¿El Mito del Caos Global?

(Artículo publicado el 28 de Junio)

No hay ni conversación general alguna, ni introducción a cualquier tipo de análisis y propuesta de futuro, ya sea en temática económica, social o política, que no incluya una breve, al menos, introducción que resulte un contexto de incertidumbre, complejidad singular y/o referencia a una potencial parálisis fruto de la “nueva era” que vivimos. Mencionar geoeconomía, geopolítica, resiliencia y desafección tanto a modelos existentes, como a instituciones de gobernanza, liderazgos y apuestas estratégicas, parecería condicionar cualquier tipo de postura, posicionamiento, en y desde la duda y, por supuesto, una buena excusa para trasladar la responsabilidad de la toma de decisiones (sea la que sea) a terceros con la consecuente exención del compromiso individual.

Si en el contexto anterior pretendes incentivar, convencer, o compartir proyecciones de futuro (inevitablemente complejas), a tus interlocutores, con mensajes de contribución y orientación a “apropiarnos de nuestro futuro” y no dejarlo en manos de los demás, heredando así lo que otros decidan y no aquello que nosotros deseamos construir, se te trata de “optimista o iluso” (en el mejor de los casos) o “desinformado” o anclado en “otros tiempos”, y falsas ilusiones  por tiempos superados, en los que la colaboración e interacción (por pequeña o aparente que fuera) de entonces, resultaría imposible en el “siempre nuevo mundo” que hoy vivimos. Así, encontrar un interesante artículo en las publicaciones de “Project Syndícate” (página de opinión pública internacional repleta de grandes firmas), bajo el título que copio en este artículo, creo que resulta de gran oportunidad: The Myth of Global Chaos” (“El Mito del Caos Global”).

Qué duda cabe que, parecería que asistimos a un nuevo espacio caótico en el que podemos caer en la tentación de pensar que la situación actual ha aparecido, sin aviso previo, de la noche a la mañana, y que, es única, que “otros tiempos siempre fueron mejores y mucho más sencillos y confortables, plenos de certezas, certidumbre, estabilidad y plenitud de oportunidades para todos”, lo que llevaría a la simplicidad de añorar el pasado, aborrecer el futuro expectante y   justificar una sensación de pasividad. Fruto de este debate persistente, estos días, repasaba un documento-informe que ya he comentado, en esta columna, en otras ocasiones y que revisito, como una buena guía y ejercicio para adentrarnos en realidades diagnósticas de partida y referencia para transitar en el mundo de la prospectiva, cara a orientar nuestros ejercicios estratégicos (personales, empresariales, de país…). “The World Risks 2026” – “Riesgos Mundiales 2026” del World Economic Forum, publicado el enero pasado, siguiendo un tracto histórico en sucesivas ediciones, año a año, sobre la base de decenas de miles de encuestas a líderes entrevistados a lo largo del mundo, nos permite comprobar lo ya constatable: conocíamos y veíamos ya, de una u otra forma, los riesgos que nosotros mismos hemos venido construyendo, propiciando, permitiendo o ignorando a lo largo del tiempo. Si echamos un vistazo rápido, observamos: con claridad cómo pueden identificarse los papeles asignados o jugados por los “ya hace tiempo considerados  jugadores y piezas del tablero”, comprobando que, desgraciadamente,  ni el tablero ha cambiado, ni los jugadores clave emergen de la nada, ni la gravedad de los riesgos (sociales, políticos, económicos, territoriales, medio ambientales, tecnológicos, mediáticos, de gobernanza…) han desaparecido o surgido por “gestación divina” de la noche a la mañana, ni mucho menos por “generación espontánea”. La inequidad y desigualdad existente, en creciente aumento, y con mayores gaps (personales, geográficos, de estratos socio económicos diversos, cada vez más acentuados y menos controlables por el mundo institucional; la fragmentación regional-global de nuestras economías y su  interdependencia diversa y variable; los liderazgos (o su deseo por asumirlos) (USA-URSS-CHINA, Oriente Medio, África, Latam…) con sus respectivos conflictos y posiciones, legítimas o no,  no resueltas, siempre a juicio de terceros; con una lucha por el dominio del nuevo espacio tecnológico concentrado en unos pocos; la desgobernanza galopante (y tolerada) en el seno de las instituciones globales; la deuda descontrolada impagable por sí sola en movimientos y comportamientos no previstos o planificados; la facilidad de operación y presencia, en apariencia imposible de parar, del espacio de la economía ilícita y el incremento de los múltiples “mandos intermedios” disidentes en sus enclaves criminales extendidos por todo tipo de territorios, provocan escenarios de elevada gravedad e insatisfacción.

