Agua y energía: activos estratégicos para el bienestar y desarrollo

(Artículo publicado el 22 de Marzo)

La consideración de las llamadas economía verde y economía azul, ya sea como riesgo u oportunidad para el desarrollo, está presente en la práctica totalidad de informes y documentos tanto de horizontes estratégicos, megatendencias de futuro, replanteamientos de espacios de competitividad y bienestar, como en políticas público-privadas de la inmensa mayoría de países, naciones y regiones a lo largo del mundo. Las llamadas economías verde (ecología, energía renovable, descarbonización, compromiso ante el cambio climático, agro, desarrollo rural…) y la economía azul (océanos, biodiversidad, biología marina, puertos, industria pesquera, industria marítima, alimentación, navegación, ocio…) han terminado señalando al petróleo (o energía base en general) y al agua, como elementos esenciales en la compleja responsabilidad y compromisos salvadores de una economía  para el desarrollo y causa o consecuencia de una  solución solidaria, tanto del futuro individual, colectiva, como del compromiso de “salvar el planeta”, a la vez, y desde un apresurado e inaplazable intervencionismo inmediato, acelerador de todo tipo de políticas transformadoras en un difícil balance temporal.

Así, petróleo-gas y agua, por tanto, se convierten en dos activos determinantes de un potencial desarrollo cuando están debidamente articulados en una completa estrategia para el desarrollo y bienestar, inclusivo, regional y sostenible. De igual modo, un desequilibrado reparto, descontrol o impedimento de su libre acceso, los convierten en amenazas evidentes para la prosperidad.

Desgraciadamente, en esta ocasión, la llamada guerra del Oriente Medio y su área de influencia, en la que estamos inmersos, convierte al estrecho de Ormuz en un punto crítico y referente generalizado a nivel mundial, condicionando nuestras vidas. Toda guerra es rechazable y, en esta, pareceríamos todos concernidos, no solamente por la forma en que se provocó y propició por decisiones unilaterales y causas-objetivo desconocidos o insuficientemente explicitados, dando lugar a las irreparables muertes y asesinatos generalizados, la magnitud de lo destruido, la enorme incierta finalización esperable, los desplazamientos humanos provocados, la interrupción de los planes de vida de un enorme número de personas, familias y pueblos, el elevadísimo coste generacional provocado y el más que observado  deficiente funcionamiento de sus vigilantes internacionales que parecerían, además, no sorprender a nadie por su ineficacia y manifiesta debilidad y o limitada capacidad para intervenir de una manera decidida, aportando las decisiones y soluciones que creíamos conformaban un inigualable manual pletórico de respuestas entre las miles de horas de debate, reflexión, inteligencia y diplomacia económica y política que despliegan (sin duda “creíamos confiar en unos organismos y liderazgos internacionales que sospechábamos inoperantes y eran peores de lo que suponíamos”). Esta nueva situación sobre la que nuestros principales representantes nos advierten e invitan a asumir un mundo diferente a aquel en el que hemos creído vivir, aflora un doble mensaje, causa-efecto, de sus resultados: el petróleo como conductor de las vías de actuación (de uno u otro bando), y o la muerte (las más de las veces de personas inocentes ajenas a las razones de quienes intervienen) y, el agua, excesivamente olvidada, base y sentido, elemento insustituible, principio o fin, de la economía azul ya mencionada.

Hoy, un interesante artículo de GZERO, nos lleva a observar un mapa del tan crítico y estratégico estrecho de Ormuz y, pone el acento no ya en él tan conocido y comentado petróleo, sino en el agua (y sobre todo potable) convirtiendo ambos activos en lo que llama con el calificativo de “armas de guerra” cuya posesión, utilización u objetivo esencial es objeto de disputa bélica, cuando no objetivo y causa-efecto de la confrontación violenta convirtiéndose en señal de alarma de la destrucción y dolor, al parecer, más por sus consecuencias “en los bolsillos de los ciudadanos”, como si daríamos por hecho inevitable su daño mortal.

