Rediseño colaborativo. Nuevos rumbos y/con nuevos compañeros de viaje

(Artículo publicado el 8 de Febrero)

Una imagen ilustrativa del profundo espacio transformador que vivimos, así como de la inevitabilidad de una mentalidad innovadora, motor de la reconfiguración de nuestros espacios de futuro, en el largo plazo, de la mano de un compromiso con la elección del mundo que queremos, se presenta como solamente construible con acuerdos entre nuevos compañeros de viaje (próximos a nosotros o lejanos adversarios), es la manera de ver el Ártico (y, por supuesto, Groenlandia) desde ojos y mapas con los que rara vez lo habríamos visto. La imagen que acompaña este artículo la incluí en mi libro publicado en 2.022: “Bizkaia 2.050: Bilbao-Bizkaia-Basque Country” en el apartado “Generación de redes, nodos o centros de conocimiento, innovación y decisión para la prosperidad”. Se trataba de movilizar reflexiones hacia los nuevos tiempos a futuro, motivando estrategias de interrelación con otros espacios y territorios clave, configurando un nuevo mapa de alianzas, compartiendo recursos, desde un propósito y proposición de valor, que pueda fortalecer, desde el posibilismo real a la vez que exigente, nuestro desarrollo y prosperidad. Nuevas lentes y señales para abordar el mundo en marcha.

Hoy, anticipamos luces rojas que podrían limitar el desarrollo deseable por nuestros países, sus empresas y sociedades diversas, desde una capacidad real de co-creación de valor, bienestar, competitividad y desarrollo en su complejidad convergente. No podemos, ni debemos hacer todo solos (por bien que lo hagamos) y hemos de abrir espacios coopetitivos (en los que cooperemos y compitamos a la vez) en el marco de una estrategia propia y única, conscientes de que, también, nuestros aliados emprenden su propio viaje, pretenden sus propios intereses diferentes a los nuestros y que cada uno, seguirá un camino singular y único. Simplemente, la esencia de la estrategia: unicidad diferencial, única, alineada con tu propia identidad, cultura, propósito, principios y valores. Todo un largo camino, optando por prioridades, eligiendo nuestro propio camino, convirtiendo las dificultades y problemas en “olas favorables de oportunidad”.

Tiempos que exigen una invitación a gobiernos, empresas, academia y ciudadanos en general a repensar nuestras aspiraciones, el sentido de nuestro trabajo y la comprensión de las dimensiones de la convergencia colaborativa exigible para la búsqueda de soluciones y logro de nuestras intenciones.

Hace unos días, el Copenhagen Institute for Futures Studies, publicaba un informe, “Scenarios for Greenland: Deterrence, Dependence or Capitulation? (“Escenarios para Groenlandia: ¿Disuasión, Dependencia o Capitulación?”). Se excusaba por ir en contra de su concepción metodológica y largos años de arquitectura estratégica experta aplicando el estudio de escenarios con visión de largo plazo, entendiendo el entorno, la geopolítica, la competitividad y sus riesgos limitantes y no, como en esta ocasión, circunscrito a un escenario inmediato, obligados por las amenazas del presidente Trump para hacerse, de una u otra forma, con Groenlandia. Definía cuatro escenarios: la guerra del Ártico, la Impotencia, Europa, el Arte del Acuerdo, atenuando luces nórdicas.

Hoy, semanas después, en un rápido análisis parecería que un asunto de tanta importancia y gravedad ha pasado a un espacio de “negociación para una solución o no solución pactada” que procura un sin número de consecuencias que, de una u otra forma, marcarán un nuevo camino con recorrido incierto, a futuro, para todos y cada uno de los jugadores implicados.

Nos preguntamos en qué nos afecta, por qué ahora y qué tiene que ver con nuestras decisiones y movimientos a realizar. Más allá de su enorme importancia en sí misma, refleja el mundo interrelacionado en el que nos encontramos. El mal llamado “efecto mariposa” y la transcendencia de cualquier megatendencia o evento local que por insignificante que parezca, termina determinando, de una u otra forma nuestras vidas. Así, sencillamente nos invita a descubrir si asistimos a su interpretación como olas de oportunidad o nos encasillamos en su efecto problema.

Esta complejidad e incertidumbre, en un mundo plagado de turbulencias geopolíticas, transformaciones económicas, reconfiguración de estructuras sociales, confusionismo ideológico y una creciente e imparable sucesión de demandas inmediatas, desde posiciones con, muchas veces, incoherencia atendiendo a los múltiples grupos o líneas de interés en según el rol que asumimos en cada momento, parecería conceder escasos márgenes de maniobra para la reflexión, el pensamiento colectivo y solidario, sobre el que plantearse apuestas y compromisos para elegir, diseñar, construir un futuro distinto al esperable o dado por terceros.

Así, la siempre dualidad electiva entre riesgos versus resultados y beneficios esperables, la “gestión del tiempo entre el hoy y el mañana”, las necesidades y posibilidades, el mundo que tenemos y no nos gusta frente aquel aspiracional que quisiéramos vivir, o el compromiso responsable, o el dejarte llevar por lo que otros decidan, o la promesa mediática ante las posibilidades y voluntad de su logro, conllevan no acomodarse a lo que nos gustaría que pasara, sino a la realidad constatable en los tiempos que corren y que, queramos o no, suponen la necesidad de asumir cambios significativos en muchas de las reglas del juego con las que hemos convivido en las últimas décadas. Hoy, nuevos jugadores, nuevos compañeros de viaje, turbulentas y desconocidas relaciones con terceros (muchas veces con adversarios de antaño y hoy futuribles “amigos”), reconfigurarán los escenarios a visualizar, explorar y acometer. De esta forma, todo afán de inmediatez obliga a navegar todo tipo de riesgos (reales y potenciales), con una brújula orientada a los ejes impulsores de nuestros valores, propósitos, principios y, como no, escenario deseable a futuro, desde la esencia irrenunciable del largo plazo.

Solamente la cultura y liderazgo del largo plazo hacen de la visión y estrategia la vía imprescindible para hacer de nuestras fortalezas y solidez de partida, la movilización aspiracional y aplicación eficiente-eficaz de su ejecución y logro. Como siempre (aunque se olvida con demasiada frecuencia y se caiga en la comodidad “Druckeriana” de que la “gestión diaria y del pasado se come la estrategia en el desayuno”), la estrategia y el largo plazo, constituyen la herramienta y arte esencial para optimizar la toma de decisiones, la elección u eliminación de oportunidades, mitigar riesgos y hacer de los problemas la solución y de las oportunidades el “catálogo” de potenciales áreas de logro sostenible en el tiempo.

Somos conscientes, hoy como en todo momento de crisis (e inevitable desorientación) del impacto condicionante de las geoeconomías y la geopolítica, siempre presentes a lo largo de la historia y que, sin embargo, han sido arrinconadas por muchos, mientras se convivía con resultados e inercias que parecían dotarnos de una cierta confortabilidad y sensación de dominio del tablero existente. Afortunadamente, quienes han sido celosos de sus obligaciones, competencias y buenas prácticas, cuentan al menos con una visión, un propósito, una estrategia y una consistencia y coherencia, que les facilitará introducir cambios, adaptaciones y “pequeñas variaciones” para superar la tormenta hacia un mundo mejor (siempre diferente) con la certeza (o al menos sensación) de actuar en términos equilibrados con alto grado de fiabilidad y fidelidad a sus principios, valores y propósitos.

Desde este último espacio, serán muchos quienes estén en condiciones de explorar, de manera acelerada, nuevos caminos, pautas, alianzas y compañeros de viaje (las más de las veces elegidos libremente, otras, impuestos por terceros o reactivos contra la intromisión de los adversarios con mayor nivel de poder). Asistimos, con fuerza renovada a un mundo y tiempos de inevitables alianzas (coopetitivas) con terceros que siempre exigirán el acompañamiento de entidades o herramientas para la colaboración, facilitadores de gobernanza y resultados compartidos.

Desde esta “nueva realidad” hemos de plantearnos un largo camino, diferente, lleno de preguntas que esperan respuestas responsables y comprometidas. ¿Cuál ha de ser, si cabe, un renovado modelo de competitividad, crecimiento, desarrollo inclusivo cocreador de valor empresa-sociedad que responda al verdadero concepto de Competitividad que proclamamos ante un mundo desafiante al servicio del bienestar y desarrollo humano sostenible? ¿Qué puede unir diferentes conceptos y modelos, en diferentes geografías del mundo, en los diferentes países en diferentes espacios (de eficiencia operativa, de innovación, de transformación creativa)? ¿En qué medida habrán de transformarse las diferentes políticas públicas facilitadoras o acompañantes? ¿Y las estrategias empresariales? Y, por supuesto, ¿cómo lograr la convergencia desde la filantropía, la responsabilidad social corporativa, los objetivos ESG, y el bienestar holístico de las comunidades hacia el valor compartido empresa-sociedad? ¿Cómo entender, en verdad, el compromiso de un progreso social-económico inclusivo y sostenible, más allá de etiquetas auto concedidas, simplificadoras, de espectros ideológicos más que diferenciados?

