Salud: De las calles a las estrategias de valor y equidad

(Artículo publicado el 22 de Febrero)

Insertos en pleno conflicto en torno a las reivindicaciones de los profesionales de la salud y el Ministerio español de Salud, son demasiados los mensajes concentrados en la “capacidad del sistema de salud”, la disponibilidad (número, restricciones, condiciones laborales y modelo de negociación y/o representabilidad) de profesionales, la modalidad pública o privada (o su composición y prestación híbrida) y la propia representatividad real de quienes aprueban una sustancial reforma del marco para la salud distantes de su responsabilidad real en las decisiones y prácticas del sistema, con especial incidencia y reclamo o rechazo a la intervención de la actual ministra, mientras las movilizaciones y huelgas convocadas para los próximos meses conllevan, desde su legalidad, decenas de miles de cancelaciones de actividad programada, generando un grave deterioro de la asistencia y salud esperable.

Así, más allá de un marco estatutario adecuado para la regulación laboral de las competencias reales de diferentes gobiernos directores de diferentes modelos de salud (y, en consecuencia, de los presupuestos públicos que los financian), pareceríamos asistir a un debate insuficiente y desenfocado que escapa de una verdadera alineación con la pretendida universalización de la salud, su equidad y contribución al verdadero bienestar de las poblaciones atendidas o atendibles que exigirían ir más allá del importantísimo punto de conflicto en curso.

En este contexto, esta misma semana se ha publicado el “Mapa de Equidad regional en salud de la Unión Europea” (The EU Regional Health Equity Map) elaborado por la  Social Progress Imperative (organización que viene publicando pormenorizados, rigurosos y contrastados informes desde su inicio formal ya en 2.009) aportando, sobre todo, su Índice de Progreso Social, más allá del Producto Interior Bruto, y un sinnúmero de índices complementarios en las principales temáticas pilar del indicador base.

En contestación generalizada, a lo largo del mundo, de la imperiosa necesidad de medir lo que en verdad los indicadores deben informar y no lo que la estadística tradicional, macro, disponible, ofrecía (y sigue ofreciendo), para identificar a niveles agregados Estado a Estado, datos de desarrollo comparado de la mano de un superado concepto de competitividad y bienestar identificable entonces con un PIB hoy difícilmente reconocible (incluso con la irrupción de tecnologías disruptivas, la inteligencia artificial, automatización, robótica, etc.) o insuficiencia de datos oficiales deficientemente controlables cuando algunos gobiernos no aprueban presupuestos y mucho menos sus liquidaciones, el Índice de Progreso Social se ha venido consolidando. Si su primera edición se acercaba mucho a indicadores previos altamente dependientes del disponible dato del PIB y se limitaba a información “estatal”, poco a poco (Euskadi tiene el orgullo de haber sido la primera nación No Estado, regional o subnacional, según la terminología de quien lo utiliza, en aplicar junto con la SPI, el Instituto de Estrategia de la Competitividad de la Universidad de Harvard y Orkestra-Instituto Vasco de Competitividad en elaborar un Índice de Progreso Social “regionalizado”) se movilizó hacia el nivel micro explicativo en su verdadero impacto y ámbito facilitador de la toma de decisiones. Más tarde se han ido extendiendo a muchos países, la Unión Europea en su conjunto para todas las regiones del llamado “Nodo 2” (242 unidades básicas territoriales para diseño y aplicación de políticas públicas) y, de forma extensiva, en ámbitos municipales (como el caso pionero de México de la mano de Sintonía-UPAEP) como herramienta esencial en el diseño de políticas públicas generados de verdadero impacto transformador. Es decir, entender “lo que en verdad indican los indicadores”.

En esta línea, como comentaba, la SPI acaba de publicar su mapa europeo enfocado y concentrado en salud, destacando las desigualdades relacionadas con la salud y base imprescindible para identificar los verdaderos “determinantes sociales y económicos de la salud”, de enorme relación para la toma de decisiones por las autoridades (no solo en el ámbito restringido de la “sanidad” -atención y prestación sanitaria-, sino en términos de una salud holística, plena), lo que facilitaría el diseño de estrategias efectivas para garantizar y, sobre todo, mejorar la salud y el bienestar de las muy diversas y diferentes poblaciones atendibles.

El mapa ofrecido concentra un análisis y medición en tres áreas clave: 1) La equidad en salud a través de nuevas lentes: el entorno-capacidades-recursos y sus fuentes de innovación y eficiencia-eficacia, los resultados o valor en salud verdaderamente logrados, y las percepciones de la gente respecto de la salud que se le ofrece. 2) Un segundo espacio lo constituye el marco en el ciclo de vida atendiendo a resultados de mortalidad o incapacidades limitantes con independencia de los grupos etarios; y, 3) Los diferentes determinantes sociales de la salud, región por región, cruzando los indicadores finales con el “Índice de Progreso Social de la Unión Europea Regional” y el “Índice de Competitividad de una Europa regionalizada”.

