Eslovenia: Un nuevo pequeño jugador …

   

La entrada del nuevo 2007 nos ha traído la grata compañía de dos nuevos compañeros de viaje en el largo movimiento europeo, Rumania y Bulgaria. Dos miembros más de este club que, en términos de competitividad, padece el anclaje paralizador de teorías proteccionistas e igualitarias, escasamente creativas y favorecedoras de la competencia. Su empeño en teorías y políticas macroeconómicas homogeneizadoras deja poca esperanza para la realidad microeconómica que garantiza, desde la diferencia generadora de valor, el real desarrollo del bienestar para los cerca de 500 millones de ciudadanos que nos distribuimos a lo largo de cientos de regiones diferenciadas, con necesidades, prioridades, momentos distintos. Desgraciadamente, la competitividad etiquetada y nominal es el único reclamo que “Bruselas” parece capaz de atender de la mano de sesudos documentos ( Agenda de Lisboa, por ej) que pretenden guiar -para beneplácito de su maquinaria burocrática- la marcha de sus economías facilitando evaluar los progresivos exámenes a que debemos someternos. Crecimiento, déficit presupuestario, inflación y poco más explicarían la convergencia tan deseada. En todo caso, bienvenidos al club. Los mejores deseos para iniciar un proceso diferenciador que les lleve, como nuevos europeos al éxito esperable y deseado.  

      Pero 2007 también ha supuesto la entrada de un nuevo jugador en el espacio Euro: Eslovenia. Nuevo miembro de la Europa ampliada desde tan solo el pasado 2004, ha hecho correctamente sus deberes y ha despedido la noche vieja junto con su ya superado dólar en favor del euro. Así, este pequeño país de menos de 2 millones de habitantes y 20 000 km2 de superficie, irrumpe-también- en la nueva moneda, dando una muestra más de su progresiva fortaleza en su positivo camino a la prosperidad.  

      Hoy, cuando nos felicitamos de su ingreso y aplaudimos su apuesta, no puedo si no recordar – de la mano de un DVD de la televisión eslovena que su director me ha hecho llegar estas Navidades- mi conversación de hace unos meses con los periodistas encargados de su producción. Cuando me visitaban en Bilbao para grabar una entrevista en el marco de un programa sobre la transición política y económica del estado español y su experiencia en el ingreso en Europa, les animaba a difundir su propia historia. Les comentaba como, en mi experiencia, llamaba poderosamente la atención el proceso llevado a cabo por Eslovenia y otros pequeños países (Chekia, Eslovaquia, por ej) que habían irrumpido de forma vertiginosa en este nuevo club, transitando desde complejos modelos unitarios y lejanos hasta convertirse en estados miembros de la Unión Europea. Lo han hecho como si de forma espontánea, guiados por algún extraño deseo colectivo materializado en un amanecer ordenado, decidieran transformarse, reescribir su historia y diseñar una nueva apuesta de futuro. Recordaba, con ellos, como en un reciente viaje a Chekia y Eslovaquia, recorrí librerías y bibliotecas en busca de libros que explicaran el proceso reciente y no pude conseguirlo.  

       El pasado final del 2006, los eslovenos pudieron aprender de Euskadi y su transformación política y económica en los últimos 25 años desde las butacas de sus casas, disfrutando de la televisión. Ojalá, más pronto que tarde, los vascos (y no vascos) pudiéramos aprender de estos pequeños jugadores, protagonistas de un nuevo espacio glokal, con certificados de primer mundo sin que, al parecer, destrocen el proyecto común. Más al contrario, parecen fortalecerlo.