¿Espíritu de Diálogo y nuevas oportunidades para superar un mundo convulso?

(Artículo publicado el 25 de enero 2026)

La cumbre anual de Davos, que se celebra desde 1971, ha tenido lugar esta semana, congregando a miles de participantes, incluidos más de 70 presidentes de gobierno y aproximadamente 3500 líderes empresariales, académicos y pensadores. El World Economic Forum ha evolucionado más allá de un simple foro de debate, convirtiéndose en un evento donde se presentan informes, documentos, ejemplos de aplicación de diferentes estrategias y modelos de gobernanza, así como ideas inspiradoras de nuevos caminos a recorrer, más allá de una nutridísima sucesión de reuniones, encuentros y conferencias de todo tipo. Una auténtica red activa (en la medida que cada uno de los asistentes se implique y esté dispuesto a escuchar, pensar y transmitir).

Cada año, Davos se prepara con un extenso trabajo previo que incluye informes y propuestas de diversos grupos de interés, lo que permite compartir conocimientos y abordar preocupaciones globales.

Esta vez, a sus documentos base que centran el “estado de la cuestión en el mundo” (el siempre esperado TOP Global Risks anunciando lo que  dicen preocupar a los líderes mundiales en empresas, gobiernos y comunidades; el siempre referente en cuestión Indice de Competitividad Global – mucho más allá del PIB y las múltiples “modalidades” de consideración del Progreso Social; su Barómetro anual de pilares clave para desarrollar el futuro – en este caso, la cooperación y a las decenas – por no decir cientos –  de Informes relevantes en todo tipo de industria, tecnología, temáticas innovadoras, talento, educación, bienestar, desarrollo regional, crecimiento, sostenibilidad, gobernanza, etc.)  y el OUTLOOK ANUAL que pretende ofrecernos la previsible marcha de la economía para el curso siguiente, de la mano de datos comparables y de la opinión de expertos consultados en los meses previos y que facilitan el aprendizaje (al menos a todos aquellos que creemos aprender toda la vida con y de los demás), se ha elegido como lema y “vector conductor” “El espíritu del diálogo” – “A spirit of Dialogue” respondiendo a 5 preguntas – necesidades – oportunidades: 1)¿Cómo podemos cooperar en un mundo cada vez más contestado e insatisfecho, excesivamente enfrentado y polarizado?; 2) ¿Cómo podemos desbloquear o encontrar o inventar nuevas fuentes de  crecimiento y desarrollo?; 3) ¿cómo podemos invertir, en una mejor educación, talento y capacidades de la gente?; 4) ¿Cómo podemos desplegar la innovación a escala aplicable y alcanzable asumiendo la responsabilidad individual y colectiva que conlleva?; 5) ¿Cómo podemos construir prosperidad superando las fronteras que lo impiden a lo largo del planeta?.

Sin duda, ni la apuesta ni las preguntas clave son fruto de un planteamiento “naif”, ni quien las formula descubre o reinventa la rueda, sino que supone todo un mundo por explorar y trabajar al servicio de la tan ansiada prosperidad, que nunca surgirá por “inspiración divina” sino del esfuerzo, compromiso, riesgo asumido , responsabilidad, visión, propósito y multi-ejecución colaborativa, unas veces entre amigos y compañeros que comparten nuestros ideales y deseos y otras, también y quizás con mayor empeño y tiempo, nuestros adversarios.

