo-formación-empleabilidad), si somos conscientes del continuo aprendizaje a lo largo de toda la vida, del largo y cambiante recorrido profesional que nos espera a todos, transitando un mínimo de 40 años de trabajo tras una formación (teórica, académica o práctica) con la que iniciamos esta carrera. Recualificación inacabable que iremos recorriendo en nuestro largo viaje profesional y de vida.

Es así como, unos y otros, nos planteamos la manera de construir nuestras ventajas competitivas (propias, diferenciales, únicas) que no solo exploten el dividendo del talento real de nuestro capital humano y social, sino que transcienda en su esencial rol generador de bienestar y prosperidad para la comunidad.

Hoy, vivimos un mundo pletórico de iniciativas y estrategias (esencialmente colaborativas), configuradoras de múltiples alianzas entre todo tipo de agentes implicados (el mapa de actores de “una nueva educación en todos los niveles”, infinidad de programas tanto internos, como compartibles y, de la convivencia creciente de los profesionales de todo tipo y nivel que se sienten interpelados y contribuyentes de participación variada y distinta ante desafíos cambiantes). Son tiempos de reinvención (personal e institucional) con un reto singular para todo país o espacio innovador obligado a recrear sus propias plataformas y la adecuada articulación de esos mapas comprehensivos de todo tipo de jugadores y recursos determinantes del logro exitoso de las estrategias únicas y deseadas.

Como toda estrategia, atenta a las capacidades, fortalezas y debilidades propias, ha de mirar, también, de forma especial, al entorno, y construir sus propias plataformas generadoras del soporte y activos clave que posibiliten el logro de sus objetivos. Sobre todo, anticipando futuro y no reaccionando a lo que suceda esperando la dirección y decisión de otros. Tiempos de revisión profunda de nuestros programas, sistemas, formación, empleo y cualificación orientada y diferencial. Tiempos de incentivo, con valores y propósito, hacia rumbos claros y generadores de ilusión y planes de vida.

Vivimos y, sobre todo, viviremos, no solo un mayor protagonismo transformador de “Instituciones Educativas y sus Programas”, sino del esencial camino transformador de la empresa-formación, como elemento esencial, propio y diferenciador impulsando flujos completos de trabajo-aprendizaje-conocimiento en nuestros puntos y equipos de empleo.

Sin duda, generaremos un verdadero dividendo, desde un reconfigurado talento, cocreando valor, crecimiento y bienestar. Eso sí, como siempre, no nos vendrá dado. Hemos de construirlo.

¿Qué convierte a un territorio en un activo estratégico?

(Artículo publicado el 12 de Julio)

Una de las múltiples llamadas a la comunidad investigadora y actores de las políticas económicas, de innovación y competitividad para el bienestar, refuerza el análisis clave a considerar y jugar en los diferentes territorios en que han de aplicarse, las condiciones exigibles y la esencial articulación orientada de las estrategias a implementar. Este es el caso de “From districts to Ecosystems: re-reading Territories, as an Engine of Entrepreneurship” (“Desde los distritos a los ecosistemas: releyendo el territorio como motor del emprendimiento”) que convoca, para su próximo encuentro anual, la Escuela de Investigación 2026 de la LIUC-Cattaneo University de Milán, a celebrar el próximo septiembre en Castellanza en la pujante Lombardía. La importancia del territorio y su esencia diferencial-estratégica determina su propio tejido y actividad económica, su nivel y modelo de bienestar y prosperidad, su verdadera capacidad de desarrollo, su sostenibilidad, a la vez que todos estos elementos determinan, también, la relevancia o no del espacio-territorio en cuestión. El tema elegido hoy cobra un especial interés, si cabe, en un mundo cada vez más interconectado en plena competencia abierta con todo tipo de potenciales espacios de desarrollo, a la búsqueda de aquel llamado “magnetismo” que tanto imploraba la profesora Rosabeth Moss Kanter, hace ya unos años, al describir las piezas-condiciones esenciales exigibles a las ciudades, regiones y espacios de desarrollo, como condición imprescindible para atraer, retener, provocar aquellos flujos (de capital, de talento, de inversiones asociables…) configuradores de una diferenciación para el desarrollo y bienestar localizable. Tema relevante que siempre ha resultado, resulta hoy y resultará a futuro, esencial para entender el éxito o fracaso de las apuestas estratégicas a realizar en un juego de relaciones construyendo puzles geoeconómicos de interés.