Sin duda todo un catálogo que incrementa la fragilidad de las democracias y su cuestionamiento; un desapego creciente con la autoridad en general, los gobiernos en particular y sus políticas en curso. Difícil asignatura que desafía la capacidad real de ideologías dominantes, dificultando los logros prometidos cuando han de ser ejecutables, polarizando enfrentamientos ideológicos y políticos, desde ópticas y ofertas de modelos sociales claramente diferenciados, que, además, se ven  alentados por la información o desinformación generalizada no solo desde redes sociales sino, también, desde los grupos mediáticos tradicionales y sus profesionales autoproclamados como auténticamente legitimados, objetivables y neutros, escudándose en su “autodefinición y clasificación” que cada vez más excluye y polariza a las sociedades. Todo un reclamo bajo el llamado bienestar ilimitado: “Todo a la vez, ahora, en todas partes”, con la proliferación de voces agrupadas en el “todo derechos”, “ninguna obligación”, en un universo de cambios y transformaciones cuya complejidad real demanda priorizar, ordenar, planificar, compartir… y decidir.

Nuestro mundo es complejo y no caben recetas mágicas. No caben, tampoco, falsos mensajes buenistas, de inmediatez resolutiva de todo, complaciendo al oído que quiera ser regalado con falsas ilusiones. Hoy, asistimos a la evidencia de conflictos bélicos muy próximos, presenciamos la frivolidad de muchos líderes y gobernantes, nuevas guerras e invasiones televisadas en el momento, y podemos engañarnos pensando que “esto antes no pasaba”. ¿Es que no tenemos referencia de lo sucedido en “otros tiempos”? ¿No vivimos un más que caos con las Primaveras Bálticas, “reunificación” alemana, la “desaparición” de la URSS, la “exploración del coloso chino”, la confrontación USA-OTAN, las disputas territoriales extendidas a lo largo del mundo? ¿No era y es suficiente movimiento transformador la creciente insatisfacción que demanda más, mayor y mejor autogobierno o independencia, cosoberanía o plurinacionalidad legítimamente demandadas a lo largo del mundo? Sin duda, cohabitamos todo un movimiento geopolítico y geoeconómico cambiante, en un espacio de fragilidad, redefiniendo su seguridad energética, asumiendo la importancia del Planeta y su salvación futurible compatible con vivir hoy, a la vez que superamos el impacto negativo del cambio climático, en el marco de una más que inevitable recomposición de un mundo que parecía entregarse a una globalización ilimitada, mal repartida, con la ausencia de estrategias regionalizadas y resilientes. Un marco cambiante que obliga a trascender de las políticas macroeconómicas exclusivas alejadas de la economía real, o la burocracia paralizante de los principales centros de decisión (Estados, regiones, Instituciones de todo nivel, empresas, etc.), o la descontrolada concentración de, también, organizaciones sin ánimo de lucro centradas en la supervivencia de su propia estructura, etc., etc., ¿No eran todas estas suficientes señales más que evidentes de un CAOS en curso? ¿Vivimos un mito o un caos solucionable, ordenable, desde el compromiso solidario hacia caminos de oportunidad que están, como lo han estado a lo largo de la historia, en nuestras manos y compromisos colectivos y personales?