En este intenso y profundo trabajo, no limitado a un simplista blanco o negro, o conclusiones de recetario teórico copiable a lo “gatopardismo” cambiando términos y palabras para que todo siga igual, cobra una especial relevancia el espíritu crítico imprescindible para repensar el mundo en el que nos movemos y, sobre todo, en el que desearíamos encontrarnos mañana.

Hoy, cuando parecería desmoronarse todo a nuestro alrededor, hemos de relanzar nuestra confianza y credibilidad en el propósito de un camino hacia la prosperidad, liderando el tránsito entre la tormenta, para llegar a un escenario deseado, siempre diferente del punto de partida, conscientes de la realidad que nos lleva a iniciar este nuevo y retador camino, querido o impuesto, que hemos de transitar.

Sin recetas mágicas. Principios, valores, propósito, compromiso, esfuerzo colaborativo diferenciado y constancia coherente en el largo plazo. Nada diferente a todo camino, complejo y turbulento, ya recorrido. Hoy como ayer, asumir la realidad y construir un futuro aspiracional de progreso.

¿Espíritu de Diálogo y nuevas oportunidades para superar un mundo convulso?

(Artículo publicado el 25 de enero 2026)

La cumbre anual de Davos, que se celebra desde 1971, ha tenido lugar esta semana, congregando a miles de participantes, incluidos más de 70 presidentes de gobierno y aproximadamente 3500 líderes empresariales, académicos y pensadores. El World Economic Forum ha evolucionado más allá de un simple foro de debate, convirtiéndose en un evento donde se presentan informes, documentos, ejemplos de aplicación de diferentes estrategias y modelos de gobernanza, así como ideas inspiradoras de nuevos caminos a recorrer, más allá de una nutridísima sucesión de reuniones, encuentros y conferencias de todo tipo. Una auténtica red activa (en la medida que cada uno de los asistentes se implique y esté dispuesto a escuchar, pensar y transmitir).

Cada año, Davos se prepara con un extenso trabajo previo que incluye informes y propuestas de diversos grupos de interés, lo que permite compartir conocimientos y abordar preocupaciones globales.

Esta vez, a sus documentos base que centran el “estado de la cuestión en el mundo” (el siempre esperado TOP Global Risks anunciando lo que  dicen preocupar a los líderes mundiales en empresas, gobiernos y comunidades; el siempre referente en cuestión Indice de Competitividad Global – mucho más allá del PIB y las múltiples “modalidades” de consideración del Progreso Social; su Barómetro anual de pilares clave para desarrollar el futuro – en este caso, la cooperación y a las decenas – por no decir cientos –  de Informes relevantes en todo tipo de industria, tecnología, temáticas innovadoras, talento, educación, bienestar, desarrollo regional, crecimiento, sostenibilidad, gobernanza, etc.)  y el OUTLOOK ANUAL que pretende ofrecernos la previsible marcha de la economía para el curso siguiente, de la mano de datos comparables y de la opinión de expertos consultados en los meses previos y que facilitan el aprendizaje (al menos a todos aquellos que creemos aprender toda la vida con y de los demás), se ha elegido como lema y “vector conductor” “El espíritu del diálogo” – “A spirit of Dialogue” respondiendo a 5 preguntas – necesidades – oportunidades: 1)¿Cómo podemos cooperar en un mundo cada vez más contestado e insatisfecho, excesivamente enfrentado y polarizado?; 2) ¿Cómo podemos desbloquear o encontrar o inventar nuevas fuentes de  crecimiento y desarrollo?; 3) ¿cómo podemos invertir, en una mejor educación, talento y capacidades de la gente?; 4) ¿Cómo podemos desplegar la innovación a escala aplicable y alcanzable asumiendo la responsabilidad individual y colectiva que conlleva?; 5) ¿Cómo podemos construir prosperidad superando las fronteras que lo impiden a lo largo del planeta?.

Sin duda, ni la apuesta ni las preguntas clave son fruto de un planteamiento “naif”, ni quien las formula descubre o reinventa la rueda, sino que supone todo un mundo por explorar y trabajar al servicio de la tan ansiada prosperidad, que nunca surgirá por “inspiración divina” sino del esfuerzo, compromiso, riesgo asumido , responsabilidad, visión, propósito y multi-ejecución colaborativa, unas veces entre amigos y compañeros que comparten nuestros ideales y deseos y otras, también y quizás con mayor empeño y tiempo, nuestros adversarios.

Plantear esta línea de reflexión subyace en todo un debate al que el mundo no puede dar la espalda (y mucho menos quien ejerce algún tipo de liderazgo por limitado que sea). En tiempos difíciles, rodeados de todo tipo de conflictos, en una amplia situación de confrontación ideológica, insertos en una verdadera ausencia o falta de “soluciones mágicas” (nunca las hay ni las habrá) en el “hoy, aquí, en todas partes, para mí y recibidas desde terceros y desde fuera”. Un mundo de cambios que transformarían (ya lo están haciendo) nuestras vidas, las expectativas de futuro o “hitos y línea del tiempo en la historia” que aún conforman nuestro legado condicionante (para bien y para mal según el caso y actor que los considere). Todos, con mayor o menor precisión, podemos citar los “grados y principales áreas que cambiarán nuestras vidas”: la temida, esperanzadora o incierta Inteligencia Artificial, Robótica – Automatización y Tecnología según quién, cómo, dónde y cuándo la aplique (y/o posea); la nueva manufactura y producción industrial con su localización base de las “Factorías del Futuro”; la geopolítica reorientando o no la estabilidad y confianza en espacios fragmentados desde la esperanza y necesidad de amplios espacios de interrelación; las ya comentadas “fuentes” de solución y crecimiento haciendo realidad el potencial mundo de oportunidades en contraste con el “foco negro u obscuro” de los problemas; los “nuevos partenariados hombre-máquina de inteligencia creativa”; y la reinvención de la Salud y de la educación en su concepto holístico – universal hacia el bienestar total, inclusivo y para todos, y vectores esenciales para dar sentido a nuestras vidas y soporte básico de cualquier estrategia más allá de objetivos económicos.

Así, junto con la propuesta de Davos (y de todos los que aspiramos a construir un mundo mejor), no podemos huir de una pregunta: ¿Qué hace diferente este momento de reflexión y propuestas – propósitos de futuro de lo hecho hasta ahora? ¿Cómo pasar de los marcos bien intencionados a propuestas y recetario ejecutor? ¿En dónde encontramos tan deseadas “fábricas de liderazgo” para aprender sobre la llamada “Educación del Cerebro” o del Conocimiento o de la Inteligencia para la prosperidad y cómo y quienes liderarla?

Si bien, en esta profunda riqueza intelectual, son innumerables los elementos a considerar, de entre los que cabría destacar algunas líneas de pensamiento y trabajo de plena actualidad y relevancia para navegar hacia el futuro quisiera detenerme en un punto que bien podría orientar la reflexión y las decisiones a tomar: Un nuevo “minilateralismo” o “plurilateralismo contiguo” que sustituya o condicione el Multilateralismo global que ha dominado gran parte de nuestra vida, hoy en decadencia, camino de desaparición y retado por su propia incapacidad de transformación y reinvención de una gobernanza demandante de atributos reales de eficiencia, eficacia, de confianza y credibilidad coherente con valores y propósitos trascendentes; en un marco mundializado más amplio y de máximo calado como el presentado con rotundidad por el premier canadiense, Mark Carney para un “nuevo orden por construir generando múltiples coaliciones para variados objetivos específicos con amigos fiables y con realistas adversarios que ya no son amigos de confianza”;

Así superar la antigua “globalización ilimitada” y promovida, protegida por “entes centralizados y poderosos” habría desaparecido y hemos de prepararnos, desde la convicción de una nueva realidad, a explorar y recorrer nuevos caminos, en múltiples espacios diferenciados desde una coopetencia, generalizada a la vez que en “capas sucesivas” regionalizadas.

Hemos de vivir la “coopetencia”, más que una competencia o colaboración en términos de panacea, construyendo nuevas potenciales cadenas gloKales de valor, más flexibles, ágiles y próximas, generando “coaliciones con propósito”, generando economías integradas, aceleradoras de innovación responsable, estrategias  emprendedoras público-público, público – privados que resultan “inevitables” pese a  la ideología confrontada y separadora que impide observar el beneficio, prosperidad generable para todos. Carney afirmaba  con el ejemplo de su país, señalando que “Canadá tiene todo lo que el mundo desea”(población, estabilidad, alto nivel de desarrollo, cohesión social, democracia, derechos humanos, tierras raras y no tan raras, energía, mercados eficientes de capitales, buena gobernanza, y un espacio compartido de comercio y desarrollo que, fruto de innumerables coaliciones especializadas, alcanza 1, 5 billones de personas (o consumidores, clientes, etc. si alguien pretende verlo como una opción de mercado) en una Sociedad democrática, respetuoso de los derechos humanos, cohesionado y con niveles de bienestar y desarrollo de primer nivel. Pero recuerda una serie de elementos clave a entender en los tiempos que corren y que exigen de la Sociedad asumir con realismo su existencia no como un asunto pasajero en transición sino como un punto de ruptura que obliga a interiorizar cambios sustanciales. El mundo de relación y potenciales amigos y aliados ha cambiado y tenemos que acometer nuevos roles no olvidando o marginando a “anteriores” aliados hasta hoy (Estados Unidos de América) sino con ellos, también, pero construyendo nuevos espacios.