La pasada semana, el Palacio Euskalduna (Centro de Congresos y de la Música) en Bilbao, recibía la Conferencia Anual 2026 de la AIPC, entidad que integra al mayor número de Centros de Convenciones y Organizaciones afines en el mundo. Sus debates y reflexiones exceden el papel específico y diferenciado de cada espacio de encuentro, las ciudades y regiones destino, los espacios físicos e icónicos que representan, su optimización anfitriona en constante evolución, el impacto que generan en el entorno en que se ubican, su capacidad tractora para el desarrollo económico, de negocios y, por supuesto, a su papel simbiótico con su territorio. La enorme variedad de modelos, países, economías, resultados allí congregados, mostraban sus diferenciadas apuestas, desafíos y preocupaciones más allá de su rol particular, trascendiendo hacia el impacto local y global que su tarea ha de incluir en sus distintos modelos de negocio, la intensidad del “buen hacer” alineado que un sinnúmero de agentes responsables han de explicar, finalmente su éxito convergente. El encuentro de Bilbao pretendía ir más allá de los “venues”, las organizaciones y espacios miembro, para incidir en la estrategia completa que ha de desarrollarse para propiciar el éxito de las piezas singulares existentes o emergentes acompañando sus capacidades y fortalezas. Construir un espacio atractivo generador de aquello que permite la construcción exitosa de un agente tractor y no viceversa. Bilbao-País Vasco ha sido un ejemplo referente en esta comprensión transformadora. Territorio activo y base posibilitadora de múltiples elementos esenciales para la implementación requerida, a la vez que refuerzo resultante del buen hacer y efecto tractor de variadas piezas críticas en generación conjunta del éxito compartido, al servicio de la población y actores implicados.

Así, superada “la moda” de la referencia a “ecosistemas” (en este caso de una “industria del encuentro, congresos, conferencias… etc.”), que, para muchos, desgraciadamente, se limita a un mero “mapeo enunciativo y/o descriptivo” de “n” agentes o actores, activos o pasivos, articulados o no, con simple presencia próxima pasiva, resultaba evidente que “lo local importa”, que una pieza aislada por extraordinaria que sea y por lo bien que contempla y logre su modelo, si  carece de sentido, resultados y presencia “compartida”, ofrecerá escasos elementos clave transformadores, innovadores y generadores de verdadero impacto estratégico. Porque hay una estrategia, y una adecuada integración de piezas clave, estas relucen y ofrecen un éxito conjunto reseñable.

Si bien la literatura académica, desde la lejana historia de los llamados “distritos industriales”, la sucesiva observación de los racimos industriales con su inevitable ampliación hacia los servicios especializados asociados, la más que descrita y tratada geografía económica y la clusterización de la actividad económica como motor articulador del binomio geografía local y actividad económica al servicio de estrategias convergentes, diferenciadas y únicas, de todos y cada uno de los agentes implicables, generando lazos coopetitivos (compitiendo y colaborando a la vez) con/entre todos los agentes críticos, seguimos asistiendo a un panorama, en muchos casos desolador. Asistimos a demasiadas grandes iniciativas aisladas que se desarrollan, a lo largo del mundo, de una forma escasamente articulada, lejos de en un “territorio” como verdadero espacio cohesionado, preguntándonos el por qué tantas veces con similares (o los mismos) jugadores o piezas sueltas colocadas en el tablero de juego, unas pocas apuestas funcionan y otras muchas no,  ¿qué hace a un territorio determinado (ciudad, ciudad-región, corredores, país, etc.) convertirse en un auténtico ACTIVO ESTRATÉGICO?

Si recurrimos a Michael E. Porter, aprendimos hace muchísimo tiempo que los activos estratégicos son los que en realidad importan y solamente lo son aquellos que forman parte alineada y esencial de la estrategia completa. Estos activos son los que han de guiar un análisis pleno de los “Diamantes de la Competitividad para generar la riqueza, empleo, bienestar y prosperidad de las poblaciones, empresas, gobiernos” que lo conforman.

