Otra vez MODELO AUTONí“MICO VS. CRISIS ECONí“MICA…

     Ha pasado casi un mes desde mi último comentario advirtiendo sobre el peligroso movimiento generador de culpables o causa única de los males de la economí­a española en torno al modelo autonómico y ,hoy, desgraciadamente, constatamos una generalizada discusión en torno a la «imperiosa necesidad de controlar tan despilfarrador e irresponsable fenómeno que genera desconfianza en los mercados e impide la superación de la crisis que atraviesa el estado español».

     En su ya habitual y cansino estilo de anunciar «medidas firmes y trascendentes» , en un marco de aparente solemnidad exento de credibilidad,el presidente del gobierno español,declaraba al Financial Times su determinante intención en controlar y poner firmes a los diferentes gobiernos de las Comunidades Autónomas del Estado ( se supone que incluí­das las gobernadas por miembros de su partido),impidiendo el irresponsable despilfaro, excesivo endeudamiento, deficiente gestión de sus responsabilidades públicas e injerencia en competencias correspondientes a otras administraciones, recordadndo que ,en última instancia, quien manda es él.Así­, quien tenga por hábito leer la prensa financiera británica se habrá enterado que se ha iniciado un proceso de re-centralización, supresión e intervención de los legí­timos poderes constitucionales de las Comunidades Autónomas de la mano unilateral del Sr. Rodrí­guez Zapatero.

      Más allá de derechos y leyes, convendrí­a recordar-una vez más- que el 80% de la deuda pública española corresponde a la Administración Central, en torno al 7% a los Municipios y un 13% a las Comunidades Autónomas( sin olvidar que el grueso preocupante de la deuda española es privada y no pública) . Merecerí­a la pena recordar que el gobierno español autoriza o deniega la emisión de deuda de las Comunidades sujetas a su control competencial en la materia,que son las Comunidades Autónomas quienes tienen asumidas competencias en materias de salud, educación , bienestar social y polí­ticas activas de empleo por citar algunas relevantes en momentos de crisis-que suponen más del 60% de los presupuestos de los gobiernos autonómicos- y conviene añadir que, desde el inicio de la transición democrática y generación del llamado estado de las autonomí­as, el gobierno central no ha dejado de crecer duplicando áreas competenciales,provocando confusión en el escenario de traspaso de competencias y bienes y servicios asociados con las mismas, jugando a interpretaciones unilaterales a su antojo, supeditando la eficiencia del modelo a las necesidades coyunturales y partidarias de cada momento.Pretender ahora, explicar el fracaso de su estrategia económica, su incompetencia para facilitar la salida de la crisis y «tranquilizar al temido mercado» por el mal comportamiento autonómico suena,cuando mmenos ,a excusa frí­vola.      

       Una vez más conviene recordar un par de elementos clave a considerar:

1) Gran parte del éxito de crecimiento y bienestar logrado por el Estado español en beneficio de sus ciudadanos ,territorios y empresas se explica por la existencia de un modelo autonómico, descentralizador, facilitador de competencia innovadora, generador de mecanismos próximos de participación y control y cierta capacidad de cuestionar el pensamiento único de la élite centralista del Estado.

2) El modelo autonómico ha resultado exitoso pese a enormes lagunas y errores en su desarrollo ( Estatutos sin completar, paralisis competencial, leyes básicas rí­gidas y así­ntonas con las funicones que pretenden, excesiva recuperación competencial con la excusa de la integración en la UE,burocracia centralizada,…) y el temor a entender las verdaderas demandas de la sociedad-en determinadas Comunidades-que no se sienten confortables con el actual status quo y pretenden, de forma légí­tima y democrática, un nuevo espacio de relación ,

3) la crisis económica por la que atraviesa el Estado español no es un mero reflejo exógeno que se superará con el tiempo.Se trata de una crisis de modelo económico, de estructura y de competitividad que exige reformas en profundidad ( no se  trata de ampliar la edad de jubilación en dos años,por ejemplo).Esta ausencia de reformas es lo que los «mercados» observan dí­a a dí­a y hace que los ciudadnos y ahorradores comunes y corrientes ( empezando por quienes invierten en fondos a través de los funcionarios y los sindicatos por citar algún ejemplo) no confí­en en la economí­a española y, en la medida de lo posible, opten por otros caladeros.

       La economí­a española presenta un panorama delicado para el 2011: lentí­simo y escaso crecimiento,excesivo y creciente desempleo y ,además, una asfixiante incertidumbre,en un marco económico-polí­tico-comunicador nada propicio para abordar estrategias transformadoras,completas y coherentes.Dichas reformas pasan ,entre otras cosas,por aumentar su competitividad.Harí­a bien el Presidente del gobierno en explicar al FT sus planes para lograrlo:capacidad de producí­ón de los trabajadores comparados con el equivalente alemán, eficiencia de la maquinaria y equipos de la empresa española respecto de Holanda,inversión equivalente ( recursos y output) de la I& D a la finlandesa,excelencia educativa en Matemáticas, lectura y ciencias- al menos por encima de la media europea-,adecuación de la formación ( no solo profesional sino universitaria) a la demanda real del mercado de trabajo, transformación de la función pública y la gestión pública del Estado,transformación de los órganos reguladores,capitalización del sistema financiero…o incluso, limitarse, a definir el plan de acción para llevar a cabo la famosa Ley de Economí­a sostenible «que harí­a de la economí­a del ladrillo una próspera economí­a de empleos limpios y de alto valor añadido» .

    Quizás de esta manera, se entenderí­a oportuno un amplio y profundo debate sobre el modelo de Estado ( muy necesario y en el que España se juega su futuro) no para controlar el endeudamiento de 13 gobiernos duplicados sino para responder a la libre confortabilidad de los pueblos y naciones que ,hoy,lo componen.También es un debate económico.