¿Nos habla de algo más que un mercado aspiracional? ¿Satisfechos con la desafección social y de la “desgobernanza” observable o percibida?, ¿con el escasísimo poder decisorio (además de participativo) de los pequeños y menos poderosos que aspiramos a determinar nuestro propio destino? ¿ciudades-región y nuevos espacios de futuro? Sin duda, un desafío-oportunidad a seguir. Pero ¿hablamos de espacios de progreso social y económico, provocado o pensamos que poner por delante el resultado, financiar y las “reglas del mercado” generarán por si solas verdaderos espacios, marcos de competitividad y desarrollo social plenos, para la igualdad, el bienestar y la inclusión total?

En definitiva, todo un espacio de reflexión, aire fresco, motivación para imaginar nuevos sueños, explorar caminos de interés y asumir riesgos de futuro. Dialogar, pilares colaborativos, pluri-minilateralismo, regenerar gobiernos-ONG’s, función y administración pública, empresas, ciudadanos emprendedores e innovadores, hacia un mundo mejor.

Desde el aire fresco de este pequeño pueblo en la singular Confederación Helvética hacia un mundo en plena ebullición lleno de jugadores emergentes.

Cuarenta años después. Europa “Ensueños y realidades”

(Artículo publicado el 11 de enero 2026)

En estos días celebraremos el 40 aniversario de ingreso del Estado Español en Europa. Con ella, la integración de Euskadi en su largo y trabajado anhelo de una aun lejana “Europa de los pueblos” que proclamaba muchas décadas antes, desde su vocación europeísta, su compromiso demostrado en los conflictos mundiales que precedieron las apuestas democráticas y sociales a los últimos ochenta años de libertad y, a los primeros equipos demócrata-cristianos que en los últimos 40’s del siglo pasado alumbraron el mayor espacio de paz, libertad, derechos humanos, y avances económicos, sociales y de bienestar vividos en el amplio (y sucesivamente reconfigurado), espacio Europeo. Así, desde la comunidad económica del Carbón y del Acero, de la Comunidad Económica Europea, de la actual Unión Europea hoy en crecimiento comprometido tanto con nuevos Estados Miembro, en procesos alejados de una potencial integración (plena o parcial) y promesas a terceros que parecerían otorgarse sin un plazo y horizonte verificable (Turquía, Ukrania, …), continuamos soñando y apostando por reforzar, construir y cocrear una nueva Europa deseada , superadora de todo aquello que no nos gusta de esta querida Europa actual. Soñábamos y soñamos en lo que nos ilusionaba, inspiraba y atraía en 1986 y por la que hoy seguimos trabajando, pese a las aun enormes diferencias y distancias que nos unen en valores y principios pero que nos alejan de una satisfacción y afección observable en sus realidades, y muchas veces, confusas apuestas de futuro compartible.

Si entonces, en 1986 confiábamos en una utópica Europa que nos ofrecía la ilusoria defensa ante potenciales autarquías, golpes de estado, supremacía militar sobre el poder civil y democrático, a la vez que nos invitaba a un esfuerzo transformador hacia un modelo de economía social de mercado que facilitase un futuro de desarrollo humano sostenible, en un espacio institucional, democrático, de paz y solidaridad para la igualdad, pese a un camino de obstáculos y barreras que marcaban la enorme distancia de la Euskadi de entonces y la “próspera banana azul” que conformaban los pocos Estados Miembro de altos niveles de bienestar, nos sentíamos capaces de recorrer un largo camino de trabajo, cambio permanente, sacrificio innovador que aprovechara horizontes y oportunidades colaborativas, políticas Re conversoras y orientadoras de un futuro exigente a la búsqueda de un horizonte convergente y definido. Nos creíamos coprotagonistas de una “construcción europea” para una Europa soñada y deseada, muy distinta a la que entonces nos “acogía”.

En esta efeméride, repasaba una conferencia que tuve la oportunidad de impartir en el Forum Deusto en un ciclo conmemorativo de la integración, a finales de 1992, cuando casi iniciado nuestro ingreso se nos presentaba un reto redoblado: el compromiso de creación del Mercado Interior o la Europa de 1993. Tiempos, entonces como hoy, de grandes retos y desafíos, pero, también de ilusionados ensueños. “Ensueños y Realidades – Retos y Oportunidades”, pretendía reflejar la experiencia vivida en aquellos precarios años de “vida europea”. Desde la aspiración esperanzada y orientadora de los sueños contrastándolo con la realidad de una Euskadi muy diferente. Hace unos días, comprobábamos, de la mano de una publicación de la Unidad de Prospectiva de Innobasque (Agencia Vasca de la Innovación), el éxito del recorrido de nuestro país en estos 40 años prácticamente asimilables al inicio de nuestro autogobierno tras las creación del renovado y recuperado Gobierno Vasco, tras el final de la dictadura franquista que nos había llevado al aislamiento internacional, desde la obscura ausencia de libertad y democracia, aspirando a la construcción de un nuevo futuro desde una profunda crisis económica, social política, institucional, ensangrentada, además, por un terrorismo (también de Estado) que acentuaba la crisis mundial por la que pasábamos.

Sin remontarnos a detallados análisis de la larga historia de la “Integración europea” (1957) de Lucien de Sainte Lorette y su comparación del Plan Schuman (documento básico de la “nueva construcción europea”) con la vieja Europa de Carlo Magno en el complejo proceso, inacabable, hacia la solidaridad, unidad de territorios, administraciones, pueblos, ejércitos, autoridades compartibles y/o comunes “dejando amparo a cada territorio y pueblo su carácter y economía propios” y los “modernos principios del Movimiento europeo, los nuevos equipos (Monet, Schuman), y los sucesivos avances, fase a fase, etapa a etapa, hasta la Europa de hoy, en un larguísimo camino aún por descubrir, recorrer y superar que se ha dejado llevar por “la necesidad de lo fácil” (que diría Delors), los que hacemos de Europa nuestro espacio común compartible no renunciamos a aquella Europa de los pueblos que continúa guiando nuestros ensueños y esfuerzo de transformación permanente, asumiendo retos y desafíos en beneficio de una sociedad próspera, de bienestar, paz y libertad si el miedo obligó a tejer compromisos en apariencia impensables, el temor más que justificado de hoy, debería acelerar las decisiones que durante demasiado tiempo han quedado relegados a lo fácil o incontrolado. Cuando la necesidad obligue, subsistirán las realidades y los peligros de guerra y descomposición. Cuando Europa se asiente sobre bases más naturales, más justas, el concierto de las naciones europeas podrá ser una realidad en el concierto universal”.

Con aquellas ideas y aspiraciones, la integración formal en la “nueva Europa” de entonces, se adelantaba cinco años a la convulsa (a la vez que ilusionante) disolución de la URSS, abriendo espacios de esperanza para las naciones y repúblicas bálticas, a una imprescindible integración de “las dos Alemanias de post guerra”, a una trágica guerra de los Balcanes y la desintegración – reconfiguración de la Yugoslavia “autogestionada” … no renunciando a avanzar hacia un “Mercado Interior” (que no un Mercado único) a tan solo 7 años de distancia entonces, que nos retaba con enormes desafíos cuando aún no podíamos digerir los cambios propios de la adecuación a la nueva realidad deseada.

40 años adaptándonos a un nuevo espacio europeo que nos obligaba a reinventarnos, para más tarde redoblar esfuerzo hacia una nueva Unidad de Mercado en el entonces inmediato 1993 generando un Mercado Interior del que no queríamos quedar fuera y que obligaba a nuevos sueños, grises realidades y esperanzadas a la vez que complejas, nuevas tareas y políticas. Y, así 40 años de permanentes esfuerzos y cambios hasta hoy, apostando por una añorada “Autonomía estratégica” para una Europa del futuro que parecerá languidecer ante sus “competidores” globales en una geopolítica y geoeconomía que pretenden ignorarnos pensando en una Europa del pasado incapaz de aportar valor real a un futuro por descubrir, inserto en grandes desafíos para los que algunos creen que llegamos tarde, hemos perdido el tren, y nos refugiamos en principios superados por la historia alejados de las necesidades y posibilidades del mañana.

Hoy más que entonces, son tiempos de recuperar los estímulos de aquellos “Ensueños” actuando sobre “nuestras realidades” para “ganar nuestro futuro”, superando preocupantes señales rojas de desilusión. Somos conscientes que aquellos muchos elementos que no nos gustaban de la Europa que abordábamos, siguen opacando la verdadera Europa- quizá utópica- que soñamos y queremos. Convivimos con una gobernanza errática y alejada de la capacidad de elegir nuestros propios destinos, continuamos secuestrados por una funcionarización, burocracia y regulación paralizante con escasas líneas de proyectos de futuro suficientemente estimulantes y observamos gobiernos (sin ir más lejos el español) que desprecian al Parlamento, y el reparto competencial entre diferentes niveles institucionales, huyen de las leyes y compromisos dados, desprecian a quienes no forman parte de “su club incondicional” y desaniman a las nuevas generaciones necesitadas de proyectos compartidos a futuro que conllevan adhesión a principios, valores, proyectos y tareas. Y, por encima de todo, nos vemos amenazados por el imperio de la fuerza y el poder unilateral que parece ni creer en nosotros ni respetar alianzas, compromisos y respeto a marcos geopolíticos y geoeconómicos preestablecidos, con el desamparo de lo que entendíamos tener bajo un marco institucional e internacional, compartidos, de principios, valores, derechos y colaboración constructiva.