Sin duda, podemos limitarnos a constatar un caos global o incluso a desmitificarlo o ignorarlo, pero lo sensato y que en realidad puede mitigarlo y reconducirlo exige no solo preocupación, sino ocupación. Nuestro mundo (el de ayer, el de hoy y, sin duda, el de mañana) demanda de todos nosotros (cada uno con la intensidad de su nivel de responsabilidad). Entender los elementos clave que mueven y moverán el mundo disruptivo del que formamos y formaremos parte, bajo el impulso directo de un propósito, principios, valores y deseos de una sociedad en la que nos gustaría vivir y en la que nos encontremos, ya por dejación de los demás, ya por que otros hayan elegido el rol que nos corresponda jugar según su propio interés o conveniencia. Un propósito orientador del bien común de la gente, demanda intensas y variadas transiciones convergentes a lo largo de procesos variados, no determinísticos, construibles paso a paso. “La magia del proceso”, ni improvisable, ni postergable, ni renunciable. Magia para tejer nuevos espacios multilaterales, colaborativos e innovador. Largos e intensos caminos obligados a un renovado pensamiento económico generando modelos específicos con una diferenciada demografía y migración multi forma y multi origen-destino, participando de una profunda revolución tecnológica reformulando el nada sencillo y valioso mundo esencial del trabajo-empleo con su imprescindible protección y seguridad social (muy probablemente distante de la “cartera actual”). Modelos que obligarán a replantear el concepto y formas de empresas (públicas y privadas), a reformular de una salud holística del mañana, acompañando una educación permanente a lo largo de todas nuestras vidas. Un largo viaje aprendiendo con y de los demás, provocando y participando de alianzas que combinen el verdadero talento múltiple, poniendo la digitalización e inteligencia artificial al servicio del ansiado bien común.

Una agenda compleja, a la vez que motivadora, retadora e ilusionante que trascienda de un caótico mito, o no, aprendiendo a gobernar un mundo fragmentado, en apariencia desorientado o desincentivado, asumiendo esfuerzos y proyectos compartibles, cocreando valor para “ganar y apropiarnos” de nuestro futuro deseado.

Aprendiendo con y de los demás…

(Artículo publicado el 14 de Junio)

Hace unos días, un amigo y compañero en nuestros ya más que largos y distantes años de carrera en la Facultad de Ingeniería, con un exitoso y reconocido recorrido en el mundo de la ingeniería y la innovación, profesor y formador de emprendedores en México, me remitía una nota para referirme una serie de proyectos y empresarios que estarán en Bilbao (“signo mundial de la innovación”, me decía) para la semana “Acceleration Week. A Strategy Territory”, bajo la dirección del BAT.

Obviamente, resulta grato comprobar que nuestra Ciudad y País gozan de un destacado aprecio en el exterior, entre sus pares, que destacan en áreas y temáticas similares, valorando su estrategia conjunta y territorial.

Este pequeño (a la vez que ilustrativo) punto de “valor añadido” a nuestro territorio, se verá, la próxima semana, reforzado en el plano internacional por la celebración de la ceremonia de la XVIII edición de los premios “Fronteras del Conocimiento” que organiza la Fundación BBVA. Su importancia no solamente reside en su contribución al mundo de la ciencia, investigación, conocimiento y aprendizaje, sino lo que supone para el enriquecimiento de las disciplinas que aborda, o para el país en sí mismo como espacio de pensamiento y aprendizaje, para el conjunto de la sociedad, aportándonos un valor diferenciado.