Plantear esta línea de reflexión subyace en todo un debate al que el mundo no puede dar la espalda (y mucho menos quien ejerce algún tipo de liderazgo por limitado que sea). En tiempos difíciles, rodeados de todo tipo de conflictos, en una amplia situación de confrontación ideológica, insertos en una verdadera ausencia o falta de “soluciones mágicas” (nunca las hay ni las habrá) en el “hoy, aquí, en todas partes, para mí y recibidas desde terceros y desde fuera”. Un mundo de cambios que transformarían (ya lo están haciendo) nuestras vidas, las expectativas de futuro o “hitos y línea del tiempo en la historia” que aún conforman nuestro legado condicionante (para bien y para mal según el caso y actor que los considere). Todos, con mayor o menor precisión, podemos citar los “grados y principales áreas que cambiarán nuestras vidas”: la temida, esperanzadora o incierta Inteligencia Artificial, Robótica – Automatización y Tecnología según quién, cómo, dónde y cuándo la aplique (y/o posea); la nueva manufactura y producción industrial con su localización base de las “Factorías del Futuro”; la geopolítica reorientando o no la estabilidad y confianza en espacios fragmentados desde la esperanza y necesidad de amplios espacios de interrelación; las ya comentadas “fuentes” de solución y crecimiento haciendo realidad el potencial mundo de oportunidades en contraste con el “foco negro u obscuro” de los problemas; los “nuevos partenariados hombre-máquina de inteligencia creativa”; y la reinvención de la Salud y de la educación en su concepto holístico – universal hacia el bienestar total, inclusivo y para todos, y vectores esenciales para dar sentido a nuestras vidas y soporte básico de cualquier estrategia más allá de objetivos económicos.

Así, junto con la propuesta de Davos (y de todos los que aspiramos a construir un mundo mejor), no podemos huir de una pregunta: ¿Qué hace diferente este momento de reflexión y propuestas – propósitos de futuro de lo hecho hasta ahora? ¿Cómo pasar de los marcos bien intencionados a propuestas y recetario ejecutor? ¿En dónde encontramos tan deseadas “fábricas de liderazgo” para aprender sobre la llamada “Educación del Cerebro” o del Conocimiento o de la Inteligencia para la prosperidad y cómo y quienes liderarla?

Si bien, en esta profunda riqueza intelectual, son innumerables los elementos a considerar, de entre los que cabría destacar algunas líneas de pensamiento y trabajo de plena actualidad y relevancia para navegar hacia el futuro quisiera detenerme en un punto que bien podría orientar la reflexión y las decisiones a tomar: Un nuevo “minilateralismo” o “plurilateralismo contiguo” que sustituya o condicione el Multilateralismo global que ha dominado gran parte de nuestra vida, hoy en decadencia, camino de desaparición y retado por su propia incapacidad de transformación y reinvención de una gobernanza demandante de atributos reales de eficiencia, eficacia, de confianza y credibilidad coherente con valores y propósitos trascendentes; en un marco mundializado más amplio y de máximo calado como el presentado con rotundidad por el premier canadiense, Mark Carney para un “nuevo orden por construir generando múltiples coaliciones para variados objetivos específicos con amigos fiables y con realistas adversarios que ya no son amigos de confianza”;

Así superar la antigua “globalización ilimitada” y promovida, protegida por “entes centralizados y poderosos” habría desaparecido y hemos de prepararnos, desde la convicción de una nueva realidad, a explorar y recorrer nuevos caminos, en múltiples espacios diferenciados desde una coopetencia, generalizada a la vez que en “capas sucesivas” regionalizadas.

Hemos de vivir la “coopetencia”, más que una competencia o colaboración en términos de panacea, construyendo nuevas potenciales cadenas gloKales de valor, más flexibles, ágiles y próximas, generando “coaliciones con propósito”, generando economías integradas, aceleradoras de innovación responsable, estrategias  emprendedoras público-público, público – privados que resultan “inevitables” pese a  la ideología confrontada y separadora que impide observar el beneficio, prosperidad generable para todos. Carney afirmaba  con el ejemplo de su país, señalando que “Canadá tiene todo lo que el mundo desea”(población, estabilidad, alto nivel de desarrollo, cohesión social, democracia, derechos humanos, tierras raras y no tan raras, energía, mercados eficientes de capitales, buena gobernanza, y un espacio compartido de comercio y desarrollo que, fruto de innumerables coaliciones especializadas, alcanza 1, 5 billones de personas (o consumidores, clientes, etc. si alguien pretende verlo como una opción de mercado) en una Sociedad democrática, respetuoso de los derechos humanos, cohesionado y con niveles de bienestar y desarrollo de primer nivel. Pero recuerda una serie de elementos clave a entender en los tiempos que corren y que exigen de la Sociedad asumir con realismo su existencia no como un asunto pasajero en transición sino como un punto de ruptura que obliga a interiorizar cambios sustanciales. El mundo de relación y potenciales amigos y aliados ha cambiado y tenemos que acometer nuevos roles no olvidando o marginando a “anteriores” aliados hasta hoy (Estados Unidos de América) sino con ellos, también, pero construyendo nuevos espacios.