Ya diferentes estudios de Riesgos Globales calificaban el agua como una bomba de gran profundidad, destacando su consideración clave para cualquier análisis y consideración de carácter geopolítico y geoeconómico. La escasez de agua potable en determinados territorios no solamente se refiere a geografías desérticas de máxima relevancia y concentración en la región del Golfo, hoy en guerra “petrolífera” para algunos, o del previsible cambio climático de alta intensidad en el largo plazo. Todo tipo de catástrofes naturales, inundaciones, DANAS, desaparición de playas y contornos de litorales, etc., o la muerte accidental o laboral, de la gente en la mar y en todas sus vertientes, consecuencias sociales y económicas, de enorme dolor e impacto en la comunidad. Así, a las destrucciones de infraestructura del gas-petróleo y su capacidad logística y de transporte, se une de manera destacada, la destrucción de la infraestructura desalinizadora.

De esta forma, repasando el último “Global Risk Report 2026” (W.E.F.), extraemos una serie de puntos que merecen alguna reflexión (y múltiples decisiones). En primer lugar, el propio encuadre posicional en su índice nos ofrece dos visiones muy diferentes para el tratamiento de estos dos activos esenciales para transitar hacia el futuro: 1) la era competitiva y 2) una oscura perspectiva, que se ven tratados tanto como grandes oportunidades, como inciertos y conflictivos desafíos, agravados por el marco identificado de un multilateralismo en retirada y nuevas reglas del juegos por reinventar, además de un nuevo mapa de relaciones y coaliciones colaborativas (necesarias, aún en fase inicial), resilientes, competitivas a la búsqueda de renovadas gobernanzas, desconocidos compromisos y liderazgos, para el conveniente desarrollo selectivo tras propósitos compartidos por repensar y redefinir. En este marco cobran especial interés, desgraciadamente, defensa y seguridad reforzados y redefinidos, el uso de tecnologías e inteligencia artificial ausentes hoy de la ética, legalidad y gestión o control democráticos, aún en dudosa vía de concreción.

Así es tiempo de apostar por la verdadera puesta en valor de las llamadas economías verde y azul como dos grandes espacios de oportunidad cuya adecuada articulación en ecosistemas combinable y altamente integrables (su amplia clusterización y no sectorialización aislada, valor compartido empresa-gobierno- sociedades, sólida y eficiente multiplicidad de cadenas glokales de valor…) conformen verdaderos espacios de futuro. Si apostar por ellas como vectores transformadores contemplan tiempos, esfuerzos e inversiones en transiciones ordenadas acordadas, reguladas y creíbles de modo que no dejemos a nadie atrás y por el contrario facilitaremos su acceso a nuevos jugadores, convertiríamos estos poderosos activos en señas positivas impulsoras del desarrollo y bienestar requeridos.

Transformar agua y petróleo en fuentes base de verdaderas revoluciones hacia la economía azul y verde está a nuestro alcance, como reales y eficaces generadores de focos de innovación, optimización del uso de tecnologías disruptivas, superadores de la escasez y el camino hacia la abundancia (de la escuela de Diamandis – Singularity University) transformadora y generadora de riqueza, empleo, productividad y responsabilidad, y la solidaridad (compromiso real, balance de derechos y obligaciones, aportación de valor y no solo recibir) decidiendo y participando en  su redistribución equitativa.

En definitiva, se trata de construir valor y minimizar o eliminar amenazas y armas destructivas. Hagamos del conocimiento inteligente y de la identificación de los riesgos y desafíos, verdaderos espacios de oportunidad al servicio de la competitividad y el bienestar, convirtiéndolos en activos estratégicos con sentido y propósito a nuestras vidas.

Un largo camino por recorrer: parar la guerra, proteger a desplazados y víctimas, reinventar (más que reconstruir lo destrozado, al menos sus infraestructuras), recomponer coaliciones y compromisos, rediseñar estrategias, optimizar espacios de oportunidad, con un horizonte compartible, democrático, de bienestar.

ORKESTRA: 20 años de innovación, competitividad y bienestar para el desarrollo

(Artículo publicado el 8 de Marzo)

El pasado febrero, ORKESTRA-Instituto Vasco de Competitividad, cumplió sus primeros 20 años.

Constituida con iniciativa público-privada, situada en la Universidad de Deusto, supuso un proyecto innovador tras una apuesta estratégica como impulsora y acompañante de las estrategias de Competitividad y Bienestar del país.