Si bien es verdad que a todos nos gustaría un mayor aprovechamiento de esta extraordinaria iniciativa, generando redes y grupos de investigación con mayor impacto en casa, una mayor vinculación y penetración de los profesores e instituciones galardonados con las Universidades locales o nuestras industrias e instituciones y un máximo fortalecimiento, día a día, de los lazos con la entidad promotora de origen y larga tradición en el país deseando siempre un acentuado compromiso y despliegue diferencial de su actividad concentrando piezas clave en el Territorio (en la competencia permanente e inevitable entre territorios, a lo largo del mundo, demandantes, como es natural, de anclajes múltiples a lo largo de sus diferentes espacios y roles en sus mercados y cadenas globales de valor), la apuesta por esta sede de su organización para “Fronteras del Conocimiento”, reviste un valor singular, digno de aprecio y reconocimiento, además de satisfacción.

Hoy, con los tiempos que corren y las preocupaciones que nos aquejan, aquí y a lo largo del mundo, cobran especial interés (en mi opinión y desde una propia perspectiva) una serie de premiados y su obra, dado su especial área de aportación en las diferentes categorías que son objeto de distinción.

Así, observar que el área de Economía, Finanzas y Gestión de empresas (e instituciones públicas añadiría yo) se ha concedido al profesor Charles F. Manski, de larga trayectoria académica en diferentes universidades de prestigio, con destacas investigaciones y publicaciones, haciendo de la “incertidumbre” un elemento relevante en cualquier cálculo o estimación de los modelos econométricos y cuantificación de variables y escenarios estudiados, merece especial consideración y puesta en valor. Su ya conocida propuesta de utilizar intervalos más o menos previsibles o posibles en lugar de variables certeras cuasi fijas, no solamente llevaría a las empresas y Administraciones Públicas a afinar sus políticas de intervención, llevando al dato un valor infinitamente más significativo. Así, en un mundo como el actual, en el que si alguna palabra en boca de todos es “la incertidumbre” permite repensar de certezas en donde o no existen o son más que dudosas. Es, sin duda, una estupenda señal para abordar el rediseño de políticas para un mundo en el que se nos pide a las organizaciones, romper con casi todas las barreras estructurales y rígidas para otros tiempos y apostar por repensar bases preparadas para el cambio, para transformaciones cuyos tiempos y resultados finales distan de certezas y en un mundo de tal diversidad, criterios, deseos y voluntades, que la llamada resiliencia ha de ocupar una consideración especial.

Este galardón determinante se ve acompañado, también, por otro muy singular, amplio y compartido por las Universidades de Chicago (su Centro Nacional de Opinión Pública) y la de Míchigan (Institute for Social Research), valorando sus contribuciones especiales para la identificación, valoración de datos y hechos de alta calidad en el contexto social y público, claves para orientar el correcto proceso de toma de decisiones en cualquier sociedad (con tantas voces dispares), valorar el peso real de cada una de las opiniones, manifestaciones/capacidades movilizadoras, facilitando decisiones de máxima relevancia en la vida pública. Un mundo complejo, sociedades complejas, en transición hacia un deseado mundo futuro, mejor, encontrando la conciliación de un bien común, compartible, motivador de poblaciones en más que aparente insatisfacción.

Por encima de todo, reconocimientos por largas trayectorias y no por improvisados eventos o episodios del momento. Larga siembra, esfuerzo continuado, compromisos compartidos y articulación coherente de visiones y estrategias para el largo plazo, trascendiendo del trabajo y objetivo individual. Faros que alumbran caminos a recorrer y algunos de los cuáles se ven recompensados. Una buena señal inspiradora ante esta “sociedad del cansancio” que parecería dar paso a una “modernidad tardía” (Byung-Chul Han) sucesora de generaciones de “sociedades del rendimiento y la eficiencia” que se supone vendrían recompensadas “por la fiesta” (entendida como cúspide entre hombres y dioses en torno a la máxima manifestación del anhelado ocio y entretenimiento), acompañada de una galopante huída del pensamiento largo placista para dejarse cautivar por el momento dejando el mañana “para otros”, renunciando a intentar construir un futuro deseado, y no cualquiera que nos venga dado.

