(Artículo publicado el 12 de Julio)
Una de las múltiples llamadas a la comunidad investigadora y actores de las políticas económicas, de innovación y competitividad para el bienestar, refuerza el análisis clave a considerar y jugar en los diferentes territorios en que han de aplicarse, las condiciones exigibles y la esencial articulación orientada de las estrategias a implementar. Este es el caso de “From districts to Ecosystems: re-reading Territories, as an Engine of Entrepreneurship” (“Desde los distritos a los ecosistemas: releyendo el territorio como motor del emprendimiento”) que convoca, para su próximo encuentro anual, la Escuela de Investigación 2026 de la LIUC-Cattaneo University de Milán, a celebrar el próximo septiembre en Castellanza en la pujante Lombardía. La importancia del territorio y su esencia diferencial-estratégica determina su propio tejido y actividad económica, su nivel y modelo de bienestar y prosperidad, su verdadera capacidad de desarrollo, su sostenibilidad, a la vez que todos estos elementos determinan, también, la relevancia o no del espacio-territorio en cuestión. El tema elegido hoy cobra un especial interés, si cabe, en un mundo cada vez más interconectado en plena competencia abierta con todo tipo de potenciales espacios de desarrollo, a la búsqueda de aquel llamado “magnetismo” que tanto imploraba la profesora Rosabeth Moss Kanter, hace ya unos años, al describir las piezas-condiciones esenciales exigibles a las ciudades, regiones y espacios de desarrollo, como condición imprescindible para atraer, retener, provocar aquellos flujos (de capital, de talento, de inversiones asociables…) configuradores de una diferenciación para el desarrollo y bienestar localizable. Tema relevante que siempre ha resultado, resulta hoy y resultará a futuro, esencial para entender el éxito o fracaso de las apuestas estratégicas a realizar en un juego de relaciones construyendo puzles geoeconómicos de interés.
La pasada semana, el Palacio Euskalduna (Centro de Congresos y de la Música) en Bilbao, recibía la Conferencia Anual 2026 de la AIPC, entidad que integra al mayor número de Centros de Convenciones y Organizaciones afines en el mundo. Sus debates y reflexiones exceden el papel específico y diferenciado de cada espacio de encuentro, las ciudades y regiones destino, los espacios físicos e icónicos que representan, su optimización anfitriona en constante evolución, el impacto que generan en el entorno en que se ubican, su capacidad tractora para el desarrollo económico, de negocios y, por supuesto, a su papel simbiótico con su territorio. La enorme variedad de modelos, países, economías, resultados allí congregados, mostraban sus diferenciadas apuestas, desafíos y preocupaciones más allá de su rol particular, trascendiendo hacia el impacto local y global que su tarea ha de incluir en sus distintos modelos de negocio, la intensidad del “buen hacer” alineado que un sinnúmero de agentes responsables han de explicar, finalmente su éxito convergente. El encuentro de Bilbao pretendía ir más allá de los “venues”, las organizaciones y espacios miembro, para incidir en la estrategia completa que ha de desarrollarse para propiciar el éxito de las piezas singulares existentes o emergentes acompañando sus capacidades y fortalezas. Construir un espacio atractivo generador de aquello que permite la construcción exitosa de un agente tractor y no viceversa. Bilbao-País Vasco ha sido un ejemplo referente en esta comprensión transformadora. Territorio activo y base posibilitadora de múltiples elementos esenciales para la implementación requerida, a la vez que refuerzo resultante del buen hacer y efecto tractor de variadas piezas críticas en generación conjunta del éxito compartido, al servicio de la población y actores implicados.
Así, superada “la moda” de la referencia a “ecosistemas” (en este caso de una “industria del encuentro, congresos, conferencias… etc.”), que, para muchos, desgraciadamente, se limita a un mero “mapeo enunciativo y/o descriptivo” de “n” agentes o actores, activos o pasivos, articulados o no, con simple presencia próxima pasiva, resultaba evidente que “lo local importa”, que una pieza aislada por extraordinaria que sea y por lo bien que contempla y logre su modelo, si carece de sentido, resultados y presencia “compartida”, ofrecerá escasos elementos clave transformadores, innovadores y generadores de verdadero impacto estratégico. Porque hay una estrategia, y una adecuada integración de piezas clave, estas relucen y ofrecen un éxito conjunto reseñable.
Si bien la literatura académica, desde la lejana historia de los llamados “distritos industriales”, la sucesiva observación de los racimos industriales con su inevitable ampliación hacia los servicios especializados asociados, la más que descrita y tratada geografía económica y la clusterización de la actividad económica como motor articulador del binomio geografía local y actividad económica al servicio de estrategias convergentes, diferenciadas y únicas, de todos y cada uno de los agentes implicables, generando lazos coopetitivos (compitiendo y colaborando a la vez) con/entre todos los agentes críticos, seguimos asistiendo a un panorama, en muchos casos desolador. Asistimos a demasiadas grandes iniciativas aisladas que se desarrollan, a lo largo del mundo, de una forma escasamente articulada, lejos de en un “territorio” como verdadero espacio cohesionado, preguntándonos el por qué tantas veces con similares (o los mismos) jugadores o piezas sueltas colocadas en el tablero de juego, unas pocas apuestas funcionan y otras muchas no, ¿qué hace a un territorio determinado (ciudad, ciudad-región, corredores, país, etc.) convertirse en un auténtico ACTIVO ESTRATÉGICO?