Pese a todo, Hoy, es un buen día para celebrar. Hacerlo mirando hacia atrás no para revivir desde la nostalgia ni, mucho menos, desde la auto complacencia o autosatisfacción personal o individual, sino desde la constatación de las realidades, complejas, de las que se partió, y la ilusión y optimismo motor que provocaría enormes compromisos solidarios, riesgos asumidos en las tomas de decisión, y apuestas reales y sueños, por un camino propio pensando en País, pensando en una sociedad común, construyendo nuestro propio espacio a la vez que un nuevo contexto universal de futuro, , día a día, a lo largo de los años.

Esta Europa, de la que formamos parte no es el punto final, ni el destino ideal perseguido, ni el paraíso buscado, ni mucho menos, el “recuerdo de lo que fue y del futuro que no será”. Nuestro destino, mundial y global, nos reclama un espacio próximo de paz, democracia bienestar y prosperidad compartida, en casa (nuestro País y Comunidad), en nuestra nueva Europa soñada para el mañana.

Seguimos soñando por la Euskadi en la Europa que soñábamos, desde la utopía innovadora de entonces, así como de nuestra capacidad para cocrear una Europa querida y deseada, distinta a la actual, coprotagonista real de un mundo diferente. Continuamos, y de alguna manera, con similares retos y desafíos, y, también, ilusiones y esperanzas en ocasiones aún demasiado distantes.

Hoy, cuarenta años después, tras haber recorrido una intensa etapa (de las muchas que la Europa milenaria ha superado), sabedores del largo camino, permanente, a recorrer desde Realidades distintas en cada momento, sobre las que refundar y reformular Ensueños motivadores y movilizadores ante retos y desafíos, como entonces, si bien de máxima gravedad, redoblamos nuestro compromiso para un largo camino capaz de recoger la diversidad, de organizarse con criterios democráticos y participativos y que haga de la verdadera democracia a todos los niveles, su más elevado valor propiciando la cohesión económica y social, con el compromiso del desarrollo endógeno de cada una de sus piezas en convivencia con la común estrategia europea, compartible.

Hoy como ayer, un binomio de “ensueños y realidades”.

Oportunidades y Futuro. Hoy y mañana, como ayer.

(Artículo publicado el 28 de diciembre 2025)

Publicar un 28 de diciembre puede sugerir una “inocentada” o una innovadora propuesta de valor que encubra la osadía optimista de incitar a la audiencia para afrontar un esforzado camino de futuro o, en todo caso, al acercarnos al cambio de calendario, recurrir al balance anual y enumerar proyectos de transformación y mejoras acompañados de las uvas ya próximas.

En esta ocasión, no me resisto a caer en una sensación negativista y un tanto deprimente – fatalista que parecerá rodearnos y acompañar, en especial, a dos grandes colectivos heterogéneos: “la juventud” (sin matices, sin distinción etaria, sin historiales y realidades concretas diversas y distintas) y la “adulta” (que hizo, decidió y hoy siente no encontrar aquello que añora).

Los primeros parecerán creer que “vivirán peor que sus padres y generaciones anteriores” y los segundos, pensando lo contrario, permanecerán preocupados por no encontrar “el caldo de cultivo generacional” que un cambiante y complejo mundo exige (y, sobre todo, exigirá).

Ya sea una u otra actitud, unos y otros, de una forma u otra, aspiramos a la prosperidad (espero que colectiva, inclusiva y de todos) y la felicidad (entendida, siempre, desde la subjetividad insustituible, real y objetiva, percibida o comparable).

Recurriendo a grandes referentes de la psicología – psiquiatría, hoy tan presente en las conversaciones y ocupaciones sociales,  Sigmund Freud, Carl Jung y Alfred Adler, en un ya conocido libro de Ichiro Kishimi y Fumitake Koga, “Atrévete a no gustar” se preguntan el cómo ser feliz en un mundo como el que vivimos ante la incertidumbre de un no concreto futuro, centrando la aproximación en una respuesta orientativa “a la imprescindible necesidad de coraje para cambiar e ignorar las limitaciones que nos hemos impuesto o quienes nos rodean imponen”.

Tras esta posición, en estas fiestas navideñas y/o de final/entrada nuevo año, nos felicitamos las fiestas, nos deseamos salud y prosperidad y manifestamos renovados propósitos de mejora. Con estos buenos deseos, ¿nos atrevemos a esforzarnos a ser felices a la vez que generamos prosperidad (para nosotros y, sobre todo, para los demás)?

Sin duda, vivimos un mundo complejo, lleno de insatisfacciones y, en gran medida, lleno de señales, actuaciones, decisiones, absolutamente desalentadoras, aumentando y condicionando la incertidumbre y complejidad, repleta de desafíos que obligan a profundas transformaciones, acompañadas por un panorama mediático, político, social y, en general, poco apetecible, llevando a muchos a renunciar a un camino hacia un futuro, distinto a la situación de partida, hacia soluciones individuales, a “una adaptación a sobrevivir en la situación de partida”, a la desconfianza en las “propuestas de terceros” (incluso cuando, escasas, , ofrecen proyectos de interés y clarifican el horizonte hacia el que se pretende llegar). Un mundo lleno de obstáculos, con el predominio de los “anti todo” y los pseudo poseedores de la verdad única y la manipulación de ideas y mensajes, haciendo del espacio vital, un mundo de confrontación, insulto y descalificación de las ideas…, y un paralizante mensaje dirigido a huir del trabajo solidario (real) y buscar la demagógica etiqueta y bandera tras la que ocultar la inacción y/o falta de compromiso) o las consideraciones de valor, dignidad, disciplina, formación, incentivación. Y forma de vida que implica.

En este tipo de ambiente (la España de Hoy es un lamentable ejemplo, por centrarnos en el entorno que nos rodea), y no entrar en la geopolítica global de la que dependemos, para bien y para mal, alejada en gran medida de nuestras posiciones y decisiones, no resulta fácil transmitir … y apostar desde la visión de un MUNDO lleno de OPORTUNIDADES para un futuro MEJOR, deseable, que nos satisfaga. ¿Es realista provocar y proponer ese cambio invitando a tener el coraje para superar nuestras limitaciones y dificultades para impulsar el cambio ya comentado?

Hoy, más que nunca, con mucho mayor y mejor bagaje que en generaciones anteriores, los propios desafíos son una fuente inagotable de oportunidades para un futuro mejor, próspero y feliz. Educación, Tecnología, Empleo, Territorios, paraguas de bienestar social, activos culturales, empleabilidad y emprendimiento, servicios asequibles, comunicación, generación e interacción de redes, movilidad, …, en su propia transformación, superación de ineficiencias y limitaciones, conllevan espacios inimaginables de cambio y transformación. Un aprendizaje retador pleno de recompensas y puntos de exitosa llegada. Toda una interconexión global desde nuestras diferentes áreas base. Puntos clave sobre los que construir nuevos futuros, eso sí, demandantes de nuevos liderazgos, cambio positivo y gobernanza innovadora (en todos los niveles y espacios). Tenemos por delante las enormes oportunidades cuyo camino lo señalan, con claridad, aquellos elementos que otrora pudieran destacar como problemas y que, gracias a la capacidad de observarlos con gafas diferentes, facilitan las oportunidades transformadoras de la educación del mañana, del uso de las nuevas tecnologías disruptivas, de una comunicación crítica, objetiva y contrastable, de una salud y bienestar holística y plena.

El mencionado libro de Kishimi y Koga, contiene una agradable e instructiva narrativa (de amplia invitación a la reflexión) entre un viejo, sabio y prestigioso   filósofo y un joven “aprendiz” que responde al cuestionamiento permanente de este segundo, en torno a las dos tesis inicialmente contrapuestas, que ambos sostienen. Mientras el sabio experto sostiene que el mundo observable es “sencillo, rico en oportunidades, alternativas y diversidad de caminos hacia la felicidad y la prosperidad”, el joven estudiante sostiene un mundo lleno de barreras, limitaciones, paralizantes espacios de desconfianza, carente de oportunidades y de escasa invitación a optimismo alguno. A estas dos visiones, nuestro filósofo de referencia invita a “utilizar unas gafas distintas para apreciar espacios distintos de una misma situación objetiva”.

Hoy, a las puertas de concluir nuestros respectivos balances y la esperanza de un renovado futuro, sería un buen momento para cambiar las gafas negras, oscuras por un halo de luz y explorar, revisitando el estadio de partida, nuestro mundo en transformación. Tesis base del sabio filósofo para entender visiones diferenciadas y percepciones, en ocasiones, distantes de una realidad objetiva.