Esta sencilla y compleja (a la vez) consideración, no solamente nos lleva a contemplar el territorio no como un contenedor de agentes clave, sino como un verdadero elemento tractor, sea concebido como un espacio físico limitado, o como un territorio (entre vecinos y fronteras político-administrativas), o plataformas abiertas intercomunicadas con otras a lo largo del mundo (mucho más allá de su obvia vecindad geográfica, cultural, física), o en las sucesivas “cadenas globales de valor” que interactúan de manera inagotable, a lo largo del mundo, entre diferentes industrias (clusterizadas o clusterizables) y en medio de múltiples “coaliciones estratégicas”, generando sus propias articulaciones de gobernanza, coliderazgo, cofinanciación y, sobre todo, de co-creación de valor. Siendo así, ¿cómo construir, potenciar, fortalecer, convertirlos en verdaderos Activos Estratégicos, motores de la innovación, del conocimiento, del emprendimiento…?, ¿a partir de qué cultura, legado, valores, propósitos, elementos diferenciales de valor y compañeros de viaje, podemos avanzar en su construcción?, ¿de qué forma seríamos capaces de institucionalizar su sostenibilidad, mejora, avance, desarrollo permanente?, ¿cuáles son las dinámicas absolutamente cambiantes requeridas en cada momento distinto?

Son muchos los elementos relevantes que han de concurrir en las estrategias posibles, siendo imprescindible empezar por auto conocernos de manera sincera, saber lo que sabemos y podemos hacer, aprender de y con los demás, evitar copiar, pero sí arriesgar en su adecuación a nuestra apuesta, visión, desde nuestros valores, trabajar en la búsqueda y logro de todo aquello que no tenemos y entendemos esencial tener para logara el objetivo compartible deseable y transitar la complejidad exigente que nos lleva al punto esperado.

Con un marco de estas características, simplificamos el contenido, los procesos a seguir y la convicción compartida, garante y compensadora del esfuerzo que habremos necesitado para superar los desafíos. Convertiremos así los problemas y dificultades en oportunidades.

Como en Bilbao repensando el futuro de iniciativas singulares, sus ciudades y su potencial implicación con terceros, con un horizonte abierto e internacionalizado, focalizado en miles de “lugares locales” sólidamente interconectados, o como en la Castellanza lombarda antes citada, que ya hace muchos años nos permitió descubrir el “mundo de colores” que anunciaba una profunda transformación, variedad, migración del conocimiento, habilidades “acogidas” y transformadas en los cualificados distritos industriales del lugar, y a lo largo del mundo, hoy, todo territorio se reafirma en su rol transcendente y estratégico, a la búsqueda de la correcta articulación de su identidad, sus valores, propósitos y actores críticos, definiendo y ofreciendo sus característica (reales) únicas y diferenciadas.

Ciudades-Región, los diferentes espacios de desarrollo no son estratégicos sin más por una geografía caprichosa heredada, sino por la capacidad y competencia de quienes generan en él las condiciones necesarias para dotarlo de valor, conformados como auténticos activos estratégicos interactuando con otros muchos complementarios, a lo largo del mundo tejiendo plataformas coopetitivas.

Activos Estratégicos, Territorios Activos, determinantes de políticas y estrategias únicas, innovadoras, que, además, saben dotarse del ¿CÓMO? (esa muchas veces olvidada organización y gobernanza que sabe hacer e implementar el qué y el porqué de las apuestas que los lleven a superar desafíos y explorar oportunidades, coherentes con sus propias fortalezas).

Sin duda, en un mundo pletórico de potenciales ideas y voluntades de convertir espacios de futuro en centros de atracción, retención y valor real de un territorio base, resulta imprescindible provocar que sus principales jugadores en imparable movimiento global entiendan inseparable un determinado encaje base, que dé sentido a su valor como Activo Estratégico. Es así como el Territorio (que siempre importa) será un auténtico activo estratégico y no un contenedor reemplazable.

¿El Mito del Caos Global?

(Artículo publicado el 28 de Junio)

No hay ni conversación general alguna, ni introducción a cualquier tipo de análisis y propuesta de futuro, ya sea en temática económica, social o política, que no incluya una breve, al menos, introducción que resulte un contexto de incertidumbre, complejidad singular y/o referencia a una potencial parálisis fruto de la “nueva era” que vivimos. Mencionar geoeconomía, geopolítica, resiliencia y desafección tanto a modelos existentes, como a instituciones de gobernanza, liderazgos y apuestas estratégicas, parecería condicionar cualquier tipo de postura, posicionamiento, en y desde la duda y, por supuesto, una buena excusa para trasladar la responsabilidad de la toma de decisiones (sea la que sea) a terceros con la consecuente exención del compromiso individual.