¿Nos habla de algo más que un mercado aspiracional? ¿Satisfechos con la desafección social y de la “desgobernanza” observable o percibida?, ¿con el escasísimo poder decisorio (además de participativo) de los pequeños y menos poderosos que aspiramos a determinar nuestro propio destino? ¿ciudades-región y nuevos espacios de futuro? Sin duda, un desafío-oportunidad a seguir. Pero ¿hablamos de espacios de progreso social y económico, provocado o pensamos que poner por delante el resultado, financiar y las “reglas del mercado” generarán por si solas verdaderos espacios, marcos de competitividad y desarrollo social plenos, para la igualdad, el bienestar y la inclusión total?

En definitiva, todo un espacio de reflexión, aire fresco, motivación para imaginar nuevos sueños, explorar caminos de interés y asumir riesgos de futuro. Dialogar, pilares colaborativos, pluri-minilateralismo, regenerar gobiernos-ONG’s, función y administración pública, empresas, ciudadanos emprendedores e innovadores, hacia un mundo mejor.

Desde el aire fresco de este pequeño pueblo en la singular Confederación Helvética hacia un mundo en plena ebullición lleno de jugadores emergentes.

Cuarenta años después. Europa “Ensueños y realidades”

(Artículo publicado el 11 de enero 2026)

En estos días celebraremos el 40 aniversario de ingreso del Estado Español en Europa. Con ella, la integración de Euskadi en su largo y trabajado anhelo de una aun lejana “Europa de los pueblos” que proclamaba muchas décadas antes, desde su vocación europeísta, su compromiso demostrado en los conflictos mundiales que precedieron las apuestas democráticas y sociales a los últimos ochenta años de libertad y, a los primeros equipos demócrata-cristianos que en los últimos 40’s del siglo pasado alumbraron el mayor espacio de paz, libertad, derechos humanos, y avances económicos, sociales y de bienestar vividos en el amplio (y sucesivamente reconfigurado), espacio Europeo. Así, desde la comunidad económica del Carbón y del Acero, de la Comunidad Económica Europea, de la actual Unión Europea hoy en crecimiento comprometido tanto con nuevos Estados Miembro, en procesos alejados de una potencial integración (plena o parcial) y promesas a terceros que parecerían otorgarse sin un plazo y horizonte verificable (Turquía, Ukrania, …), continuamos soñando y apostando por reforzar, construir y cocrear una nueva Europa deseada , superadora de todo aquello que no nos gusta de esta querida Europa actual. Soñábamos y soñamos en lo que nos ilusionaba, inspiraba y atraía en 1986 y por la que hoy seguimos trabajando, pese a las aun enormes diferencias y distancias que nos unen en valores y principios pero que nos alejan de una satisfacción y afección observable en sus realidades, y muchas veces, confusas apuestas de futuro compartible.

Si entonces, en 1986 confiábamos en una utópica Europa que nos ofrecía la ilusoria defensa ante potenciales autarquías, golpes de estado, supremacía militar sobre el poder civil y democrático, a la vez que nos invitaba a un esfuerzo transformador hacia un modelo de economía social de mercado que facilitase un futuro de desarrollo humano sostenible, en un espacio institucional, democrático, de paz y solidaridad para la igualdad, pese a un camino de obstáculos y barreras que marcaban la enorme distancia de la Euskadi de entonces y la “próspera banana azul” que conformaban los pocos Estados Miembro de altos niveles de bienestar, nos sentíamos capaces de recorrer un largo camino de trabajo, cambio permanente, sacrificio innovador que aprovechara horizontes y oportunidades colaborativas, políticas Re conversoras y orientadoras de un futuro exigente a la búsqueda de un horizonte convergente y definido. Nos creíamos coprotagonistas de una “construcción europea” para una Europa soñada y deseada, muy distinta a la que entonces nos “acogía”.