En la narrativa descrita, los conversadores en debate aproximan sus maneras de entender un espacio compartible recurriendo a la metáfora “del agua en los pozos” (siempre están a una temperatura concreta y objetiva, 18º, pero la sensación varía según entres en contacto con ella y la sientas en verano o invierno).

En definitiva, nuevas gafas, o nuevas fuentes de agua y nuevas actitudes. Más o menos luz. Mayor o menor perspectiva y horizonte.

Las oportunidades nos esperan. Pero, eso sí, hemos de tener el coraje de ir a por ellas,

Zorionak eta Urte Berri On! Felicidades.  Buen año nuevo.

¿Abundancia o escasez? Brújula para orientar un futuro mejor.

(Artículo publicado el 14 de diciembre 2025)

Sueños transformadores, visiones verdaderamente innovadoras, aspiraciones comprometidas con una verdadera co-creación de valor al servicio de las sociedades de hoy y del mañana, demandan liderazgos y cualificaciones capaces de construir, gobernar, asignar y ejecutar recursos, desde la coherencia de las políticas propuestas y los programas, presupuestos y acciones ejecutivas que los hagan posibles.

Una máxima, tan simple como compleja, a la vez, como la sugerida en el párrafo anterior, claramente aspiracional,, está presente, de una u otra forma, en el debate, explícito o no, de todas las Sociedades de hoy, fluctuando entre la cooperación o búsqueda de un mundo de prosperidad (inclusiva), de crecimiento cuasi ilimitado o, por otra parte, la apuesta encaminada a la escasez propia de un decrecimiento que haga girar todo en torno a la insuficiencia para generar valor para todos, a la vez, en todo el mundo.

Soy un firme convencido de la ABUNDANCIA de recursos y capacidades de la humanidad para poner la complejidad tecnológica, la innovación disruptiva, la inteligencia acelerada (incluso la llamada artificial) y la innovación política y de gobierno al servicio del bien común, de las soluciones a los desafíos (inciertos y desconocidos) y al compromiso real de co-creación de valor empresa – Sociedad y de la siempre dificilísima coopetencia público – público y público – privada y partidaria de explorar ideas asociadas a la Abundancia (de la escuelas de Peter Diamandis – Singularity University) desarrollable en y desde las democracias reales de alta intensidad y mejor calidad, antes que de la confortable ESCASEZ de un mundo ya distribuido, facilitador de la acumulación restringida entre quienes, por una u otra razón, ya disponen y disfrutan de la confortabilidad base, o la resignación a la imposible generación de un valor compartible que satisfaga las demandas y necesidades de un mundo cambiante y exigente de una prosperidad e igualdad objetivas.

Estos días he tenido la oportunidad de leer un extraordinario libro de Ezra Klein y Derek Thompson: “Abundancia: Cómo construimos un mundo mejor” que, si bien está centrado y enfocado al análisis histórico y la pretensión de explicar el cómo ha llegado Estados Unidos de América a esta “desastrosa situación” motivada por una búsqueda de la abundancia y la prosperidad, ha terminado acentuando desigualdades, insatisfacciones, desapegos y una política fallida inmersa en la polarización enfrentada y paralizante de espacios de acuerdo absolutamente necesarios  para la “buena política y mejor gobierno” (desde la ideología y políticas que las diferentes partes contemplan), haciendo de la deseable solución a los desafíos existentes, una imposible propuesta, obstaculizada por la perversa decisión previa de múltiples obstáculos que en nombre de una libertad y democracia “llevadas al último ámbito individual de cada individuo o grupo de interés”, nos ha terminado construyendo muros al progreso ,profesionales anti proyectos y “destructores de sueños para un mundo mejor”.

Los gobiernos, de esta manera, se ven ampliamente limitados para llevar adelante sus objetivos (“nobles o no”) y el “método” se extiende a todo espacio de autoridad o liderazgo. La Sociedad quiere un fin u objetivo óptimo, principio generalmente deseado y compartido, pero se ve incapacitada para llevarlo a cabo, enfangado en las innumerables decisiones que ha de tomar, con el visto bueno de todos, superando una cadena interminable de oposiciones que, por lo general, hacen de una molestia o queja individual, una generalizada masa inhabilitante de cualquier intento real (casi siempre complejo, demandante de acuerdos y procesos colaborativos en positivo) para ejecutar y construir lo deseado. Demasiadas voces sin filtro ni ordenación verdaderamente representativa, legitimidad democrática, institucional o lo suficientemente comprometida.

Repasemos así, una sinopsis de la solapa promocional sobre el corazón de lo que pretende abordar el citado libro: “Klein y Thompson despliegan ideas convincentes para cumplir con los mayores desafíos de hoy. Una llamada a la acción que busca cambiar el paradigma de la política de abundancia, enfrentarse a los procesos que favorecen la inacción real, la no solución de problemas enunciados y el desapego a los gobiernos de quienes creyeron en ellos. Rastrear la historia supone rastrear lo inasequible y la escasez” Acuden a todo tipo de ejemplos (construcción de suficientes viviendas, limitación u ordenación de la inmigración, incapacidad real de intervenir sobre las consecuencias negativas del cambio climático, la apuesta por infraestructura energética verde y limpia suficiente, múltiples proyectos de infraestructura años y años estancados, el predominio del miedo ante la esperanza ante el enorme desafío tecnológico…).

Abundancia explica como los problemas de hoy no son resultado de los villanos de ayer o de la incompetencia de los regidores de hoy, sino que los problemas de una generación se convierten, sucesivamente, en los problemas de la siguiente (a lo que añado, las “buenas decisiones, su bondad aspiracional a la búsqueda de la mejora permanente de la democracia, la gobernanza, la voz de todos, el valor dado a la implicación integradora más allá de sus fines ha generado un efecto perverso en el amplio, complejo e interrelacionado sistema de toma de decisiones). En sus ejemplos, describe regulaciones, instrumentos, barreras que se acumulan impidiendo el logro de los “buenos proyectos que pretendían llevarnos a un futuro distinto y mejor”. En definitiva, nuestra capacidad de ver problemas se ha agudizado al extremo, mientras nuestra capacidad de resolverlos ha disminuido.”

Sin duda, hoy observamos (somos copartícipes) un rumbo incierto que no nos gusta. Compartimos “grandes objetivos planetarios, universales, intergeneracionales, inclusivos, igualitarios, democráticamente propuestos y alcanzables y apreciamos determinados liderazgos, visiones y rutas a seguir para lograrlos. Sin embargo, no nos reconocemos ni en sus resultados ni en sus plazos, ni en sus procesos y métodos. Asumimos, con entusiasmo, esperanza y un cierto temor a la vez, la realidad de un mundo cambiante, incierto y participamos de una desorientación compartida. ¿Nos acostumbramos a ser parte de un mundo distinto al que creímos recibir y/o construir y rechazamos los caminos desconocidos que habremos de transitar?

¿Aspiramos a una relativa prosperidad cuyas garantías de éxito ni están claras ni, al parecer, al alcance de todos? ¿Quiénes y cómo liderarán u orientarán los nuevos caminos? ¿Con qué equipaje habremos de recorrerlo?, ¿en qué medida contribuimos con nuestra propia corresponsabilidad en el viaje a emprender?

Demasiadas preguntas nos interpelan. Vivimos necesitados de una buena brújula que nos oriente más que rutas cerradas, que nos guíen paso a paso.

En este debate, el citado libro contrapone los conceptos perseguibles hacia la Abundancia o la escase como guía, cuestionado si de lo que en realidad hablamos no es sino el dilema entre el CRECIMIENTO VERSUS EL DECRECIMIENTO.

¿Crecer vs decrecer? ¿Abundancia para prosperar y abrir espacios innovadores o escasez, poniendo el acento y freno para los espacios base ya conquistados (por unos pocos)?

¿Existe un bien común verdaderamente común, compartible, deseable, orientado en valores y no en acciones concretas, muchas veces incoherentes con una visión y estrategia alineada y mucho más que aspiracional, legitimadora de una dirección y gobernanza democrática más allá de innumerables grupos aislados de interés individual, ni comprometidos, ni socialmente implicados más allá de sus propias apuestas particulares?

Sin duda alguna, necesitamos (y demandamos como Sociedad) cambios radicales si, construyendo los sueños transformadores. Cambios y deseos que nunca han de basarse en posiciones paralizantes sin alternativas o propuestas (la inacción también es una propuesta) destructora de la riqueza y abundancia buscada. Un mundo complejo, ayer, hoy y siempre. Estamos necesitados de sueños y apuestas comprometidas, que conllevan riesgos legitimados, y pasos firmes tras la brújula de la abundancia (con el acento no en los problemas y dificultades sino en el optimismo creativo e informado de la capacidad “ilimitada” de generación de nuevas y diferentes soluciones, oportunidades, innovación, voluntad y desarrollo compartido, colectivo, desde la infinita contribución y voluntad individual, siempre mejorable, en procesos colaborativos positivos). Así, las Sociedades y personas que no hemos disfrutado de un futuro caído del cielo, estamos obligados a imaginar futuros distintos y hacerlos posible. Son tiempos para rebelarnos ante un mundo de escasez y decrecimiento que renuncia no a “aumentar el tamaño de la tarta” sino a generar una tarta distinta de oportunidades ilimitadas, repartible entre todos, más allá de entre aquellos que hoy ya disfruten de los beneficios heredados o generados hasta hoy.