Distinciones al esfuerzo, al trabajo y a la constancia, a las puertas de un “escapismo para desconectar, descansar y disfrutar de la fiesta”: el campeonato mundial de fútbol con sus casi imposibles 48 selecciones y cientos de partidos a seguir de madrugada, el paréntesis veraniego (tan amplio como se pueda), las celebraciones que hacen imposible acudir a tu puesto de trabajo en ciudades innovadoras secuestradas por merecidos festejos y celebraciones de algunos, obviando que incluso la propia fiesta requiere “organizarse”, compatibilizar el disfrute temporal de unos y el compromiso creativo de un mañana inclusivo y para todos.

Hoy, sin duda, convencidos de la necesidad de generar nuevos espacios de innovación compartida, sabedores de la enorme complejidad que sociedades desiguales y diversas requieren una aproximación no ya moralista, sino práctica, realista y posible, necesitados de paz y cese de las guerras que nos rodean e implican, forzados a transitar todo tipo de transiciones hacia nuevos horizontes, inciertos, desde nuevas estructuras, líneas de pensamiento, ruptura de barreras que nosotros mismos creamos para logros definidos en su momento y que nos han traído hasta aquí pero que hoy podrían entorpecer el avance en esta nueva incertidumbre que nos acompaña y acompañará, hemos de construir nuevas pautas de comportamiento, métricas para esa novedosa sociedad por descubrir y datos y señales que, en verdad respondan a lo que buscamos, sabiendo “lo que indican los indicadores”. Huir de las certezas que no se corresponden con datos, hechos o propósitos.

Más allá de la orientación aspiracional, hemos de buscar las respuestas y caminos ejecutables que los hagan posibles.

¿Cómo ser adaptativo, inteligente, resiliente, único? (En lo colectivo e individual). ¿Cómo aprender y lograr el balance imprescindible de la cohesión aprendiendo y adaptándonos a nuevas circunstancias, a cambios impredecibles, comprometiendo y compartiendo valores y contribuciones específicas co-creando valor con terceros, al servicio de sus objetivos y propósitos reales, para todos sus stakeholders (grupos legítimos de interés) a la vez?

¿Cómo superar las hipotecas condicionantes del futuro, propiciar la creatividad, motivación, aspiración, colaboración y sentido compartidos para acometer las transiciones múltiples que habremos de recorrer para facilitar las verdaderas e innumerables transformaciones que nos esperan? ¿Podemos acompasar ese cambio, más que continuo y permanente, necesario, con el ocio y entretenimiento deseables?

¿Nuevos hábitos y pautas de comportamiento para superar la sociedad del cansancio y abrazar la fiesta-transformación con verdadera innovación y roles motivadores a la vez que comprometidos en/hacia sociedades satisfechas?

Entre tanto, celebremos vivir en una sociedad de alto humanismo y progreso social y bienestar, en una ciudad-nación reconocida por su esfuerzo, logro transformador (inacabado) y acojamos con alegría y satisfacción el conocimiento de excelencia que nos visita, nos enseña y acompaña, enriqueciendo nuestro espacio vital, innovador desde el conocimiento real, de nuestra realidad y la del mundo del que aspiramos ser coprotagonistas.

Celebraciones: Visión, Ejecución, Resultados

(Artículo publicado el 31 de Mayo)

Una prolífica quincena de celebraciones de distinto tipo, relevancia y reconocimiento a iniciativas que, a lo largo del tiempo, reflejan el valor de unas determinadas visiones y/o sueños aspiracionales que se tradujeron en la articulación de proyectos “corales”, colaborativos y compartidos por muchos multi actores (además de un importante número de incrédulos que no los compartían, o no creyeron en ellos o se manifestaron contrarios, bien al cambio individual o colectivo que suponía, o simplemente se oponían por razones particulares o por no entender su importancia o valor a lograr) que, de una u otra forma, posibilitaron una transformación considerable, en sus áreas de interacción, aportando valor a la sociedad.