Si bien hoy en día la apuesta estratégica de los paises, sus gobiernos y las empresas contemplan propuestas prioritarias en términos de Competitividad y Bienestar, eran pocas las iniciativas que, debidamente ordenadas y articuladas a la búsqueda de guías rectoras para el desarrollo económico y social diseñaban y aplicaban esta relevante línea de trabajo.

En 2.002, el profesor Michael E. Porter, desde el Instituto de Estrategia y Competitividad de la Universidad de Harvard, que fundó y presidió, definió e impulsó un programa de “formación de formadores”, M.O.C. (Microeconomía de la Competitividad), basado en modelos de competitividad, reales, bajo un Marco de Competitividad integral e integrado, con los contenidos de sus trabajos previos en materia de estrategia, de la geografía económica determinante de la ventaja competitiva de las naciones, la importancia de lo que llamó “diamantes de competitividad”, superador del modelo DAFO implantado en el mundo empresarial para integrarlo en los proceso de análisis de los países, regiones y espacios base, a lo largo del mundo, destacando el importante rol de los llamados entes facilitadores entre los diferentes agentes implicables, la clusterización de la economía en el inseparable binomio economía-región, rompiendo las fronteras separadoras de los sectores tradicionales de la época,  incorporando  el papel esperable de los gobiernos y políticas públicas propuestas para una competitividad y bienestar, integrando políticas económicas y sociales, configurando marcos territoriales innovadores bajo un vector económico rector de su desarrollo, interrelacionando actores y estrategias compartidas público-privadas, con un lenguaje y propósitos comunes entre todos los agentes que lo hacían posible. Su propósito era el generar una amplia red de profesores, investigadores, propiciadores de impacto y líderes transformadores, orientados hacia las diferentes ventajas competitivas de empresa, gobiernos y académicos que hablaran un lenguaje común, aplicaran un modelo compartible y ayudaran a facilitar metodologías y evolución permanente sobre el marco base.

Inicialmente, un pequeño núcleo de Universidades sirvió de prueba tanto del modelo, como del programa diseñado. Entonces, nació el programa M.O.C. en Euskadi como dinamizador de la estrategia de competitividad en curso, desde unos pocos años atrás, que ya había dado sus primeros frutos en la redefinición de las políticas industriales del País, trabajaba bajo principios de clusterización e implicaba a miles de personas en un intenso trabajo permanente desde espacios coopetitivos con la convergencia de empresas, gobiernos, academia y entes tecnológicos y entes facilitadores de dicha unidad colaborativa al servicio de una propuesta única de valor: de país, de los diferentes espacios clusterizados y de cada uno de las agentes que los conformaban.

Años más tarde, “desde el curso M.O.C. hacia un Instituto Vasco de Competitividad”, nacía ORKESTRA, en un proceso desde la formación e investigación que ofrecía el curso M.O.C. (Microeconomía de la Competitividad) y la pertenencia-guía del ISC-Harvard (Instituto de Estrategia y Competitividad de la Universidad de Harvard), basado en la experiencia positiva de impartirlo en Euskadi, durante 5 años, formando parte de la Red internacional. Un programa por el que habrían pasado ya más de 300 estudiantes, en una inmensa mayoría profesionales y ejecutivos en las Administraciones Públicas Vascas dirigiendo las diferentes Agencias, Sociedades Públicas, directivos de las diferentes Asociaciones Clúster del país, doctorandos (generalmente extranjeros) cursando sus estudios doctorales en la Universidad (sobre todo, en Deusto), directivos de empresas del país (y algunos directivos de agencias de promoción económica en el Estado).

Euskadi, como en otros muchos campos, lideró un nuevo espacio de futuro dando sentido a su compromiso con una “competitividad en solidaridad” para un desarrollo humano sostenible. Se dio un paso cualitativamente diferencial. Pasar de un programa de formación hacia un Instituto de investigación, instrucción (docencia) e impacto, generando valor transformador para Euskadi y el mundo.