Siendo amplia la información “granular” que aporta, resulta importante destacar algunas evidencias que deberían ser tomadas en cuenta por gobiernos, autoridades (no sectoriales), conjunto de actores de la salud (todos: entidades privadas y públicas, gobiernos, profesionales, aseguradoras, pacientes, prestadores, población en general…) para informar políticas acertadas, rompiendo “mantras” que se instalan sin demostración o contraste alguno.

Un primer punto de referencia es que el Valor en Salud supera la frontera del “más atención en salud”. Un auténtico error limitar su consecución a mayor porcentaje de PIB, o más recursos y capacidad, sin más, o un limitado presupuesto y/o políticas de un Ministerio, Departamento o Autoridad de “Sanidad”. La concepción real e integrada de salud y bienestar va más allá de la asistencia sanitaria y exige su extensión ordenada a las políticas y servicios sociales, a los activos comunitarios alineados con el propósito y valor en salud, a la educación por y para la salud, a los condicionantes socio-económicos asociados y, por supuesto, sí, a los recursos puestos a su disposición (sobre todo, personas-profesionales especializados y formados, y tiempo disponible para la atención). Poco ayuda al valor en salud disponer de potentes redes de infraestructura de altísima calidad si la población no puede acceder al servicio de atención, prestación y cuidados requeridos en el momento necesario.

Esta evidencia se exige como hilo conductor de las estrategias completas y transversales focalizadas en aportar verdadero Valor en Salud.

Con este enfoque directo, el “mapa” presentado posibilita que cada una de las regiones analizadas, disponga de elementos clave para diseñar las políticas persistentes para mitigar o eliminar la inequidad, ir más allá de las capacidades y recursos existentes, hacer extensiva y de manera selectiva y diferenciada su aplicación y disponibilidad, ad hoc, en cada colectivo a lo largo de su vida (antes de nacer y después de su muerte), focalizar aquellos verdaderos condicionantes de la salud (más allá de conceptos tradicionales) y, por supuesto, redefinir el verdadero “Valor en Salud” a ofrecer a la población.

La complejidad, alcance, logro de dicho valor esperable, requiere de múltiples variables, políticas y programas, público-público y público-privado, debidamente cohesionados y alineados en una estrategia de salud y bienestar, articulando múltiples y complejas “coaliciones”. Su aplicación integral e integrada resulta esencial.

Es inevitable contar con verdaderos indicadores debidamente informados. Hoy, la propia Unión Europea ofrece desiguales aplicaciones, diferentes grados de resultados obtenidos, muy distintos y distantes percepciones de la salud según la región en que se aplica y elevados grados de mortalidad a lo largo del ciclo de vida de los europeos.

Bajo principios irrenunciables y generalizados, con integralidad, de previsión, predicción, prestación, promoción y permanencia en sus sistemas, modelos, servicios, programas y definiciones, no es suficiente. Tampoco basta con incorporar a todo texto de reforma una mención a “garantizar e incorporar” los determinantes sociales y económicos de la salud, sin su tasación, presupuestos y planes específicos que los garanticen. Todo un complejo camino por recorrer, para generar un entorno propicio, atender las percepciones reales/ofrecidas de la salud, muchas veces divergentes respecto de la oferta real ofrecida por el sistema, atendiendo necesidades no cubiertas y, sobre todo, ofrecer verdadero Valor en Salud.

En definitiva, un instrumento útil, más allá de su aportación a la reflexión, para transitar hacia las estrategias deseables y, sobre todo, necesarias. Una extraordinaria aportación del SPI y sus Índices de Progreso Social. Un espacio esencial para comprender, también, una verdadera estrategia de Competitividad y bienestar.

Rediseño colaborativo. Nuevos rumbos y/con nuevos compañeros de viaje

(Artículo publicado el 8 de Febrero)

Una imagen ilustrativa del profundo espacio transformador que vivimos, así como de la inevitabilidad de una mentalidad innovadora, motor de la reconfiguración de nuestros espacios de futuro, en el largo plazo, de la mano de un compromiso con la elección del mundo que queremos, se presenta como solamente construible con acuerdos entre nuevos compañeros de viaje (próximos a nosotros o lejanos adversarios), es la manera de ver el Ártico (y, por supuesto, Groenlandia) desde ojos y mapas con los que rara vez lo habríamos visto. La imagen que acompaña este artículo la incluí en mi libro publicado en 2.022: “Bizkaia 2.050: Bilbao-Bizkaia-Basque Country” en el apartado “Generación de redes, nodos o centros de conocimiento, innovación y decisión para la prosperidad”. Se trataba de movilizar reflexiones hacia los nuevos tiempos a futuro, motivando estrategias de interrelación con otros espacios y territorios clave, configurando un nuevo mapa de alianzas, compartiendo recursos, desde un propósito y proposición de valor, que pueda fortalecer, desde el posibilismo real a la vez que exigente, nuestro desarrollo y prosperidad. Nuevas lentes y señales para abordar el mundo en marcha.