En y desde Europa, ahora que parece cuestionarse y/o descalificarse su importancia, cuestionando su apuesta por “una autonomía estratégica de futuro” y desde su Parlamento y Comisión se enarbolan los informes Letta y Draghi, quizás será momento para profundizar en los obstáculos regulatorios y de gobernanza y repensar, con rigor y decisión, los cambios radicales necesarios para construir un nuevo futuro desde los principios y valores que dieron lugar a su liderazgo moral, ético, social y económico que nos han traído hasta aquí.

Sin duda, la brújula que nos guía es clara: elegimos un mundo, aún desconocido, que habremos de construir afrontando su complejidad, desde la óptica de la abundancia (más allá de sueños lejanos) para todos.

Bienestar, Gobernanza, financiación y la industria de la Política.

(Artículo publicado el 16 de noviembre 2025)

¡Y Washington cerró su gobierno!

40 largos días de susto, incertidumbre, preocupación y cuestionamiento del papel fundamental de los servicios públicos esenciales asumidos o habituales. Finalmente, un parche con ruptura de disciplina de voto y fractura entre la bancada demócrata aporta una solución coyuntural con la promesa (una vez más) de que se negociará y debatirá un nuevo rumbo que marque una futurible financiación viable y suficiente de un renovado marco del bienestar. De momento, “alarmantes luces rojas, para Estados Unidos de América…” y para todos, un serio aviso.

En 1979, Michael Porter publicó un artículo (Harvard Business Review) ya clásico que ha inspirado el trabajo de todo estratega a lo largo del mundo, provocando una auténtica revolución en su Modelo y Análisis de “las 5 Fuerzas”, facilitando la atracción de inversiones, los elementos determinantes de la competitividad de las diferentes industrias, las tendencias y fuerzas que las definen, las industrias en las que las empresas deberían “competir” y cómo han de hacerlo y, en consecuencia, cómo deben posicionarse para su éxito.

Así, centrados en la “Rivalidad y competencia” existentes entre los diferentes jugadores en una industria concreta, definiría la manera en la que los otros 4 elementos o fuerzas clave han de interactuar: las amenazas sustitutorias de productos y servicios, las amenazas de potenciales nuevos entrantes, el poder de negociación con/de proveedores, el poder de negociación de/con compradores.

Análisis dinámico de 5 fuerzas. Hoy, con el paso del tiempo (como lo fueron sus aportaciones históricas) a las Cadenas de Valor, a la Clusterización, a las Estrategias de Creación de Valor, a la diferenciación y unicidad estratégica, al valor esencial de las “entidades facilitadoras” entre empresas, industrias y gobierno, el diamante competitivo (en sus diferentes espacios, geo economías locales y globales), la co-creación de valor empresa-sociedad, o el determinismo del progreso social más allá del PIB en el desarrollo económico, han ayudado a la transformación empresarial, industrial, regional a lo largo del mundo. Conceptos, marcos, modelos, que hoy asumimos con plena naturalidad y normalidad “como si siempre hubieran estado entre nosotros”. En esa línea, ya en 2010 dirigió un amplio estudio sobre la competitividad de los Estados Unidos, advirtiendo del profundo declive que la “Agenda Social y de Bienestar” lastraba “la agenda económica” de Estados Unidos.

Conviene recordar todo esto cuando por ejemplo, hoy observamos gravísimas  “luces rojas” que preocupan, desde una más que aparente descomposición de la forma de hacer y dirigir la política estadounidense y su impacto (activo o pasivo) a lo largo del mundo, en una inquietante búsqueda de soluciones a una democracia amenazada, a un desconcertante comportamiento de diferentes fuerzas políticas de uno u otro signo, a un creciente desapego o desafección social más que aparente y a un más que preocupante modelo de gobernanza y liderazgo, de escasa credibilidad, dudosa eficiencia, baja calidad y más que cuestionable procedimiento democrático que respete las normas y logros preestablecidos. Contexto grave que se ve acentuado por las nuevas disrupciones y “revoluciones” que entendemos nos afectan y habrán de determinar nuestro futuro.

Volviendo a mi referencia inicial al modelo de las 5 fuerzas, rescato otro trabajo pionero y valiente del profesor Porter publicado en 2017 (“Why Competition in the Politics Industry is failing America. A strategy for reinvigorating our Democracy” – “Por qué la competitividad en la Industria de la Política está haciendo fracasar Estados Unidos. Una estrategia para la revitalización de nuestra democracia”). En su investigación codirigida con Katherine M. Gehl provocó una enorme preocupación general, múltiples discusiones internas en el “mundo económico-empresarial” más próximo al pensamiento estratégico empresarial de Porter, enorme malestar en el mundo político en Washington que se sintió reflejado en sus malas prácticas, enormes discusiones de su honorable deber de servicio público y de su “continua generación de un espacio propio y protegido alejado de la realidad del País y población que se suponía representaban y apoyaban”. Un documento disruptivo que alertaba sobre el profundo problema de alta complejidad, sistémico, que centraba la cuestión no ya en la cualificación o no de los políticos y gobernantes o en el error o bondad de políticas públicas concretas, sino en la fragilidad de un sistema que propiciaba una Industria política cerrada, sin condiciones de una competitividad abierta e innovadora. Denunciaba la aceptación generalizada del diagnóstico a la vez que la nula voluntad de transformación de los principales jugadores.

Porter y Gehl compartieron su diagnóstico con los principales protagonistas del mundo de política y gobierno estadounidense y encontraron un total apoyo y coincidencia con su diagnóstico y, sin embargo, ninguna evidencia de voluntad transformadora más allá de la constatación de que “este mundo es así, lo ha sido siempre, y resulta imposible cambiarlo. Entendieron que su diagnóstico iba más allá de la calidad y cualificación individual de los diferentes jugadores, o del acierto incluso del diseño de políticas públicas, o de la insuficiencia de recursos o de la alternancia en el gobierno, sino que se trataba de un profundo y complejo problema sistémico que afectaba a la propia “Industria de la Política”, por lo que decidieron abordar su enfoque desde el análisis de una “industria” más, específica y singular, a la que merecía la pena observar y analizar bajo la óptica por ellos dominada de “las 5 Fuerzas”, con los matices y adaptaciones en el difícil salto del mundo empresarial al de los gobiernos y ámbito político.

Reflexión de enorme impacto que, debidamente adaptada a otros espacios y realidades, dio lugar a iniciativas compatibles en otros muchos lugares del mundo, si bien es verdad que con limitadas aproximaciones de verdadero impacto pleno. Una de ellas cumple estos días 6 años desde su publicación en Montevideo. El Instituto de Competitividad de la Universidad Católica de Uruguay, bajo la dirección de Micaela Camacho y Roberto Horta publicó “La Industria de la Política de Uruguay. Una mirada desde la Organización Industrial”. En Bulgaria, liderado por quién unos años más tarde sería el primer ministro del gobierno de Bulgaria, Kiril Petkov, creó un “núcleo de transformación política” basado en los trabajos de Porter, “formó a futuros dirigentes”, creó su propio espacio político (continuamos con el CAMBIO), ganó unas elecciones, y gobernó un proceso transformador en la compleja y dividida Bulgaria post soviética y en transición y entrada al “club” de la Unión Europea como Estado Miembro. Fundador del Centro de Estrategias y Competitividad de la Universidad de Sofía, formando gente en esta línea de estrategia transformadora. Miembros todos ellos de la MOC NETWORK for Strategy and Competitiveness creada por el profesor Porter y extendida a lo largo de 100 paises, lo que nos ha permitido, en su seno, proceder a estudios comparados con mayor o menor nivel de logro (y escaso poder transformador en nuestros respectivos paises).

Hoy, cuando asistimos al último episodio (de momento) del “cierre del gobierno” en Estados Unidos, observando la crisis de servicios generada, el profundo debate inaplazable de una escasa e irregular financiación de la enorme deuda americana, la creciente confrontación entre funcionarios y quienes no lo son, la duda racional de los servicios públicos que han de ofrecerse y los que no, el cuestionamiento del nivel, rol, y quienes han de asumir más impuestos. Cuando se pone sobre la mesa la pregunta de quienes están controlando y gobernando (desde fuera y vistos como representantes de sus propios intereses particulares y no de País), en el cruce de descalificaciones y acusaciones entre los diferentes senadores de uno u otro partido, aludiendo a la falta de peso de los representantes ordinarios y cuando asistimos a un preocupante liderazgo único e ilimitado del presidente electo y miramos incrédulos aquella otrora referencia democrática que creíamos visualizar en Estados Unidos, nos preocupamos por sus consecuencias y reflexionamos su extensión o no más allá de un gobierno y país concreto. Pero más allá del origen y extensión de su descomposición debería llevarnos a extender la mirada y acercarnos con honestidad, valentía, objetividad y decisión, a lo que nos rodea, a lo largo del mundo. ¿Esas luces rojas que detectamos y explicamos con facilidad en Estados Unidos de América son exclusivas de nuestros amigos americanos? ¿Y en casa?, ¿Y en nuestro entorno próximo del que creemos estar suficientemente aislados?