La oportunidad de participar de alguna de estas celebraciones en medio de un clima “global y generalizado” de desánimo colectivo, guerras, conflictos, dualismo económico con consecuencias de desafección, declive, escasez o limitación de expectativas, incertidumbre y desafíos conjuntos e internacionales (económicos, tecnológicos, sociales, políticos, personales y familiares), parecería confrontar una valoración (en general) positiva respecto de las “visiones y apuestas estratégicas” que generaron procesos tenidos hoy por positivos, contra una sensación de que “hoy no serían posibles”. Se apuntan múltiples razones que explicarían “una realidad diferente” conformada por la falta de ideas y compromisos de futuro y liderazgo, la carencia de asunción de riesgos para transitar “nuevas oportunidades”, la complejidad en la articulación de múltiples agentes institucionales, empresariales, temáticos, que imposibilitan o dificultan objetivos compartidos, afrontan ataduras de una “excesiva normativa y burocracia paralizante”, la inhibición ante escasos incentivos para asumir autoridad, responsabilidad y dirección en el seno de las organizaciones, la falta de recursos disponibles y asignables para un proyecto específico, o la inmensidad de opciones ante las que priorizar no resulta sencilla. Todo este marco, envuelto en una proliferación de “mecanismos perversos” que la bondad y buen sentido de los propios grupos sociales, políticos y de servicio, han venido generando con la noble y obligada búsqueda de una participación incluyente de todo tipo de voces, en un difícil equilibrio entre derechos y obligaciones, entre legítimos intereses de unos y aquellos generales o colectivos, locales o globales.

Así, cuando hace tan solo un par de días, se celebraban los 515 años de la fundación del Consulado de Bilbao, referente pionero de la ordenación coordinada de todos los agentes intervinientes en las actividades de índole comercial, portuaria, marítima, navegación, de servicios e “interinstitucional” de la época (por simplificar), resaltando lo impulsado y logrado en el marco de esta ciudad y su hinterland con sus más de 700 años de historia, activando relaciones especiales a lo largo de las rutas, espacios y ciudades, puertos, agentes económicos y sociales de Europa y América, principalmente, no podíamos sino destacar el valor de quienes tomaron las decisiones, sueño, compromiso y ejecución de las apuestas y base de una extraordinaria historia de éxito económico, base del desarrollo (social, económico y cultural) no solo de Bilbao, de Euskadi, de un espacio europeo y de múltiples espacios asociables en la América de entonces, desde Canadá hasta la Patagonia. Celebración singular que nos implica a todas las sucesivas generaciones que han sabido asumir su papel, fase a fase, a lo largo de esta visión en curso. Sin duda, en asociación con estos 515 años, coinciden 140 de la creación, también, de la Cámara de Comercio de Bilbao, uno de los dignos sucesores actualizados de aquellos pioneros. Otros tiempos, otros actores, otras realidades, nuevo objetivos compartibles y nuevas demandas, desafíos y prioridades.