Si en el contexto anterior pretendes incentivar, convencer, o compartir proyecciones de futuro (inevitablemente complejas), a tus interlocutores, con mensajes de contribución y orientación a “apropiarnos de nuestro futuro” y no dejarlo en manos de los demás, heredando así lo que otros decidan y no aquello que nosotros deseamos construir, se te trata de “optimista o iluso” (en el mejor de los casos) o “desinformado” o anclado en “otros tiempos”, y falsas ilusiones  por tiempos superados, en los que la colaboración e interacción (por pequeña o aparente que fuera) de entonces, resultaría imposible en el “siempre nuevo mundo” que hoy vivimos. Así, encontrar un interesante artículo en las publicaciones de “Project Syndícate” (página de opinión pública internacional repleta de grandes firmas), bajo el título que copio en este artículo, creo que resulta de gran oportunidad: “The Myth of Global Chaos” (“El Mito del Caos Global”).

Qué duda cabe que, parecería que asistimos a un nuevo espacio caótico en el que podemos caer en la tentación de pensar que la situación actual ha aparecido, sin aviso previo, de la noche a la mañana, y que, es única, que “otros tiempos siempre fueron mejores y mucho más sencillos y confortables, plenos de certezas, certidumbre, estabilidad y plenitud de oportunidades para todos”, lo que llevaría a la simplicidad de añorar el pasado, aborrecer el futuro expectante y   justificar una sensación de pasividad. Fruto de este debate persistente, estos días, repasaba un documento-informe que ya he comentado, en esta columna, en otras ocasiones y que revisito, como una buena guía y ejercicio para adentrarnos en realidades diagnósticas de partida y referencia para transitar en el mundo de la prospectiva, cara a orientar nuestros ejercicios estratégicos (personales, empresariales, de país…). “The World Risks 2026” – “Riesgos Mundiales 2026” del World Economic Forum, publicado el enero pasado, siguiendo un tracto histórico en sucesivas ediciones, año a año, sobre la base de decenas de miles de encuestas a líderes entrevistados a lo largo del mundo, nos permite comprobar lo ya constatable: conocíamos y veíamos ya, de una u otra forma, los riesgos que nosotros mismos hemos venido construyendo, propiciando, permitiendo o ignorando a lo largo del tiempo. Si echamos un vistazo rápido, observamos: con claridad cómo pueden identificarse los papeles asignados o jugados por los “ya hace tiempo considerados  jugadores y piezas del tablero”, comprobando que, desgraciadamente,  ni el tablero ha cambiado, ni los jugadores clave emergen de la nada, ni la gravedad de los riesgos (sociales, políticos, económicos, territoriales, medio ambientales, tecnológicos, mediáticos, de gobernanza…) han desaparecido o surgido por “gestación divina” de la noche a la mañana, ni mucho menos por “generación espontánea”. La inequidad y desigualdad existente, en creciente aumento, y con mayores gaps (personales, geográficos, de estratos socio económicos diversos, cada vez más acentuados y menos controlables por el mundo institucional; la fragmentación regional-global de nuestras economías y su  interdependencia diversa y variable; los liderazgos (o su deseo por asumirlos) (USA-URSS-CHINA, Oriente Medio, África, Latam…) con sus respectivos conflictos y posiciones, legítimas o no,  no resueltas, siempre a juicio de terceros; con una lucha por el dominio del nuevo espacio tecnológico concentrado en unos pocos; la desgobernanza galopante (y tolerada) en el seno de las instituciones globales; la deuda descontrolada impagable por sí sola en movimientos y comportamientos no previstos o planificados; la facilidad de operación y presencia, en apariencia imposible de parar, del espacio de la economía ilícita y el incremento de los múltiples “mandos intermedios” disidentes en sus enclaves criminales extendidos por todo tipo de territorios, provocan escenarios de elevada gravedad e insatisfacción.

Sin duda todo un catálogo que incrementa la fragilidad de las democracias y su cuestionamiento; un desapego creciente con la autoridad en general, los gobiernos en particular y sus políticas en curso. Difícil asignatura que desafía la capacidad real de ideologías dominantes, dificultando los logros prometidos cuando han de ser ejecutables, polarizando enfrentamientos ideológicos y políticos, desde ópticas y ofertas de modelos sociales claramente diferenciados, que, además, se ven  alentados por la información o desinformación generalizada no solo desde redes sociales sino, también, desde los grupos mediáticos tradicionales y sus profesionales autoproclamados como auténticamente legitimados, objetivables y neutros, escudándose en su “autodefinición y clasificación” que cada vez más excluye y polariza a las sociedades. Todo un reclamo bajo el llamado bienestar ilimitado: “Todo a la vez, ahora, en todas partes”, con la proliferación de voces agrupadas en el “todo derechos”, “ninguna obligación”, en un universo de cambios y transformaciones cuya complejidad real demanda priorizar, ordenar, planificar, compartir… y decidir.