Los estudios antes mencionados recogen con precisión el aislamiento de una “industria de la política”, de unos jugadores que, durante décadas (o mucho más) se han ido dotando de sus propias reglas y que han terminado aislándolos de lo que la sociedad parece sentirse alejada, entendiendo un espacio y normas aplicables por lo general, en su propio beneficio, que han generado “empleos y estructuras ficticias” sin el impacto social deseado, con un deterioro permanente de las normas de gobernanza, en un escasamente creíble mundo mediático condicionado por su interés y beneficio de parte, en una connivencia irregular con determinados jugadores de mercado (que miran, también, por sus intereses personales y particulares), favorecedores de una funcionarización suficientemente contestada y escasamente transformadora y que no parece encajar con las soluciones demandadas por Sociedades, cambiantes, enormemente exigentes (por lo general también de sus propios intereses concretos) y un “dejar estar”, confiando. que la coyuntura y el “peor hacer” de sus “competidores”, termine ofreciendo réditos para continuar en el mismo marco del que se forma parte. ¿Es este el verdadero escenario percibido?

¡Demasiadas luces rojas!  Aprovechemos la oportunidad que nos ofrece el panorama ajeno para aprender y reflexionar sobre lo que tenemos y hacemos en casa. Quizás de esta forma evitemos un declive insuperable y, sobre todo, pongamos en valor la importancia insustituible de la buena gobernanza, de la fortaleza democrática y de la identificación con las sociedades necesitadas de buenas políticas públicas, de sistemas que lo posibilitan y del disfrute de un bienestar inclusivo y sostenible.

Geopolítica y Estrategia Empresarial

(Artículo publicado el 2 de noviembre 2025)

¿En verdad la incertidumbre, tensiones, cambios y conflictos observables suponen una implosión geopolítica? ¿Nuevas medidas imprescindibles? ¿En qué ha cambiado el impacto en empresas y sus modelos de negocio respecto del “Business as usual”?

Una de las principales características asociadas a un buen liderazgo empresarial ha sido y es, a lo largo de la historia, la capacidad de asumir y mitigar riesgos y un verdadero conocimiento – entendimiento aplicado de los diferentes entornos en los que se opera. Esta capacidad y marco base obliga a concebir la interacción con todos los agentes (económicos, sociales, políticos, institucionales) de las diferentes áreas o regiones en los que se desarrollan las variadas actividades propias de la “constelación de cadenas de valor, globales y locales” en que está presente una empresa. El empresario no es un ser amante del riesgo sino quien es consciente de sus dificultades y amenazas a la vez que de su capacidad para mitigar sus impactos negativos y convertir las oportunidades en resultados, siendo sus valores y propósito las guías reales (y distintas) que le llevan a la consecución de los resultados económico-financieros exigibles para garantizar su sostenibilidad en el tiempo, como efecto de su apuesta y compromiso y no como objetivo único y/o esencial.

Así, cada “mercado” o área de actuación son únicos, diferentes y requieren acciones distintas. No hay un solo modelo de negocio sino adaptables modelos de negocio en cada espacio de actuación y, en consecuencia, una enorme variedad de modelos y estilos de dirección enmarcados en diversas estructuras organizativas y corporativas. Es por esto por lo que la “internacionalización de las empresas” (y, en gran medida, la “extensión nacional en un mismo país”) demandan una complejidad organizativa y dedicación directiva amplia, diferenciada y cuidadosamente articulada, coordinada e integrada. Esta medida supone, también, perfiles profesionales y personales diferenciados, una relevante interrelación público-privada, una composición mixta global y local en los órganos directivos y una variedad de estrategias de valor compartido empresa – Sociedad, adaptando la visión, valores, propósito y estrategia de la empresa implicada, a las necesidades y demandas reales, cambiantes en el tiempo a todas y cada una de las Comunidades en las que trabaja.

Esta realidad no es nueva. Forma parte de la esencia de la responsabilidad y compromiso de las empresas. Lo ha sido siempre, lo es hoy, y lo será mañana.

Realidades cambiantes con el tiempo, la mayor parte de las veces de manera convulsa, siempre demandante, siempre condicionada tanto por “el mercado”, “el consumidor” y los “n” gobiernos de todo nivel institucional e internacionalizado, y, por supuesto, del 100% de las stake holders y grupos de interés, diferentes en cada lugar, en cada momento y con reclamos e intereses variados y distintos, por los mismos agentes, según el papel que desempeñen en cada momento, ya como trabajadores, actores políticos, sindicales, institucionales, ciudadanos contribuyentes, directivos.

Mismas personas, diferentes roles, diferentes exigencias y pensamientos.

De esta forma, la apasionante a la vez que compleja tarea del líder, empresario, lejos de ser estable o permanente, vive las turbulencias propias y, sobre todo, externas, que acompañan su trabajo.

Siendo esto así, vivimos momentos de enorme incertidumbre e inquietud, fuente de una amplia convergencia de cambios significativos en esta “era” que, algunos, resumen en la “simbiosis entre todo lo nuevo que está por llegar y todo lo que habrá de desaparecer”, sin que ninguno de los dos escenarios completos termine de darse. Ya sean las revoluciones tecnológicas y demográficas, la recuperación de un mundo en crisis, las ideologías que no parecen acertar en su implementación práctica al servicio de las demandas reales de las sociedades, las desigualdades fragmentadas y crecientes en un mundo cada vez más lleno de oportunidades y de “riqueza general” pero no del todo incluyente, en una sucesiva emergencia, déficit de anteriores referentes, un traslado geográfico de conflictos y guerras, violencia que sorprende a todos en cualquier parte del mundo y una queja (real o Parente) de falta de dirección, liderazgo, orientación, compromiso que nos anime a transitar hacia un mundo mejor en el que nos sintamos parte relevante de sus logros y ,sobre todo, resultados.

¿Son circunstancias, problemas, complicaciones únicas y no vividas en otros tiempos? NO.

Hoy, una intensa sensación de urgencia: “todo ahora, a la vez y en todas partes” parecería inundar las agendas con el agravante de una carente asignación compartida de transiciones. Llegar a los puntos ideales finales en todos los campos, sin tensiones viables que hagan posible si desde las situaciones actuales de partida hacia los escenarios deseados no es una solución mágica que, “por generación espontánea”, habrían de darse con simples palabras, mejores propósitos o buenismo mediático.

Dicho todo esto, en un contexto más o menos descrito, volvemos al cuestionamiento inicial, afrontando desde la empresa la posibilidad de repensar y reinventar, una vez más (y diría que como siempre) su propósito, estrategia y gestión, con la inclusión de un “impacto geopolítico” como el dominante, en estos momento y que pasa a ocupar la centralidad de las preocupaciones y ocupaciones en el mundo de la estrategia, la dirección y responsabilidad empresarial y por supuesto, de los diferent3s gobiernos. Un mundo en el que afloran las enormes complejidades que exigen atención y soluciones colaborativas, al margen de deseos, voluntades o referencias individuales, ya que asumimos que ninguna gran solución, ningún verdadero proyecto transformador, ninguna estrategia ya sea pública o privada, sea de la industria o país -región que sea, encontrará respuestas individualizadas. Procesos y proyectos coopetitivos, en marcos geopolíticos condicionantes y cambiantes, resultan inevitables (afortunadamente) enriqueciendo, a la vez, el conocimiento, capacidad y potencial de aprendizaje, el avance acelerado al encuentro de soluciones, extensibles en beneficios de un bien común compartible, que beneficie a una cada vez mayor población.

Estos días, no hay consejo de Administración, mesa de redacción mediática o referencia alguna al rol empresarial que no destaque el “Impacto geopolítico” a ser revisado en las orientaciones empresariales. Por simplificar y no reinventar la rueda, resumimos una serie de “guías o recomendaciones” que parecerían resumir las advertencias o consejos ampliamente difundidos: “Ponga la geopolítica-geoeconomía en la primera línea de su reflexión y/o reorientación estratégica empresarial, incorpore perfiles deseados en sus órganos de decisión y, en especial, combine presencia local y global (con conocimiento y referencia real en los espacios en los que actúe) con entendimiento de las Sociedades en las que opere, comprometiendo sus valores y propósito a la búsqueda de un Valor compartido en todas y cada una de las Comunidades en/con las que trabaje y reinventando sus distintos modelos de negocio y servicio en cada lugar y refuerce, más allá de la coyuntura, la operativa diaria en el horizonte de, el pensamiento de largo plazo, adecuado a una verdadera motivación aspiracional que guíe su responsabilidad social, sostenible, corporativa”. “Reposicione su papel, en cada momento y espacio geográfico, en la parte clave de las cadenas de valor en las que interactúe, desplegando su máximo valor en la estrategia global que habrá de compartir con terceros y formalice su participación y gobernanza en las mismas”.

La “geopolítica” no es una etiqueta ni coyuntural ni única. Supone entender, conocer, adaptarse, a realidades cambiantes, de potenciales impactos, diferenciales, en nuestra actividad y comportamiento presente. Ha sido, es y será, un elemento inseparable, de por vida, en nuestras estrategias.