Hoy, anticipamos luces rojas que podrían limitar el desarrollo deseable por nuestros países, sus empresas y sociedades diversas, desde una capacidad real de co-creación de valor, bienestar, competitividad y desarrollo en su complejidad convergente. No podemos, ni debemos hacer todo solos (por bien que lo hagamos) y hemos de abrir espacios coopetitivos (en los que cooperemos y compitamos a la vez) en el marco de una estrategia propia y única, conscientes de que, también, nuestros aliados emprenden su propio viaje, pretenden sus propios intereses diferentes a los nuestros y que cada uno, seguirá un camino singular y único. Simplemente, la esencia de la estrategia: unicidad diferencial, única, alineada con tu propia identidad, cultura, propósito, principios y valores. Todo un largo camino, optando por prioridades, eligiendo nuestro propio camino, convirtiendo las dificultades y problemas en “olas favorables de oportunidad”.

Tiempos que exigen una invitación a gobiernos, empresas, academia y ciudadanos en general a repensar nuestras aspiraciones, el sentido de nuestro trabajo y la comprensión de las dimensiones de la convergencia colaborativa exigible para la búsqueda de soluciones y logro de nuestras intenciones.

Hace unos días, el Copenhagen Institute for Futures Studies, publicaba un informe, “Scenarios for Greenland: Deterrence, Dependence or Capitulation? (“Escenarios para Groenlandia: ¿Disuasión, Dependencia o Capitulación?”). Se excusaba por ir en contra de su concepción metodológica y largos años de arquitectura estratégica experta aplicando el estudio de escenarios con visión de largo plazo, entendiendo el entorno, la geopolítica, la competitividad y sus riesgos limitantes y no, como en esta ocasión, circunscrito a un escenario inmediato, obligados por las amenazas del presidente Trump para hacerse, de una u otra forma, con Groenlandia. Definía cuatro escenarios: la guerra del Ártico, la Impotencia, Europa, el Arte del Acuerdo, atenuando luces nórdicas.

Hoy, semanas después, en un rápido análisis parecería que un asunto de tanta importancia y gravedad ha pasado a un espacio de “negociación para una solución o no solución pactada” que procura un sin número de consecuencias que, de una u otra forma, marcarán un nuevo camino con recorrido incierto, a futuro, para todos y cada uno de los jugadores implicados.

Nos preguntamos en qué nos afecta, por qué ahora y qué tiene que ver con nuestras decisiones y movimientos a realizar. Más allá de su enorme importancia en sí misma, refleja el mundo interrelacionado en el que nos encontramos. El mal llamado “efecto mariposa” y la transcendencia de cualquier megatendencia o evento local que por insignificante que parezca, termina determinando, de una u otra forma nuestras vidas. Así, sencillamente nos invita a descubrir si asistimos a su interpretación como olas de oportunidad o nos encasillamos en su efecto problema.

Esta complejidad e incertidumbre, en un mundo plagado de turbulencias geopolíticas, transformaciones económicas, reconfiguración de estructuras sociales, confusionismo ideológico y una creciente e imparable sucesión de demandas inmediatas, desde posiciones con, muchas veces, incoherencia atendiendo a los múltiples grupos o líneas de interés en según el rol que asumimos en cada momento, parecería conceder escasos márgenes de maniobra para la reflexión, el pensamiento colectivo y solidario, sobre el que plantearse apuestas y compromisos para elegir, diseñar, construir un futuro distinto al esperable o dado por terceros.

Así, la siempre dualidad electiva entre riesgos versus resultados y beneficios esperables, la “gestión del tiempo entre el hoy y el mañana”, las necesidades y posibilidades, el mundo que tenemos y no nos gusta frente aquel aspiracional que quisiéramos vivir, o el compromiso responsable, o el dejarte llevar por lo que otros decidan, o la promesa mediática ante las posibilidades y voluntad de su logro, conllevan no acomodarse a lo que nos gustaría que pasara, sino a la realidad constatable en los tiempos que corren y que, queramos o no, suponen la necesidad de asumir cambios significativos en muchas de las reglas del juego con las que hemos convivido en las últimas décadas. Hoy, nuevos jugadores, nuevos compañeros de viaje, turbulentas y desconocidas relaciones con terceros (muchas veces con adversarios de antaño y hoy futuribles “amigos”), reconfigurarán los escenarios a visualizar, explorar y acometer. De esta forma, todo afán de inmediatez obliga a navegar todo tipo de riesgos (reales y potenciales), con una brújula orientada a los ejes impulsores de nuestros valores, propósitos, principios y, como no, escenario deseable a futuro, desde la esencia irrenunciable del largo plazo.