En esta efeméride, repasaba una conferencia que tuve la oportunidad de impartir en el Forum Deusto en un ciclo conmemorativo de la integración, a finales de 1992, cuando casi iniciado nuestro ingreso se nos presentaba un reto redoblado: el compromiso de creación del Mercado Interior o la Europa de 1993. Tiempos, entonces como hoy, de grandes retos y desafíos, pero, también de ilusionados ensueños. “Ensueños y Realidades – Retos y Oportunidades”, pretendía reflejar la experiencia vivida en aquellos precarios años de “vida europea”. Desde la aspiración esperanzada y orientadora de los sueños contrastándolo con la realidad de una Euskadi muy diferente. Hace unos días, comprobábamos, de la mano de una publicación de la Unidad de Prospectiva de Innobasque (Agencia Vasca de la Innovación), el éxito del recorrido de nuestro país en estos 40 años prácticamente asimilables al inicio de nuestro autogobierno tras las creación del renovado y recuperado Gobierno Vasco, tras el final de la dictadura franquista que nos había llevado al aislamiento internacional, desde la obscura ausencia de libertad y democracia, aspirando a la construcción de un nuevo futuro desde una profunda crisis económica, social política, institucional, ensangrentada, además, por un terrorismo (también de Estado) que acentuaba la crisis mundial por la que pasábamos.

Sin remontarnos a detallados análisis de la larga historia de la “Integración europea” (1957) de Lucien de Sainte Lorette y su comparación del Plan Schuman (documento básico de la “nueva construcción europea”) con la vieja Europa de Carlo Magno en el complejo proceso, inacabable, hacia la solidaridad, unidad de territorios, administraciones, pueblos, ejércitos, autoridades compartibles y/o comunes “dejando amparo a cada territorio y pueblo su carácter y economía propios” y los “modernos principios del Movimiento europeo, los nuevos equipos (Monet, Schuman), y los sucesivos avances, fase a fase, etapa a etapa, hasta la Europa de hoy, en un larguísimo camino aún por descubrir, recorrer y superar que se ha dejado llevar por “la necesidad de lo fácil” (que diría Delors), los que hacemos de Europa nuestro espacio común compartible no renunciamos a aquella Europa de los pueblos que continúa guiando nuestros ensueños y esfuerzo de transformación permanente, asumiendo retos y desafíos en beneficio de una sociedad próspera, de bienestar, paz y libertad si el miedo obligó a tejer compromisos en apariencia impensables, el temor más que justificado de hoy, debería acelerar las decisiones que durante demasiado tiempo han quedado relegados a lo fácil o incontrolado. Cuando la necesidad obligue, subsistirán las realidades y los peligros de guerra y descomposición. Cuando Europa se asiente sobre bases más naturales, más justas, el concierto de las naciones europeas podrá ser una realidad en el concierto universal”.

Con aquellas ideas y aspiraciones, la integración formal en la “nueva Europa” de entonces, se adelantaba cinco años a la convulsa (a la vez que ilusionante) disolución de la URSS, abriendo espacios de esperanza para las naciones y repúblicas bálticas, a una imprescindible integración de “las dos Alemanias de post guerra”, a una trágica guerra de los Balcanes y la desintegración – reconfiguración de la Yugoslavia “autogestionada” … no renunciando a avanzar hacia un “Mercado Interior” (que no un Mercado único) a tan solo 7 años de distancia entonces, que nos retaba con enormes desafíos cuando aún no podíamos digerir los cambios propios de la adecuación a la nueva realidad deseada.