Aprender a convivir con ella y, sobre todo, interiorizar su impacto en el diseño estratégico y, en consecuencia, en la estructura organizativa empresarial resulta esencial para transitar en ella hacia un futuro deseado. De igual forma, no es cuestión de que la empresa se adapte. Los diferentes gobiernos y las diferentes sociedades y comunidades implicadas han de hacerlo también. Vivimos tiempos de transformación, tiempos desafiantes, tiempos de enormes oportunidades, pero por supuesto, exigentes, no solo demandantes sino objetivo del verdadero nuevo espacio por reinventar.

Geopolítica, mucho más que una etiqueta en la que cobijar parte de la incertidumbre, complejidad y consecuencias observables.

Destrucción creativa progreso tecnológico e innovación al Servicio de la Sociedad

(Artículo publicado el 19 de octubre 2025)

Entre las destacadas novedades de esta última semana sobresale la concesión del premio “Nobel de Economía” al historiador económico Joel Mokyr y a los economistas Philippe Aghion y Peter Howitt, por sus contribuciones a la explicación del impulso al crecimiento económico (desde el análisis de las técnicas y las oportunidades de sucesivas fases temporales en el progreso tecnológico e innovador, el primero, o la importancia de su llamada “destrucción creativa” en el avance de la economía, desde la óptica y trabajo de los dos otros galardonados). Tres destacados profesores e investigadores de las ciencias económicas.

Como suele ser habitual, hoy, a casi nadie relacionado con el crecimiento económico, la inversión, el progreso tecnológico y la presencia de ganadores y perdedores en la irrupción consecutiva de tecnologías disruptivas, sorprenden sus teorías, conocimiento y aportaciones en su fecunda tarea. Parecerán conocimientos y aportaciones “evidentes”, presentes en todo proceso innovador y análisis o proyecto de crecimiento económico, así de como resulta imprescindible su asociación con el progreso y desarrollo además el rol determinante de la “tecnología positiva”, cuando, bajo control democrático, se pone al servicio del bien común y un desarrollo humano y sostenible. Nadie, en consecuencia, hoy, se atrevería a proponer las bondades de la innovación, de la tecnología, del crecimiento de progreso, sin referirse a la importancia de los conceptos transmitidos por estos tres profesores e investigadores galardonados. Conceptos y conocimientos reconocibles en prácticamente toda estrategia de éxito en los tiempos que corren.

Guardando las distancias, merece la pena seguir los trabajos y conclusiones en una serie de eventos internacionales que se han llevado a cabo a lo largo de esta semana, que han contado con la participación de múltiples jugadores, de todo tipo de regiones a lo largo del mundo, en diferentes fases analizando el papel de los instrumentos que explican el crecimiento y desarrollo económico, inclusivo, competitivo y de progreso social, dominantes en la infinidad de políticas públicas que diferentes gobiernos (de todo nivel) y empresas vienen desplegando a lo largo del mundo, con el acento puesto en la “innovación organizativa” en torno a la clusterización de la actividad económica en territorios concretos, en la generación de la “nueva ola” de “Ecosistemas” (etiqueta confusa que se hace común en la literatura y medios económicos y empresariales para referirse a todo tipo de interacciones entre diferentes actores, en un espacio concreto y, supuestamente, con multiobjetivo compatibles). Así, la UNIDO (United Nations Industrial Development Organization) ha reunido, bajo el impulso y coordinación del Banco Mundial, a expertos internacionales para debatir en torno a los CLUSTERS y profundizar sobre “reformas innovadoras” para su actualización y despliegue al servicio de la, una vez más, “nueva economía” y un nuevo “léxico económico” a la búsqueda de una actualización de los conceptos base y propios de los modelos de clusterización, competitividad y bienestar, ampliamente extendidos por el planeta. A la vez, TCI (28 TCI Global Conference 2025) celebraba, en Dublín, en su reunión anual, con todo tipo de “practitioners”, agentes activos de la clusterización en sus diferentes modalidades y grados de desarrollo, analiza, también, “el efecto de los Clústeres”. Por otor lado, la CEPAL (Comisión Económica de Países de America Latina y el Caribe, de la ONU), publicaba su último Informe en relación con el crecimiento económico, la productividad y solución a las “brechas del crecimiento” y el potencial de los clústeres para su desarrollo, en los países de la región (Panorama de las políticas públicas de desarrollo productivo).

Mientras todo esto pasa, innumerables gobiernos, empresas, entidades, clúster a lo largo del mundo, realizan un intenso trabajo, día a día, aunando esfuerzos, compartiendo objetivos al servicio de sus estrategias para la coopetitividad, el crecimiento y desarrollo humano sostenible, en un profundo y desafiante  espacio de incertidumbre, cambio y/o innovación y avance, impulsando el progreso social, inmersos en complejos procesos de transformación, preocupados, de manera especial, por la tecnología disruptiva y los miedos y esperanzas que conlleva.

Más allá de terminologías y de modas al uso, la clusterización de la economía, ha supuesto, en esencia, innovación, ruptura sectorial clásica y crecimiento destructivo al servicio del desarrollo y progreso social, incorporando la integridad e integralidad de todas las actividades económicas que interactúan en un territorio concreto, facilitando la coparticipación colaborativa de todos los actores (públicos, privados, de iniciativa social) en la co-creación de valor y progreso social de su Comunidad y todos sus habitantes. Instrumentos ad hoc generadores e implementadores de “Estrategias País/Nación/Región/Ciudad” completas.

La clusterización supone la ruptura de las fronteras entre los sectores clásicos, la redefinición y desagregación de la estadística tradicional aportando data real de carácter microeconómico facilitador de valor para la toma de decisiones y generación de impacto real, cuestionando  la concepción global ilimitada de una economía supuestamente benéfica para todos, cambiando  reglas fijas para un crecimiento estrictamente asociable a un PIB cada vez menos preciso y relevante para entender el bienestar en su conjunto, y la apertura a todo aquello que termine explicando la capacidad creativa de valor en un espacio determinado, abierto, en cooperación con todo un mundo cada vez más interrelacionado y coparticipado. Clusterizar la economía no es cuestión de crear entes facilitadores, asociativos, formalmente, sino un rediseño innovador, con propósito, al servicio de una Estrategia de desarrollo Economía – Territorio concreta.

Así se ha entendido en los países en los que los clústeres han sido elementos al servicio de una determinada estrategia y no como un fin en sí mismos. Lejos de la necesidad “de poner un clúster en tu vida”, ha primado la necesidad de estrategias a cuyo servicio, las organizaciones clúster han facilitado la integración de jugadores diversos, con sus propias estrategias (únicas y diferenciales) que coopiten (compiten a la vez que colaboran entre sí) para el mejor logro de otras estrategias compartibles (estrategia del propio clúster, también únicas y diferenciales) y de la particular (otra vez, única y diferencial) de “n” territorios en los que desempeña su labor a lo largo de las “n” cadenas de valor de las que forma parte, a lo largo del mundo, construyendo fortalezas duraderas en todos los ámbitos, evitando perder su relación con las Áreas Base, que las vieron nacer y posibilitaron su desarrollo internacional.

Es precisamente este desafío el que provoca el prerrequisito de un crecimiento destructivo, que genera valor a la vez que impulsa procesos innovadores, inacabables, al servicio del progreso social. Es la savia que se nutre de los diferentes capítulos (tecnológico, social, institucional) que llevaron a la Academia Sueca a otorgar el premio nobel del año anterior 2024, a Daron Acemoglu, Simon Johnson y James Robinson por su contribución en estos apartados y fases de la historia que tan bien explica el profesor Joel Mokyr y el porqué de recibir hoy, el galardón de 2025. Fases a lo largo de la historia, encadenando etapas de diferentes progresos tecnológicos que, al alumbrar modos, estilos, conocimiento y comportamientos diferentes, dan lugar a una innovación creativa generadora de “nuevos ganadores” y, desgraciadamente, “obsolescencias obligadas al cambio y a la eliminación de las alternativas superadas”. Es la señal roja que obliga a todos, a una permanente innovación creativa que supere la destrucción “inevitable”.

Es así como, si detrás de los florecientes Ecosistemas viniera un nuevo espacio multi-clúster que avance en la destrucción creativa de las fronteras sectoriales y de espacios limitados específicos del pasado, si alumbra nuevas y progresivas combinaciones o interacciones abiertas hacia nuevos estadios del conocimiento y del progreso social, trascendiendo de conceptos e ideas base, daríamos la bienvenida a una renovada evolución positiva aceleradora de es nueva fase, de destrucción creativa, progreso tecnológico e impulso de un crecimiento económico y bienestar para un deseado desarrollo humano ,inclusivo y sostenible.

El nuevo futuro, la nueva economía del mañana, exigen “nuevos modelos de crecimiento”, “nuevos impulsos” hacia una productividad más allá del PIB y de la hora laboral (tiempo/persona), de una cada vez más cambiante tecnología al alcance real de las personas a las que ha de servir, y no sustituir, asumiendo la destrucción creativa que conlleve.

Una sincera felicitación a los tres ganadores del Nobel de economía.

Crecimiento de progreso, destrucción creativa, tecnología bajo control democrático, al servicio de la Sociedad, esperanza y desarrollo humano sostenible. Objetivos a cuyo servicio hemos de ofrecer los mejores y adecuados instrumentos.