Solamente la cultura y liderazgo del largo plazo hacen de la visión y estrategia la vía imprescindible para hacer de nuestras fortalezas y solidez de partida, la movilización aspiracional y aplicación eficiente-eficaz de su ejecución y logro. Como siempre (aunque se olvida con demasiada frecuencia y se caiga en la comodidad “Druckeriana” de que la “gestión diaria y del pasado se come la estrategia en el desayuno”), la estrategia y el largo plazo, constituyen la herramienta y arte esencial para optimizar la toma de decisiones, la elección u eliminación de oportunidades, mitigar riesgos y hacer de los problemas la solución y de las oportunidades el “catálogo” de potenciales áreas de logro sostenible en el tiempo.

Somos conscientes, hoy como en todo momento de crisis (e inevitable desorientación) del impacto condicionante de las geoeconomías y la geopolítica, siempre presentes a lo largo de la historia y que, sin embargo, han sido arrinconadas por muchos, mientras se convivía con resultados e inercias que parecían dotarnos de una cierta confortabilidad y sensación de dominio del tablero existente. Afortunadamente, quienes han sido celosos de sus obligaciones, competencias y buenas prácticas, cuentan al menos con una visión, un propósito, una estrategia y una consistencia y coherencia, que les facilitará introducir cambios, adaptaciones y “pequeñas variaciones” para superar la tormenta hacia un mundo mejor (siempre diferente) con la certeza (o al menos sensación) de actuar en términos equilibrados con alto grado de fiabilidad y fidelidad a sus principios, valores y propósitos.

Desde este último espacio, serán muchos quienes estén en condiciones de explorar, de manera acelerada, nuevos caminos, pautas, alianzas y compañeros de viaje (las más de las veces elegidos libremente, otras, impuestos por terceros o reactivos contra la intromisión de los adversarios con mayor nivel de poder). Asistimos, con fuerza renovada a un mundo y tiempos de inevitables alianzas (coopetitivas) con terceros que siempre exigirán el acompañamiento de entidades o herramientas para la colaboración, facilitadores de gobernanza y resultados compartidos.

Desde esta “nueva realidad” hemos de plantearnos un largo camino, diferente, lleno de preguntas que esperan respuestas responsables y comprometidas. ¿Cuál ha de ser, si cabe, un renovado modelo de competitividad, crecimiento, desarrollo inclusivo cocreador de valor empresa-sociedad que responda al verdadero concepto de Competitividad que proclamamos ante un mundo desafiante al servicio del bienestar y desarrollo humano sostenible? ¿Qué puede unir diferentes conceptos y modelos, en diferentes geografías del mundo, en los diferentes países en diferentes espacios (de eficiencia operativa, de innovación, de transformación creativa)? ¿En qué medida habrán de transformarse las diferentes políticas públicas facilitadoras o acompañantes? ¿Y las estrategias empresariales? Y, por supuesto, ¿cómo lograr la convergencia desde la filantropía, la responsabilidad social corporativa, los objetivos ESG, y el bienestar holístico de las comunidades hacia el valor compartido empresa-sociedad? ¿Cómo entender, en verdad, el compromiso de un progreso social-económico inclusivo y sostenible, más allá de etiquetas auto concedidas, simplificadoras, de espectros ideológicos más que diferenciados?

En este intenso y profundo trabajo, no limitado a un simplista blanco o negro, o conclusiones de recetario teórico copiable a lo “gatopardismo” cambiando términos y palabras para que todo siga igual, cobra una especial relevancia el espíritu crítico imprescindible para repensar el mundo en el que nos movemos y, sobre todo, en el que desearíamos encontrarnos mañana.

Hoy, cuando parecería desmoronarse todo a nuestro alrededor, hemos de relanzar nuestra confianza y credibilidad en el propósito de un camino hacia la prosperidad, liderando el tránsito entre la tormenta, para llegar a un escenario deseado, siempre diferente del punto de partida, conscientes de la realidad que nos lleva a iniciar este nuevo y retador camino, querido o impuesto, que hemos de transitar.

Sin recetas mágicas. Principios, valores, propósito, compromiso, esfuerzo colaborativo diferenciado y constancia coherente en el largo plazo. Nada diferente a todo camino, complejo y turbulento, ya recorrido. Hoy como ayer, asumir la realidad y construir un futuro aspiracional de progreso.