Su constitución exigió complejos procesos de adecuación de los profesores e investigadores universitarios, manteniendo y garantizando su carrera universitaria con una necesaria autonomía o independencia, con pertenencia y dedicación, además de control directivo, jerárquico y docente del propio nuevo Instituto, dotándole de un verdadero modelo de gobernanza, integrando tanto a representantes de los Patronos estratégicos fundadores, como a la Universidad de Deusto y un núcleo de personalidades independientes, abierto a un imparable proceso de apertura e incorporación de profesores de otras Universidades e instituciones del país y del exterior, a la vez que tejiendo una nutrida red de alianzas a lo largo del mundo.

Desde el inicio y a lo largo de su historia, desde su presidencia de honor (Michael E. Porter) y el rol de “Auditoría Académica” del ISC de Harvard, con un Consejo Asesor Internacional, facilitó un trabajo de excelencia académica, innovación académica-formativa generando impacto en el país y una expansión internacional, colaborativa, coliderando proyectos de vanguardia, compartiendo conocimiento aplicado con las cerca de 120 entidades académicas que constituirían, con el tiempo, la Red M.O.C.

Hoy 20 años después, Orkestra es un Instituto referente en el mundo con un destacado reconocimiento y espejo deseado en las amplias redes en que trabaja. Su presidente, Iván Martén, resumía en una carta de celebración algunos datos significativos que permiten acercarse a entender su aportación de valor al país, al mundo de la competitividad y el bienestar, a la investigación aplicada, elementos base en el corazón de su propósito, éxito y razón de existir: 700 proyectos de investigación, publicación de 350 artículos académicos y más de 250 libros e informes, formando a miles de profesionales bajo un riguroso marco compartido.

Así mismo, desde su dirección se apuntaba a la decisión de abordar una nueva revisión estratégica encaminada a reorientar su futuro. Como toda institución, en especial desde el éxito, su vitalidad y riqueza, requiere una permanente revisión con el horizonte diferencial del largo plazo, a partir del análisis riguroso de las transformaciones existentes y las esperables.

Hoy, veinte años después, una de sus fuentes insignia (Porter – Instituto de Estrategia y Competitividad de Harvard) ya no formarán parte de ese futuro. Sí lo harán su legado, la experiencia y fortaleza que, a lo largo del tiempo, han venido experimentando su propia evolución, sus renovados aprendizajes, la inclusión de nuevos jugadores y, por supuesto, el cambio y avance de un entorno mundial, demandante de ideas y programas, decisiones, como siempre, innovadoras. Llamado a liderar los nuevos espacios hacia la competitividad, el bienestar, desde el respaldo de su consideración líder en el seno de las iniciativas mundiales en la materia, Orkestra tiene unas capacidades diferenciales que auguran un futuro, también, de éxito.

Sin duda, en Euskadi, podemos felicitarnos del significativo valor aportado por este Instituto y apreciar su generación de impacto. Son muchos los Centros, Institutos, Agencias para la Competitividad y el Bienestar que se han creado de la mano y referencia de Orkestra. Es amplia la red de colaboradores generada, múltiples los casos y proyectos clave que han acompañado su trabajo, miles los profesionales formados en sus ideas/conceptos, amplísimo el número y calidad de sus proyectos de investigación aplicada y sus publicaciones. Orkestra no solamente es un caso objeto de estudio entre países y buscadores de modelos referentes. Su propia evolución le ha llevado a profundizar en su rol investigador, a impulsar, liderar “sus propias redes internacionales”, a incorporar profesionales de primer nivel, a formar profesionales de postgrado que han aprendido, conocido y aplicado sus conceptos y modelos de competitividad, bienestar y valor compartido empresa-sociedad en sus respectivos países, sus gobiernos o empresas tractoras.

Así, 20 años después de su nacimiento, es momento de celebración y de apuesta por avanzar, como siempre, en una propuesta única de valor: para el propio Instituto, para la concepción de un modelo, siempre cambiante e inacabable, de competitividad, bienestar y desarrollo inclusivo. Construyendo y rediseñando (transformando) el futuro deseable. Pieza clave en el “entramado país” del que se ha dotado, dota y dotará, Euskadi en su espacio coopetitivo, aquí y por el mundo, al servicio de las poblaciones, comunidades, empresas e instituciones con las que interactúa.