De Iowa a Washington: ¿Quién y para qué?

(Artí­culo publicado el 7 de Febrero)

La carrera presidencial en Estados Unidos ha dado su primer paso firme con la tradicional celebración del mediático Caucus de Iowa celebrado este pasado lunes. Los dos principales partidos, republicano y demócrata, se sometí­an por primera vez en este nuevo curso a la votación y elección de delegados ante sus respectivas convenciones para la nominación de un candidato de entre las diferentes opciones que se ofrecen para ocupar la Casa Blanca en 2017.

En el complejo proceso electoral estadounidense, Iowa tiene el «privilegio mediático y simbólico» de ser el primer Estado que pone en marcha el sistema. Elige 74 delegados (30 republicanos y 44 demócratas) que representan el escaso 1% del voto Delegado en los Estados Unidos. Desde el año 1972, su valor y acierto predictivo no ha sido excesivo (50% en el candidato republicano y 43% en el demócrata) si bien supone una primera señal que no solo orienta el apoyo (también financiero) hacia los ganadores, provoca alianzas que incorporan a los perdedores a las ofertas de los mejor situados y, por encima de todo, elimina a los perdedores y, por supuesto, pretende «marcar tendencia».

En esta ocasión, Iowa ha dado el primer impulso republicano a Ted Cruz (según la mayorí­a de la prensa el favorito conservador), por encima de Donald Trump (el temido por propios y extraños), y de Marco Rubio (el preferido del voto hispano). Todos ellos en torno a 24-28% y 8/7 delegados cada uno. Y, en el bando demócrata un ligero triunfo (si bien casi empate técnico) de Hillary Clinton sobre el «senador socialista», Bernie Sanders, con el 50% de votos y 22 y 21 delegados respectivamente. Clinton vence el «miedo escénico» de su derrota ante Obama en 2008 Y Sanders se concentra y gana el apoyo joven. A partir de aquí­, una rápida concentración de candidatos (a ajustarse según los resultados en los caucus de New Hampshire de mañana…) y un aún intenso y largo recorrido hasta el próximo junio en que concluyan «las primarias» y se nomine a los dos candidatos, republicano y demócrata, para las elecciones de noviembre. En enero 2017 habrá nuevo presidente en Washington.

De esta forma, los estadounidenses habrán resuelto, en su mecánica democrática, el QUIEN ha de dirigir y liderar su gobierno. Cosa relacionada pero no exacta es el ¿PARA QUí‰?

Programas electorales al margen (en juego de una u otra forma a lo largo de todo el proceso con posiciones y mensajes variables según el momento, medio y auditorio), un par de piezas publicadas esta misma semana en diferentes medios estadounidenses nos ayudan a aproximarnos al sentido de la cuestión y que no deberí­an ser ajenos a cualquier proceso de elección de gobernantes y, por supuesto, de formación de  gobiernos y sus respectivas polí­ticas. Así­, un reciente trabajo de análisis sociológico actualizando la valoración y opinión del Informe sobre la Competitividad de la Economí­a estadounidense que se realizó hace un par de años bajo la dirección de la Universidad de Harvard, recogiendo la participación y opinión de 4.000 egresados de dicha Universidad, en puestos relevantes de dirección tanto en el mundo empresarial como académico, social, cultural y de gobierno, concluye con la insistencia en una serie de factores que ponen el acento en «lo común en lo diferente» que establece un común denominador: «América (terminologí­a «propietaria» para mencionar a los Estados Unidos de América) se hunde y no solo por un deterioro continuo de su productividad sino, sobre todo, por la erosión de su clase media, el incremento galopante de la desigualdad, el desgaste de un modelo económico escasamente incluyente, el sucesivo peso de la manufactura con un limitado soporte de las infraestructuras inmersas en un grave déficit y el cada vez menor protagonismo internacional con insuficientes resultados diplomáticos, económicos y de seguridad». Esta descripción les lleva a demandar «una nueva estrategia para América« soportada en un esfuerzo por reinventar su modelo, reconstruir sus infraestructuras, reentrenar a sus personas adecuando su formación a los nuevos retos de una economí­a en cambio (manufactura, digitalización, innovación social, territorio inteligente) y redefinir y reforzar el Estado de bienestar. «Hacia una nueva América». El citado informe sostiene que, diferencias al margen, tanto republicanos como demócratas, gobierno como empresarios… comparten preocupaciones, diagnóstico y futuro incluyente, y, de una u otra forma, compromisos en este discurso para una agenda innovadora.