En un espacio distinto, pero, como siempre, interrelacionado (en el mundo del arte, los museos), estamos de celebración. En unos días, Bilbao “reinaugura” su renovado Museo Vasco, esencialmente etnográfico, pieza esencial en el panorama artístico, cultural museístico de nuestro país, su identidad, historia y vanguardia. Pioneros de antaño, instituciones, patronos, artistas, historiadores, académicos, gestores museísticos, a lo largo del tiempo, lo han hecho posible. Vanguardia, de igual forma, la observable en otra celebración que nos toca de manera relevante. Hace 100 años, Solomon R. Guggenheim, de la mano de la artista y coleccionista de arte, Hilla Rebay, inició la colección de obra “moderna, contemporánea” desde su primer museo “de arte no objetivo”, rompedor de tendencias y prácticas de la época, hoy icono referente no ya de Nueva York y su mundo museístico, sino de su Constelación Internacional (Bilbao, Venecia, Abu Dhabi) complementaria de cientos de alianzas e interacciones con variadas instituciones culturales y artísticas a lo largo de los cinco continentes. Celebraciones que extendemos en unas semanas, al Museo de Bellas Artes de Bilbao (fundado en 1.908 por la Diputación Foral de Bizkaia y el Ayuntamiento de Bilbao, su posterior fusión y conversión en Fundación, año 2.000 con la entrada del Gobierno Vasco) en su nueva ampliación de la mano de Norman Foster y Luis María Uriarte, habiendo compartido el periodo constructivo con una compleja gestión de “Museo Abierto” conviviendo reforma, ampliación y “programación itinerante”, cultivaron a su público, patronos e instituciones implicadas. Y, con menor recorrido temporal, Guggenheim Bilbao Museoa que prepara sus primeros 30 años de vida para el año siguiente.

Estas “celebraciones” referidas a estos tres museos, me llaman a hacer referencia a una reciente publicación en relación a los megaproyectos y su éxito o fracaso (“How Big Things get done”-“Cómo se logran las grandes iniciativas” de Bent Flyvbjerg & Dan Gardner”) concluyendo con un informe de PwC, “menos del 1% de los proyectos se completan a tiempo, según la programación, por debajo o dentro de lo presupuestado y ofrecen los beneficios esperados”, si bien, está basado en un análisis de 16.000 proyectos en 20 campos diferentes y 136 países, proyectos, por lo general asociados tanto a infraestructuras, como a las tecnologías de la información, a lo largo del mundo, nos sirven para analizar todo tipo de “proyectos o iniciativas”, identificando aquello cuya ausencia o incorrecta-incompleta consideración, provocará el no éxito de lo previsto.

¿Por qué tienen éxito los proyectos e iniciativas que reimaginan un nuevo futuro?

Simplifican la respuesta, destacando, como no podía ser de otra forma, la definición clara del para qué y el por qué, ¿cuál es su verdadero propósito? Es desde esta propuesta coherente de valor desde las que han de derivarse la rigurosa planificación, la asignación de responsables reales y con suficiente poder de decisión, con diseño y aplicación de los mecanismos de control necesarios, en un claro programa por fases, reinventando mecanismos y marcos de financiación y su compromiso real de disponibilidad de recursos, invirtiendo en generar y tejer alianzas con aquellos compañeros de viaje clave, prioridades y seriedad en la estimación y comunicación de la estrategia, los beneficios esperables y la adecuada “corrección” de la realidad que el tiempo determine, a lo largo de su ejecución.

Visión, propósito, determinación, liderazgo y gestión compartidos resultan imprescindibles y, por supuesto, la variable tiempo.

Así, celebrar con el paso de los años, es fruto de un complejo puzle de decisiones coherentes que entrelazan múltiples actores y circunstancias, cuidando el propósito y beneficios (valor) esperables, detrás de un verdadero compromiso aspiracional. Procesos completos que habrán de contemplar su tensión comprometida, adaptada a “nuevas circunstancias” del momento, convencidos de su propósito y valor general. En ocasiones décadas o incluso siglos, tras un propósito y apuesta, visión y estrategia sólida, requieren su avance diferencial a lo largo de tiempo y circunstancias variables (ejemplos como el Big Dig de Boston con 15 años de retraso, o el “puente de Øresund” entre Copenhagen (Dinamarca) y Malmö (Suecia) solamente requirió 200 años, superando guerras y convirtiendo la idea original de construcción de un puente físico por un espacio binacional compartido para el co-desarrollo social y económico).

De esta manera, podemos enorgullecernos de una historia, cultura y trayectorias compartidas, debidamente articuladas, navegando aguas turbulentas, siempre cambiantes, apostando por las verdaderas “olas de futuro” que terminan llevándonos a un buen puerto.