Nuestro mundo es complejo y no caben recetas mágicas. No caben, tampoco, falsos mensajes buenistas, de inmediatez resolutiva de todo, complaciendo al oído que quiera ser regalado con falsas ilusiones. Hoy, asistimos a la evidencia de conflictos bélicos muy próximos, presenciamos la frivolidad de muchos líderes y gobernantes, nuevas guerras e invasiones televisadas en el momento, y podemos engañarnos pensando que “esto antes no pasaba”. ¿Es que no tenemos referencia de lo sucedido en “otros tiempos”? ¿No vivimos un más que caos con las Primaveras Bálticas, “reunificación” alemana, la “desaparición” de la URSS, la “exploración del coloso chino”, la confrontación USA-OTAN, las disputas territoriales extendidas a lo largo del mundo? ¿No era y es suficiente movimiento transformador la creciente insatisfacción que demanda más, mayor y mejor autogobierno o independencia, cosoberanía o plurinacionalidad legítimamente demandadas a lo largo del mundo? Sin duda, cohabitamos todo un movimiento geopolítico y geoeconómico cambiante, en un espacio de fragilidad, redefiniendo su seguridad energética, asumiendo la importancia del Planeta y su salvación futurible compatible con vivir hoy, a la vez que superamos el impacto negativo del cambio climático, en el marco de una más que inevitable recomposición de un mundo que parecía entregarse a una globalización ilimitada, mal repartida, con la ausencia de estrategias regionalizadas y resilientes. Un marco cambiante que obliga a trascender de las políticas macroeconómicas exclusivas alejadas de la economía real, o la burocracia paralizante de los principales centros de decisión (Estados, regiones, Instituciones de todo nivel, empresas, etc.), o la descontrolada concentración de, también, organizaciones sin ánimo de lucro centradas en la supervivencia de su propia estructura, etc., etc., ¿No eran todas estas suficientes señales más que evidentes de un CAOS en curso? ¿Vivimos un mito o un caos solucionable, ordenable, desde el compromiso solidario hacia caminos de oportunidad que están, como lo han estado a lo largo de la historia, en nuestras manos y compromisos colectivos y personales?

Sin duda, podemos limitarnos a constatar un caos global o incluso a desmitificarlo o ignorarlo, pero lo sensato y que en realidad puede mitigarlo y reconducirlo exige no solo preocupación, sino ocupación. Nuestro mundo (el de ayer, el de hoy y, sin duda, el de mañana) demanda de todos nosotros (cada uno con la intensidad de su nivel de responsabilidad). Entender los elementos clave que mueven y moverán el mundo disruptivo del que formamos y formaremos parte, bajo el impulso directo de un propósito, principios, valores y deseos de una sociedad en la que nos gustaría vivir y en la que nos encontremos, ya por dejación de los demás, ya por que otros hayan elegido el rol que nos corresponda jugar según su propio interés o conveniencia. Un propósito orientador del bien común de la gente, demanda intensas y variadas transiciones convergentes a lo largo de procesos variados, no determinísticos, construibles paso a paso. “La magia del proceso”, ni improvisable, ni postergable, ni renunciable. Magia para tejer nuevos espacios multilaterales, colaborativos e innovador. Largos e intensos caminos obligados a un renovado pensamiento económico generando modelos específicos con una diferenciada demografía y migración multi forma y multi origen-destino, participando de una profunda revolución tecnológica reformulando el nada sencillo y valioso mundo esencial del trabajo-empleo con su imprescindible protección y seguridad social (muy probablemente distante de la “cartera actual”). Modelos que obligarán a replantear el concepto y formas de empresas (públicas y privadas), a reformular de una salud holística del mañana, acompañando una educación permanente a lo largo de todas nuestras vidas. Un largo viaje aprendiendo con y de los demás, provocando y participando de alianzas que combinen el verdadero talento múltiple, poniendo la digitalización e inteligencia artificial al servicio del ansiado bien común.

Una agenda compleja, a la vez que motivadora, retadora e ilusionante que trascienda de un caótico mito, o no, aprendiendo a gobernar un mundo fragmentado, en apariencia desorientado o desincentivado, asumiendo esfuerzos y proyectos compartibles, cocreando valor para “ganar y apropiarnos” de nuestro futuro deseado.