Ahora bien, ¿cómo y por dónde empezar? Niels Christiansen, ex director del Grupo Privado Nestlé, al frente durante 20 años de las áreas de responsabilidad social corporativa y de asuntos Gobierno-Empresa y profesor de Salud Pública en la Universidad de Harvard, desde su consultora en creación de valor, irrumpe con un artí­culo en el que se pregunta si la RSC ha muerto y si la intensidad de las nuevas iniciativas de progreso social, desarrollo incluyente y valor compartido empresa-sociedad pueden y deben hacer mucho más de lo que ya aportan en sus propias estrategias empresariales para asumir un protagonismo relevante en la reinvención de esta «Estrategia para América». Y su respuesta pasa por sugerir una combinación de lo que él entiende como valores esenciales o «común denominador» de todos ellos en lo que lleva «la creación TOTAL de valor incluyente compartida» y que viene a incorporar una serie de elementos relevantes en toda agenda, de empresa y de gobierno. Básicamente pretende poner el acento en el «COMPLIANCE» (la regulación, la obligatoriedad del cumplimiento de normas y reglas del juego, el verdadero buen gobierno corporativo, la adecuación de las normas a la realidad del espacio tecnológico en las nuevas industrias de futuro y la erradicación de la corrupción); en la reinvención y revalorización de las Instituciones, los gobiernos y partidos polí­ticos, asociaciones patronales y sindicales, organizaciones sin ánimo de lucro y no gubernamentales, y el modelo de participación real de la sociedad en las decisiones que les afectan desde el doble compromiso con el derecho y la obligación, así­ como la  transparencia y eficiencia; el crecimiento incluyente (económico, social y bienestar) en estrategias compartidas público-privadas; tras los objetivos últimos de las personas y su bienestar, de manera sostenible.

Todo un largo y ambicioso  recorrido. Recorrido que parecerí­a ser, en verdad, «lo común de lo diferente», como pilares sobre los que habrí­a que establecer e implementar una nueva Estrategia. Este serí­a el reto de esa «Nueva América», inspiradora del PARA QUí‰ de la larga carrera por el QUIí‰N, de Iowa hasta Washington.

Y visto a distancia, desde la evidencia del impacto que en el resto del mundo tiene lo que pase o deje de pasar en «América», no parecerí­a que puestos a buscar otros espacios comunes en lo diferente, no pudiera ser una base de partida en el diseño de procesos negociadores y hojas de ruta para quienes muy cerca de aquí­, inmersos en la búsqueda del QUIEN, trabajaran en su propia y necesaria «nueva R» (Rediseñar un nuevo modelo económico adecuado a las realidades diferenciadas región a región en la antesala de un futuro distinto; Reinventar un nuevo modelo de Estado en respuesta a las demandas reales de autogobierno y confortabilidad en el «continente» heredado; Regenerar Instituciones, democracia y agentes polí­ticos y sociales; Reconfigurar un territorio confortable, compartido y sostenible; Reorientar el sistema financiero y fiscal a las nuevas realidades y apuestas; Reconstruir y «re-infra estructurar» los canales soporte y promotores innovadores de nuestro desarrollo; Re-emplear como compromiso esencial de futuro; Re-educar para el empleo, Rememorar y reconciliar para la convivencia, normalización y la paz…)

  En fin. Quizás ni Iowa, ni Washington estén tan lejos como parece. Veremos las siguientes etapas (mañana New Hampshire, en un mes Madrid… y así­ dí­a a dí­a, semana a semana). QUIEN y PARA QUí‰, binomio inseparable.