Si recurrimos a Michael E. Porter, aprendimos hace muchísimo tiempo que los activos estratégicos son los que en realidad importan y solamente lo son aquellos que forman parte alineada y esencial de la estrategia completa. Estos activos son los que han de guiar un análisis pleno de los “Diamantes de la Competitividad para generar la riqueza, empleo, bienestar y prosperidad de las poblaciones, empresas, gobiernos” que lo conforman.
Esta sencilla y compleja (a la vez) consideración, no solamente nos lleva a contemplar el territorio no como un contenedor de agentes clave, sino como un verdadero elemento tractor, sea concebido como un espacio físico limitado, o como un territorio (entre vecinos y fronteras político-administrativas), o plataformas abiertas intercomunicadas con otras a lo largo del mundo (mucho más allá de su obvia vecindad geográfica, cultural, física), o en las sucesivas “cadenas globales de valor” que interactúan de manera inagotable, a lo largo del mundo, entre diferentes industrias (clusterizadas o clusterizables) y en medio de múltiples “coaliciones estratégicas”, generando sus propias articulaciones de gobernanza, coliderazgo, cofinanciación y, sobre todo, de co-creación de valor. Siendo así, ¿cómo construir, potenciar, fortalecer, convertirlos en verdaderos Activos Estratégicos, motores de la innovación, del conocimiento, del emprendimiento…?, ¿a partir de qué cultura, legado, valores, propósitos, elementos diferenciales de valor y compañeros de viaje, podemos avanzar en su construcción?, ¿de qué forma seríamos capaces de institucionalizar su sostenibilidad, mejora, avance, desarrollo permanente?, ¿cuáles son las dinámicas absolutamente cambiantes requeridas en cada momento distinto?
Son muchos los elementos relevantes que han de concurrir en las estrategias posibles, siendo imprescindible empezar por auto conocernos de manera sincera, saber lo que sabemos y podemos hacer, aprender de y con los demás, evitar copiar, pero sí arriesgar en su adecuación a nuestra apuesta, visión, desde nuestros valores, trabajar en la búsqueda y logro de todo aquello que no tenemos y entendemos esencial tener para logara el objetivo compartible deseable y transitar la complejidad exigente que nos lleva al punto esperado.
Con un marco de estas características, simplificamos el contenido, los procesos a seguir y la convicción compartida, garante y compensadora del esfuerzo que habremos necesitado para superar los desafíos. Convertiremos así los problemas y dificultades en oportunidades.
Como en Bilbao repensando el futuro de iniciativas singulares, sus ciudades y su potencial implicación con terceros, con un horizonte abierto e internacionalizado, focalizado en miles de “lugares locales” sólidamente interconectados, o como en la Castellanza lombarda antes citada, que ya hace muchos años nos permitió descubrir el “mundo de colores” que anunciaba una profunda transformación, variedad, migración del conocimiento, habilidades “acogidas” y transformadas en los cualificados distritos industriales del lugar, y a lo largo del mundo, hoy, todo territorio se reafirma en su rol transcendente y estratégico, a la búsqueda de la correcta articulación de su identidad, sus valores, propósitos y actores críticos, definiendo y ofreciendo sus característica (reales) únicas y diferenciadas.
Ciudades-Región, los diferentes espacios de desarrollo no son estratégicos sin más por una geografía caprichosa heredada, sino por la capacidad y competencia de quienes generan en él las condiciones necesarias para dotarlo de valor, conformados como auténticos activos estratégicos interactuando con otros muchos complementarios, a lo largo del mundo tejiendo plataformas coopetitivas.
Activos Estratégicos, Territorios Activos, determinantes de políticas y estrategias únicas, innovadoras, que, además, saben dotarse del ¿CÓMO? (esa muchas veces olvidada organización y gobernanza que sabe hacer e implementar el qué y el porqué de las apuestas que los lleven a superar desafíos y explorar oportunidades, coherentes con sus propias fortalezas).
Sin duda, en un mundo pletórico de potenciales ideas y voluntades de convertir espacios de futuro en centros de atracción, retención y valor real de un territorio base, resulta imprescindible provocar que sus principales jugadores en imparable movimiento global entiendan inseparable un determinado encaje base, que dé sentido a su valor como Activo Estratégico. Es así como el Territorio (que siempre importa) será un auténtico activo estratégico y no un contenedor reemplazable.