40 años adaptándonos a un nuevo espacio europeo que nos obligaba a reinventarnos, para más tarde redoblar esfuerzo hacia una nueva Unidad de Mercado en el entonces inmediato 1993 generando un Mercado Interior del que no queríamos quedar fuera y que obligaba a nuevos sueños, grises realidades y esperanzadas a la vez que complejas, nuevas tareas y políticas. Y, así 40 años de permanentes esfuerzos y cambios hasta hoy, apostando por una añorada “Autonomía estratégica” para una Europa del futuro que parecerá languidecer ante sus “competidores” globales en una geopolítica y geoeconomía que pretenden ignorarnos pensando en una Europa del pasado incapaz de aportar valor real a un futuro por descubrir, inserto en grandes desafíos para los que algunos creen que llegamos tarde, hemos perdido el tren, y nos refugiamos en principios superados por la historia alejados de las necesidades y posibilidades del mañana.

Hoy más que entonces, son tiempos de recuperar los estímulos de aquellos “Ensueños” actuando sobre “nuestras realidades” para “ganar nuestro futuro”, superando preocupantes señales rojas de desilusión. Somos conscientes que aquellos muchos elementos que no nos gustaban de la Europa que abordábamos, siguen opacando la verdadera Europa- quizá utópica- que soñamos y queremos. Convivimos con una gobernanza errática y alejada de la capacidad de elegir nuestros propios destinos, continuamos secuestrados por una funcionarización, burocracia y regulación paralizante con escasas líneas de proyectos de futuro suficientemente estimulantes y observamos gobiernos (sin ir más lejos el español) que desprecian al Parlamento, y el reparto competencial entre diferentes niveles institucionales, huyen de las leyes y compromisos dados, desprecian a quienes no forman parte de “su club incondicional” y desaniman a las nuevas generaciones necesitadas de proyectos compartidos a futuro que conllevan adhesión a principios, valores, proyectos y tareas. Y, por encima de todo, nos vemos amenazados por el imperio de la fuerza y el poder unilateral que parece ni creer en nosotros ni respetar alianzas, compromisos y respeto a marcos geopolíticos y geoeconómicos preestablecidos, con el desamparo de lo que entendíamos tener bajo un marco institucional e internacional, compartidos, de principios, valores, derechos y colaboración constructiva.

Pese a todo, Hoy, es un buen día para celebrar. Hacerlo mirando hacia atrás no para revivir desde la nostalgia ni, mucho menos, desde la auto complacencia o autosatisfacción personal o individual, sino desde la constatación de las realidades, complejas, de las que se partió, y la ilusión y optimismo motor que provocaría enormes compromisos solidarios, riesgos asumidos en las tomas de decisión, y apuestas reales y sueños, por un camino propio pensando en País, pensando en una sociedad común, construyendo nuestro propio espacio a la vez que un nuevo contexto universal de futuro, , día a día, a lo largo de los años.

Esta Europa, de la que formamos parte no es el punto final, ni el destino ideal perseguido, ni el paraíso buscado, ni mucho menos, el “recuerdo de lo que fue y del futuro que no será”. Nuestro destino, mundial y global, nos reclama un espacio próximo de paz, democracia bienestar y prosperidad compartida, en casa (nuestro País y Comunidad), en nuestra nueva Europa soñada para el mañana.

Seguimos soñando por la Euskadi en la Europa que soñábamos, desde la utopía innovadora de entonces, así como de nuestra capacidad para cocrear una Europa querida y deseada, distinta a la actual, coprotagonista real de un mundo diferente. Continuamos, y de alguna manera, con similares retos y desafíos, y, también, ilusiones y esperanzas en ocasiones aún demasiado distantes.

Hoy, cuarenta años después, tras haber recorrido una intensa etapa (de las muchas que la Europa milenaria ha superado), sabedores del largo camino, permanente, a recorrer desde Realidades distintas en cada momento, sobre las que refundar y reformular Ensueños motivadores y movilizadores ante retos y desafíos, como entonces, si bien de máxima gravedad, redoblamos nuestro compromiso para un largo camino capaz de recoger la diversidad, de organizarse con criterios democráticos y participativos y que haga de la verdadera democracia a todos los niveles, su más elevado valor propiciando la cohesión económica y social, con el compromiso del desarrollo endógeno de cada una de sus piezas en convivencia con la común estrategia europea, compartible.

Hoy como ayer, un binomio de “ensueños y realidades”.